< March 25, 2018 >

Comentario del San Marcos 14:1-15:47

 

Voy a concentrar mi comentario en Marcos 15.

Los aspectos de la historia de la pasión que tan obviamente implican a los sacerdotes, los escribas y la multitud en la muerte de Jesús tienen una larga y problemática historia de interpretación. Con demasiada frecuencia a través de los siglos, y algunas veces aún hoy, la historia se entiende como sugiriendo que las autoridades judías representan a todos los judíos, que estos son los “asesinos de Cristo,” y que la pasión de Jesús significa el fin del judaísmo. Estos puntos de vista que han contribuido a la perpetuación del antisemitismo cristiano, a menudo con terribles consecuencias (pogromos, el holocausto), simplemente son insostenibles.

Hoy, todos los exegetas responsables reconocen que la representación de los judíos en la historia de la muerte de Jesús no justifica la transferencia de la responsabilidad de esa muerte a todos los judíos. Tampoco autoriza el antisemitismo ni el supersesionismo (la creencia de que el cristianismo ha desplazado al judaísmo). De hecho, aun una lectura casual del pasaje deja en claro que es el representante imperial romano, Pilato, quien finalmente pronuncia la sentencia de muerte de Jesús. Además, los teólogos y exegetas cristianos ahora reconocen que, desde sus inicios, el cristianismo—por ejemplo, en la Carta de Pablo a los Romanos—ha reconocido correctamente la vigencia del pacto de Dios con los judíos. Los/as predicadores/as de la pasión de Cristo hoy deben unirse al trabajo de corregir errores históricos y teológicos de larga data.

El Elenco de Personajes

La historia de la crucifixión de Jesús en Marcos presenta a los lectores un notable elenco de personajes. Ya hemos mencionado a algunos: los sacerdotes y los escribas, y Pilato, por ejemplo. Sin embargo, se mencionan también muchas otras figuras y tal vez sean más intrigantes. Se trata de personas que parecen simplemente haber sido arrastradas a la historia de Cristo y que seguirán siendo parte de ella para siempre. Por lo tanto, un/a predicador/a de este texto podría interpretar creativamente a estas figuras y preguntarse a sí mismo/a y a sus oyentes quién soy yo o quiénes somos en la historia. Podemos preguntarnos cómo cambiaron las vidas de estas figuras al ser injertadas en la historia de Jesús. Podemos preguntarnos cómo deberían cambiar nuestras vidas al encontrar a Cristo.

Está, por ejemplo, Barrabás. Marcos nos dice que era un rebelde. Había matado. El Evangelio de Mateo lo llama simplemente “un preso famoso” (27:16). Juan 18:40 dice que era “ladrón,” aunque el término del original griego puede referirse a un revolucionario político y no a un simple bandido. Entonces, ¿era Barrabás simplemente un delincuente común? O, ¿era un rebelde que había luchado contra los imperialistas romanos para liberar a su pueblo de la dominación extranjera? Es probable que esto último sea el caso, pero ¿de qué manera importa? Al final, él, como nosotros/as, se “salvó” a través de la muerte de Jesús. Salvó su vida. Pero después de ser liberado, ¿a qué clase de vida volvió? ¿Regresó transformado a su vida anterior? ¿Se unió a los seguidores del “Camino” (Hechos 9:2)?

Simón de Cirene también parece haber sido inesperadamente arrastrado a la historia de Jesús. Al regresar del campo, en las afueras de Jerusalén, los soldados romanos lo obligaron a llevar la cruz de Cristo. Cirene era una ciudad helenística en el norte de África, en la actual Libia. Por lo tanto, Simón estaba quizás en Judea para la celebración de la Pascua, al igual que muchos otros judíos de todo el mundo mediterráneo. Pero, ¿por qué estaba en el campo? ¿O acaso vivía allí, quizás habiendo emigrado de su Cirene natal? ¿Era un terrateniente próspero que había estado inspeccionando sus propiedades? ¿Había salido de Jerusalén simplemente para descansar? ¿Tal vez Simón había escuchado algo de este Jesús de Nazaret y había venido a la ciudad para ver por sí mismo de qué se trataba todo el alboroto? Solo sabemos que a su llegada a Jerusalén, Simón fue forzado a llevar la cruz de un hombre que los romanos habían resuelto ejecutar. Sin embargo, después de literalmente “llevar la cruz,” ¿se convirtió Simón en un seguidor de Jesús? ¿Cómo lo cambió la intersección de su historia con la historia de Jesús? Una vez más, no lo sabemos con certeza, pero como sugeriré más adelante, hay buenas razones para pensar que sí.

También está el centurión, el oficial militar romano que ese día era el encargado de supervisar la ejecución estatal de Jesús y otros. Él, un gentil, es recordado por pronunciar una de las confesiones más notables en el Nuevo Testamento: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (v. 39). Pero no volvemos a saber de él, excepto por algunos versículos más adelante cuando confirma a Pilato que Jesús de hecho estaba muerto. Al igual que Barrabás y Simón, el centurión se sumerge en la historia de la pasión de Cristo y deja su huella en ella. Pero nuevamente, nos preguntamos ¿fue su vida transformada? ¿Cómo fue su propia historia cambiada por su encuentro con el Nazareno? ¿Comenzó a proclamar el reino de Dios? ¿O permaneció en su puesto en medio del reinado del César?

Luego están, por supuesto, las mujeres que ven la ejecución de Jesús desde lejos (v. 40). Podríamos preguntarnos por qué no están al frente y al centro, como en el Evangelio de Juan (19:25). ¿Tienen miedo o incertidumbre? Tal vez. Pero al estar presentes en la crucifixión, aunque sea a distancia, también pueden demostrar su lealtad al Cristo; su distancia revela menos su cobardía y más su sabiduría. Sabían lo suficiente de los peligros de vivir bajo la ocupación romana como para mantener su distancia de los oficiales militares que llevaban a cabo la sentencia de muerte de Jesús. El maestro, después de todo, exhortó a sus seguidores a ser sencillos como palomas y prudentes como serpientes (Mateo 10:16). Las mujeres también acompañan el cuerpo de Jesús a la tumba que José de Arimatea había procurado, anticipando su papel como primeros testigos de la resurrección (v. 47).

La Próxima Generación

Sin embargo, las figuras que más me intrigan en Marcos 15 son Alejandro y Rufo. Solo se nos informa que son los hijos de Simón (v. 21). Probablemente no estuvieron presentes en los eventos de la pasión; tal vez aún no habían nacido. Son más bien la próxima generación de discípulos; quienes no “vivieron” los acontecimientos, pero escucharon las historias que contaron sus antepasados. Su mención por nombre en Marcos sugiere que eran personas de cierta reputación en la comunidad de cristianos/as que escucharon y posteriormente transmitieron los testimonios de sus madres y padres. Entonces, parece que el encuentro cara a cara de Simón de Cirene con Jesús en el camino al Gólgota sí lo impactó profundamente. Años después, sus hijos están en el centro de una comunidad cristiana primitiva, tal vez en Roma. Rufo, de hecho, puede ser el Rufo que Pablo menciona en Romanos 16:13, mientras que el propio Simón, se piensa a veces, fue uno de los hombres de Cirene que en Hechos 11:20 predicó el Evangelio a los griegos.