Comentario del San Mateo 21:1-11
Sobre el evangelio de Mateo, el biblista y pastor David Cortés-Fuentes nos recuerda que la comunidad a la que originalmente se le escribió el evangelio era una comunidad que dialogaba su quehacer teológico y pastoral “con diversas expresiones del judaísmo, especialmente con el movimiento de los fariseos.”1
[¿Buscas un comentario sobre Mateo 26:14-27:66? Aquí tienes un comentario sobre el evangelio para el Domingo de la Pasión por Renata Furst.]
Es importante saber esto como contexto para entender la fórmula narrativa “todo esto aconteció para que se cumpliera lo que dijo el profeta” (v. 4) en esta lección y a través de todo el evangelio. Uno de los enfoques narrativos y teológicos de Mateo es conectar las enseñanzas y acciones de Jesús con las profecías mesiánicas de las escrituras judías.
Respecto a la lección que nos ocupa, otra razón por la cual el contexto es importante es para comprender las implicaciones religiosas y políticas que allí se narran. Cortés-Fuentes nos comparte que “los fariseos miraban con sospecha al poder político y religioso del Imperio Romano. Aunque al comienzo vieron la libertad religiosa que los romanos concedían como beneficioso…cuando sus ideales de la piedad basada en la obediencia a la ley fueron amenazados, muchos se unieron a grupos que se levantaron en armas contra los romanos.”2
El Testamento Cristiano trata sobre la vida de fe y su implicación en la vida pública. El Evangelio de Mateo, sugiero, es uno de los principales contribuyentes a la consideración política de esa fe y de sus implicaciones en la palestra. Este tema da mucha tela para cortar. Para muchas personas, el asunto de la fe o la religión es de interioridad y, en muchos casos, personal. En muchos hogares latinoamericanos nos enseñaron que “en la mesa no se habla de política, <inserte deporte nacional>,3 ni religión.” En parte, la admonición busca evitar la discordia que pueda surgir del encuentro entre las posiciones ideológicas que cada cual escoge para sí.
Mateo, sin embargo, busca tener en encuentro permanente la política y la religión. Esta intención narrativa y teológica refleja la realidad sociopolítica de las personas que vivían en territorios no incorporados, es decir, colonias del Imperio Romano — incluidas Judea y Galilea. El asedio cultural, económico y político del imperio a sus colonias, enmascaradas con libertades religiosas y autonomías gubernamentales (a cambio de impuestos especiales), lograba la extracción a bajo costo de materias primas y agrícolas para beneficiar a la metrópolis, pauperizando intencionalmente a los pueblos colonizados.
Una lectura de Mateo 21 y de los textos de la pasión del Señor no puede escapar a lo político en el contexto del siglo I, y es un llamado a la lectura política de las situaciones y condiciones que afectan y delimitan el diario vivir de las comunidades con las que adoramos y a las que servimos pastoralmente hoy.
La lección comienza cimentando la entrada de Jesús a Jerusalén en la narrativa profética judía y dando comienzo a la historia de su pasión. El momento de la entrada a la ciudad santa es presentado como más que un mero movimiento de Jesús con sus discípulos.
Simbolismo religioso y político
Mateo enmarca la entrada (mal llamada triunfal) a Jerusalén con profundo simbolismo religioso. Utilizando su conocida fórmula, Mateo afirma que la entrada a Jerusalén cumple las profecías de Isaías (62:11) con un mensaje para la hija de Sión, en referencia a Jerusalén, y de Zacarías (9:9) al hablar del rey y salvador de Jerusalén llegando sobre un asno en símbolo de humildad.
Otro referente religioso es el Monte de los Olivos. No solo está este monte en el área circundante a Jerusalén, sino que “de acuerdo a las expectativas apocalípticas de la época (Zacarías 14:4), este monte estaba relacionado con la llegada del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios.”4
Si bien los referentes tienen clara conexión con las expectativas religiosas de la época, estas expectativas tienen implicación política. Jesús entra a la ciudad en un asno, de forma humilde, con el reconocimiento de una gran multitud, como lo hacían los reyes de la antigüedad israelita (I Reyes 1:33ss), en contraste con la tradición militar romana de la entrada victoriosa a son de vítores a la ciudad conquistada. Según Mateo, entonces, ¿se planta Jesús en la línea del mensaje y cumplimiento proféticos y en contraposición al mensaje político y la acción militar del imperio?
Carga social y emocional
La respuesta a la entrada de Jesús se hizo sentir. Los vv. 8 y 9 describen la reacción de las personas en la periferia de la ciudad, a las afueras de la muralla – ramas cortadas y mantos tomados de las espaldas cubrieron el piso por donde pasaría el asno que cargaba al Maestro, y mientras pasaba entre la gente, la gente lo aclamaba con Hosanna. El término Hosanna, una transliteración del hebreo, no es simplemente un vitoreo. Más que una exclamación en reconocimiento a una acción gloriosa es una oración, una plegaria pidiendo rescate y salvación. Preguntas para el que enseña y predica: Si Hosanna no es una exclamación de algarabía sino una oración, ¿de qué tenían que ser rescatados/salvados quienes vivían a las afueras de la ciudad de Jerusalén? ¿Por qué salió una gran multitud a recibir a Jesús con tal plegaria? ¿Qué puede significar esa plegaria, ese grito de oración, en el contexto en el que servimos y/o al que podamos estar cercanos?
Ah, y cuidado con la tentación de querer decir que la multitud de la entrada a Jerusalén es la misma multitud que lo injurió en el juicio ante Pilato. No hay nada en el texto que sugiera ese paralelo. Mateo parece dejar claro que la gente de afuera de Jerusalén no era la misma que la gente de adentro de la ciudad.
El problema de la aproximación al poder
Es interesante considerar también la reacción de la gente de “toda la ciudad” (v. 10). La palabra griega eseisthē se traduce en diversas maneras que impactan la interpretación de la reacción: “se agitó” (RVR1995), “se conmovió” (RVR1960), “se alborotó” (DHH). Cada uno de estos términos sugiere una reacción colectiva distinta. Sea cual sea la traducción que se escoja, vale la pena preguntarse: ¿por qué reaccionó la gente de la ciudad de esta manera?
Y no queda ahí. La versión RVC traduce mejor lo que es una interlocución entre “todos en la ciudad” y “la multitud” que responde a la reacción. Recordemos que la multitud estaba afuera de la ciudad. La multitud sabe sin lugar a dudas que Jesús era Jesús un profeta. Y no solo un profeta, un profeta de y desde los márgenes de las estructuras sociopolíticas, de Galilea.
Si bien Jesús era judío, él y sus discípulos no eran de Judea. Eran galileos. “En ese sentido, los judíos de Judea menospreciaban a los de Galilea… mucho de lo que está ocurriendo se debe a que los judíos de Judea resienten la llegada de este advenedizo de Galilea…”5
El tema de la aproximación al poder existía en la Roma del siglo I y existe en los países de cultura occidental en el siglo XXI, como EEUU. Crear categorías entre gente hermana y en circunstancias en que deberíamos crear solidaridad no solo es pecado, sino que es destructivo. ¿Les ministramos nosotros/as a personas que prefieren aproximarse al poder, aunque les cueste la dignidad al pariente o al vecino? ¿Nos congregamos con personas que creen han logrado el sueño de asimilarse y perdieron la solidaridad con el advenedizo?
Notas
- David Cortés-Fuentes, Conozca su Biblia: Mateo (Minneapolis: Augsburg Fortress, 2006), 2.
- Cortés-Fuentes, 2.
- En mi Puerto Rico natal no se hablaría de beisbol. En otros países sería de fútbol.
- Cortés-Fuentes, 132
- Justo L. González, Tres Meses en la Escuela de Mateo, (Nashville: Abingdon Press, 1996), 125.


March 29, 2026