6 »He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado proceden de ti, 8 porque las palabras que me diste les he dado; y ellos las recibieron y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 »Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
Tanto la narrativa juanina, como la línea de pensamiento que han venido desarrollando las lecciones evangélicas en el leccionario común revisado, nos ubican este domingo en una transición en la experiencia discipular de la iglesia.
La oración de Jesús por los creyentes en el capítulo 17 es la última escena del ministerio de Jesús antes de su pasión. El séptimo domingo del Tiempo Pascual es el último domingo antes de Pentecostés. Según el calendario litúrgico, Pentecostés es el preámbulo del Tiempo Ordinario, o el Tiempo de la Iglesia. Esta temporada litúrgica invita a la iglesia a ir al mundo a compartir el mensaje y las historias que hemos venido escuchando desde Adviento hasta el Tiempo Pascual, o el Tiempo después de la Resurrección. Visto de varias maneras – teológica, litúrgica, devocional y práctica – parece apropiado que Jesús haga una oración por aquellos/as a quienes va a enviar próximamente – sea a sus discípulos/as a una vida fiel y fortalecida en medio de la tribulación de la pasión, o a nosotros/as, a proclamar y vivir el evangelio.