< June 10, 2018 >

Comentario del San Marcos 3:20-35

 

¡Si No Hay Casorio Habrá Velorio!

En el evangelio de esta semana, todo el mundo quiere corregir, domar, disciplinar y “normalizar” el comportamiento “aberrante” de Jesús. ¿La razón? Jesús está promoviendo una casa/familia alternativa, opuesta a la casa patriarcal y heteronormativa de su cultura. Sabemos que Jesús no se casó, ni tuvo hijos/as. Además, su idea de casa/familia estaba abierta a gente de muy mala reputación. No es extraño, pues, que aparezcan grupos de personas que quieren “aprehenderle” (“prenderlo” es el verbo que usa la traducción de Reina Valera 1995 en el v. 21). Primero aparecen los parientes o familiares de Jesús (familia extensa, paisanos/as, allegados/as, parientes etc.), que se oponen directamente al ministerio de Jesús. En Mc 3:14, Jesús había convocado a la nueva familia “para que estuvieran con él,” y dieran su adhesión incondicional a su casa/familia inclusiva. Aquí los parientes, que físicamente son los/as más allegados/as a él, pero en el plano teológico y de compromiso discipular, son los/as más alejados/as de su visión de casa/familia, quieren “normalizar” el comportamiento “aberrante” de Jesús. Estos parientes quieren kratesai (agarrar, echar mano, detener; v. 21) a Jesús, “con intención de privar de la libertad y aun de dar muerte.”1 Los familiares del Galileo se comportan de la misma manera que los enemigos de Jesús, que quieren “aprehenderlo” para darle muerte. El verbo griego kratesai/aprehender es usado por Marcos en el sentido de actuar con la intención de dar muerte (Mc 14:1.44). 

Los parientes de Jesús quieren sujetarle, porque según ellos, Jesús se ha vuelto loco (exeste en el original griego); “está fuera de sí” (v. 21). ¿Cuál es la locura de Jesús? ¡Proponer una casa/familia alternativa, contraria a la establecida! Estar loco, o fuera de sí, causa caos; destruye el orden compulsivo de las personas y de la sociedad. Jesús, al no casarse, ni darle hijos al imperio, ha roto con la estructura patriarcal, machista y heteronormativa de la casa/familia que promovía el imperio romano.

Los movimientos ascéticos que prohibían el matrimonio en el siglo primero eran vistos con sospecha por el imperio. Lo “natural” y “normal” en la cultura antigua era tener hijos (más que hijas) y entregárselos al ávido imperio, que siempre requería de recursos humanos para subsistir. La casa/familia, según ellos, era la institución humana primaria, divinamente ordenada, que servía a la polis; era un bloque fundamental en el orden divino, a través de la procreación.2 Bajo el emperador Augusto, la situación de Roma era tan precaria que se inició una serie de reformas radicales con la finalidad de aumentar la natalidad. Parte del programa de Augusto fue la Lex Julia sobre el adulterio y la ley De maritandis ordinibus, para fomentar el matrimonio. Estas leyes fueron complementadas en el año 9 de nuestra era con la Lex Papia-Poppaea y permanecieron en vigor más de 300 años, constituyendo la base de la legislación matrimonial de Augusto.3

Jesús, al no casarse, ni dar hijos al imperio, y exhortar a otros/as hacer lo mismo (Mt 19:12), era una afrenta clara a los intereses no solo de la casa/familia judía, sino de la casa imperial que necesitaba súbditos para establecer la Pax Romana.4 Por no casarse y vivir en desafuero, hay siempre un precio que pagar. El sistema político y religioso requiere que todos/as se sometan a la casa/familia heteronormativa y produzcan nuevos miembros a quienes se pueda explotar. Porque “¡si no hay casorio habrá velorio!” 

Los parientes de Jesús fracasan en su misión de “sujetar” al loco y silenciar su visión atrevida y transgresora de la casa/familia alternativa. Se retiran de la escena para dar paso a otro grupo más siniestro que tiene la intención de aniquilar al “loco” de Galilea. La casa/familia patriarcal y heteronormativa de Jerusalén envía a los escribas para que desacrediten la acción liberadora de Jesús a favor de la casa/familia inclusiva, porque según ellos Jesús “tenía a Beelzebú, y… por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios” (v. 22). Este grupo era poderoso; estaban legitimados por “el espíritu de la homofobia,” por la ley, por el canon, la costumbre, la tradición, para sujetar y someter a Jesús y aniquilar su horrenda idea de casa/familia inclusiva. Para el poder religioso, Jesús no solo está loco, sino ¡endemoniado!

El discurso vejatorio contra Jesús tiene la intención de desacreditar su propuesta de vida y matarle en el nombre de “Dios.” Las autoridades religiosas darán un juicio/diagnóstico teológico sobre Jesús. Ellos se erigen en representantes exclusivos de Dios, y tienen poder para decidir qué casa/familia “Dios” quiere y cuál hay que aniquilar. Los teólogos oficiales, de los dioses idolátricos, al ver que su templo está en peligro como negocio, intervienen para presionar a Jesús/Dios para que se someta al templo. Marcos nos ha narrado que el Dios de Jesús actúa desde la periferia, en la Galilea de los paganos, donde viven locas, enfermas, endemoniados, leprosos, impuros, rebeldes, ladrones, prostitutas y pobres. Los escribas salen de Jerusalén para reclutar (¿estigmatizar?) nuevos adeptos. Los escribas antiguos y contemporáneos (tales como curas, pastores, rabinos, imanes y jueces) bajan desde Jerusalén…Roma, México, Chicago, Buenos Aires; aparecen por doquier, del norte y del sur, del este y del oeste. ¡Son legiones! Y en vez presenciar la vida de la nueva comunidad alternativa que Jesús ha comenzado a través del anuncio del evangelio, diagnostican enfermedades y demonizan la acción sanadora de Jesús (pecado contra el Espíritu Santo). Los escribas ven el mal donde está actuando la gracia de Dios. Estos líderes, que actúan en contra de la acción del Espíritu de Jesús, acusan a éste de actuar bajo el poder de Beelzebú. Al decir que Jesús está actuando por el poder de Beelzebú, lo convierten en un enfermo, impuro, maldito y aborrecido por Dios. La actividad de Jesús (según los escribas) está dirigida por las fuerzas del mal. Jesús, con su propuesta alternativa de casa/familia, es un enemigo de “Dios,” un endemoniado, hereje, que niega los valores tradicionales de la sagrada familia.

Pero ni condenas eternas, ni teologías nefastas, pueden detener la acción liberadora del Dios de Jesús a favor de la casa/familia alternativa. Al denunciar la idolatría de la casa/familia de Jerusalén, aparece otra vez la familia de sangre de Jesús, ahora de una manera más íntima y personal. Ya no son parientes anónimos; ahora son la madre, hermanos, hermanas, que desde afuera de la casa mandan a llamar a Jesús (v. 31). No entran en la casa/familia alternativa; se quedan afuera. He argumentado en otra parte que no es fácil entrar en la casa/familia alternativa donde vive gente marcada con el flagelo del “afeminamiento” y que no se casan.5  Mientras la familia sanguínea de Jesús se queda afuera, la casa/familia alternativa “estaba sentada alrededor de él” (v. 32).

Jesús suprime de una vez por todas la casa/familia patriarcal de Jerusalén y de Galilea. La casa/familia alternativa de Jesús no está sujeta a leyes religiosas ni a la sangre. Su casa inclusiva es para “todo aquel que hace la voluntad (thelema en el original griego) de Dios” (v. 35). Cualquier persona que escuche y viva con los valores de la casa/alternativa de Jesús puede ser madre, padre, hermano, hermana, amigo, amiga, amante, o confidente de Jesús. La voluntad del Dios de Jesús es formar una casa/familia basada en los valores de inclusión, fidelidad, respeto, amistad, protección y acogida de todas las personas. ¡Bienvenido/a a la casa alternativa de Jesús, donde todas las personas tienen cabida!


Notas:

1. Juan Mateos y Fernando Camacho, El Evangelio de Marcos. Análisis Lingüístico y Comentario Exegético. Vol. I. (Córdoba: Ediciones el Almendro, 1993), 327.

2. Jenofonte, Ocellus 7.19

3. Manuel Villalobos Mendoza, When Men Were Not Men: Masculinity and Otherness in the Pastoral Epistles (Sheffield: Sheffield Phoenix Press, 2014), 156.

4. Manuel Villalobos Mendoza, “Eunucos por el Reino.” Qol 50 (2009):43–68.

5. Manuel Villalobos Mendoza, Cuerpos Abyectos en el Evangelio de Marcos (Córdoba: Ediciones el Almendro, 2015), 118-147.