< October 14, 2018 >

Comentario del San Marcos 10:17-31

 

En su Introducción a la Biblia, John Laux señala que “San Marcos escribió el Evangelio de la acción” y tiene la intención de presentarle al lector “una imagen vívida de los actos terrenales de Jesús.”1

Los diálogos de Jesús, particularmente el que tiene con el hombre rico, comunican acciones que requieren transformación. El hombre identifica a Jesús como un maestro que puede dar la respuesta a su deseo de vida eterna. Había guardado todos los mandamientos requeridos en la tradición religiosa de su tiempo. Sin embargo, eso no es suficiente para la nueva realidad a la que invita el mensaje de Jesús. Si quiere sumarse a esa nueva realidad, deberá lidiar con la construcción de una comunidad en la que las relaciones económicas serán muy diferentes.

He asistido a muchas reuniones y conferencias de la iglesia sobre temas sociales apremiantes. En todos los casos identificamos las necesidades de las comunidades marginadas e incluso diseñamos posibles ministerios que podrían satisfacer las necesidades urgentes de los pobres. Sin embargo, cuando llega el momento de encontrar los recursos financieros para la implementación de dichos ministerios, no estamos dispuestos a dar de nuestros propios recursos ni como individuos ni como iglesia institucional. En la mayoría de los casos, las instituciones no están dispuestas a transferir recursos financieros a aquellos que, a cambio, no producirán a su vez otros recursos financieros. Nuestros ministerios, como iglesias locales e institucionales, son rehenes de los valores del mercado. Una buena inversión debe tener un lucro financiero. Damos como caridad en cantidades limitadas. Sin embargo, en nuestras inversiones y nuestras prioridades reales como instituciones necesitadas de supervivencia en una era posmoderna, lo que más nos interesa es aquello que pueda generar un beneficio financiero para mantener la institución.

En un comentario que toma en consideración perspectivas globales, Hisako Kinokawa nos recuerda que “el Evangelio de Marcos se preocupa constantemente por el establecimiento de un nuevo orden: el reino de Dios.” La autora adapta un bosquejo del evangelio de Ched Myers e identifica que el texto de Marcos 10: 17-31 se encuentra en una sección que trata acerca de “la construcción no-violenta de un nuevo orden social, económico y político.”2 Como maestro, Jesús le describe al hombre rico los requisitos éticos para las relaciones económicas con los demás y con el propio Jesús. Queda claro que nuestra relación con Jesús nos impacta radicalmente y también impacta las estructuras sociales, políticas y económicas de nuestros días.

Un elemento clave a considerar en la enseñanza de Jesús en este texto se encuentra en el v. 24, donde Jesús señala la dificultad de lidiar con el orden económico social establecido del día. Jesús les está diciendo a sus discípulos, por segunda vez, cuán difícil será ingresar a la nueva realidad del reino de Dios sin abordar los problemas de la acumulación individual de riquezas. Jesús reitera su punto con la declaración: “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (v. 25). La riqueza individual es evidentemente un problema en la relación con los pobres. La pertenencia a la comunidad del reino de Dios exige una nueva relación entre ricos y pobres.

Los signos de admiración en la declaración “¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas!” (v. 24) usados en la mayoría de las traducciones del texto original refuerzan la clara crítica que hace Jesús al sistema económico establecido y a los medios por los cuales los individuos acumulan riquezas.

La inversión básica de los valores tradicionales y la necesidad de abordar las realidades económicas del día son elementos clave en este diálogo entre Jesús y el hombre rico. Este texto de Marcos facilita la consideración crítica de los valores de mercado establecidos a través de los procesos coloniales de conquista en todo el mundo. La economía global actual no es tan diferente de la época de la conquista de las Américas por parte de las potencias europeas. No es tan diferente tampoco del tiempo de Jesús en el que la riqueza se acumulaba por unos pocos a expensas de muchos. Los esfuerzos de las comunidades de fe se han limitado y en general continúan limitándose a la realización de obras de caridad en beneficio de los huérfanos, las viudas, los pobres y los extranjeros. Sin embargo, la expectativa de Jesús es que construyamos la justicia.

Una consideración acerca de la justicia económica es necesaria en la predicación de este texto. Quizás una breve historia sobre el establecimiento de los sistemas económicos actuales ayude a marcar la diferencia entre caridad y justicia. Las preguntas sobre el uso, el acceso y el despliegue de la tecnología actual podrían ser otra forma de abordar las abismales diferencias económicas en este mundo. La actual crisis de la migración humana en todo el mundo es una clara evidencia de una economía global que continúa produciendo, a pesar del progreso y la tecnología, grandes comunidades de inmigrantes que viven en la pobreza. Dentro de los límites geográficos de los Estados Unidos, tenemos familias sin hogar, bancos de alimentos institucionalizados para pagar el crecimiento esperado de personas hambrientas, conferencias y talleres sobre el encarcelamiento masivo, organizaciones para la lucha contra la trata de personas, financiación gubernamental para la construcción de centros de detención de inmigrantes, etc. Todos estos problemas y realidades son producto de los sistemas económicos mundiales y las corporaciones que valoran los beneficios por sobre los seres humanos creados a imagen de Dios.

El asombro de los discípulos y su pregunta “¿quién, pues, podrá ser salvo?” (v. 26) encuentra un nuevo significado al enfrentar nuestras circunstancias como seres humanos hoy. Nuestro orden mundial, regido por nuestros valores de mercado, hace imposible que alguien se salve. La respuesta de Jesús de que “para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios” (v. 27) parece sencilla. Lo decimos todo el tiempo, que con Dios todo es posible. Sin embargo, esta enseñanza de Jesús es algo más que una declaración y una oración. El evangelista Marcos nos está diciendo que es necesaria una acción transformadora como parte de un nuevo orden económico. Su desafiante narrativa comunica que este nuevo orden requiere prácticas, ética, prioridades y compromisos individuales muy diferentes que cambiarán los sistemas sociales, religiosos y políticos del presente.


Notas:

1. John Joseph Laux, Introduction to the Bible: The Nature, History, Authorship and Content of the Holy Bible with Commentated Selections from the Various Books (Rockford, Illinois: Tan, 1990), 230. Mi traducción.

2. Global Bible Commentary, ed. Daniel Patte and J. Severino Croatto (Nashville: Abingdon Press, 2004), 368. Mi traducción.