< October 28, 2018 >

Comentario del San Juan 8:31-36

 

La controversia que se encuentra detrás de este texto de Juan 8:31-36 no puede ser más relevante para este tiempo.

Conceptos como “verdad” y “libertad” no solamente andan en boca de los medios de comunicación y de las redes sociales, sino que también son parte de la contienda de la que somos testigos en nuestros días. La iglesia, a su vez, celebra la Reforma Protestante en medio de pugnas entre facciones polarizadas por causa de su interpretación de la Escritura y de su visión de la sociedad. Cada grupo reclama conocer “la verdad” y predicar “libertad,” mientras asegura que las demás facciones predican esclavitud. Utilizamos etiquetas para describir los grupos como “liberales,” “conservadores,” “progresistas,” etc., mientras cada grupo a través de sus actitudes y a veces sus discursos, declara a los demás como “hijos del diablo,” aun cuando esas palabras no se pronuncien de manera explícita. Tenemos que tener esta realidad presente cuando nos acercamos al evangelio para este domingo.

El pasaje nos presenta a Jesús conversando con un grupo al que el evangelio identifica como “judíos que habían creído en él” (v. 31). La discusión se genera cuando Jesús afirma que la verdad y la libertad provienen de una relación permanente con él. Este mensaje choca con el grupo de judíos que le escuchaba, pues no concuerda con uno de los fundamentos del pensamiento judío: el reclamo de ser descendientes de Abraham, quien es considerado el padre del judaísmo. No podemos olvidar que Jesús es judío y predica en medio de su gente. Ser descendencia de Abraham es una afirmación testimonial. La misma enfatiza el cumplimiento de la promesa a Abraham de que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas en el cielo y los granos de arena en la orilla del mar (Génesis 22:17). Llamarles esclavos toca una fibra profunda en la tradición de Israel, pues los judíos se presentan como un pueblo que ha sido liberado de la esclavitud en Egipto, como se ve en el libro de Éxodo.

Juan 8:31-36 presenta varios conceptos que no solamente son claves en medio de esta controversia entre judíos y Jesús, sino también en las controversias que sostienen las distintas facciones de la iglesia en nuestro tiempo: permanecer (en la palabra de Jesús), verdad y libertad. “Permanecer” (méno en griego) es un verbo importante en el evangelio de Juan. Este verbo describe la relación que hay entre Jesús y Dios, a la misma vez que define la relación que debe existir entre quienes creen en Jesús y Dios. La parábola de la vid verdadera en Juan 15 utiliza con frecuencia el mismo verbo para describir cómo debe ser la relación de los discípulos con Jesús: es necesario permanecer conectados a Jesús, la fuente de vida, para así dar frutos. Juan 15:7, particularmente, refleja el pensamiento de Jesús en 8:31: permanecer en su palabra es permanecer en Jesús, quien es la Palabra encarnada (Juan 1:14).

El concepto de verdad en este evangelio está ligado con Dios, Jesús y el Espíritu, a quien llama el Consolador. La gracia y la verdad vienen por medio de Jesús (1:17), quien se identifica como “el camino, la verdad, y la vida” (14:6). El Espíritu se presenta como “Espíritu de verdad” que guiará a los discípulos cuando Jesús ya no esté (16:13). La palabra de Dios también es presentada como verdad (17:17). Esta es la verdad que depende de mantenerse conectados/as a Jesús y de la que proviene la libertad. La libertad que el texto presenta es el ser libre del pecado (8:34), que en Juan se enfatiza como la incredulidad que no permite a la persona entrar en una relación con Jesús, quien hace evidente la presencia de Dios. Por esta razón, es él—el Hijo—quien tiene el poder para poner en libertad (8:35–36). El mensaje de Jesús no puede limitarse a la descendencia de Abraham, ni tampoco a una denominación cristiana específica. La libertad consiste en comprender el carácter universal del mensaje del Jesús que fue enviado por Dios por su amor a todo el mundo (Juan 3:16).

Hay varios aspectos medulares en el texto para hoy que es necesario resaltar a la luz de la conmemoración de la Reforma:

  1. Permanecer en la palabra de Dios es mucho más que atrincherarse en la manera en la que interpretamos la Escritura, pues lo que Jesús proclamaba era el permanecer en él, la Palabra encarnada (Juan 1:14). La Reforma invita a buscar dónde se ve presente la encarnación de Dios en Jesucristo. Sobre todas las cosas, el mensaje de la Reforma Protestante es un mensaje relacional.
  1. El concepto de la verdad apunta hacia Jesús como la revelación de Dios y conocer la verdad es establecer una relación con Jesús. Esta comunión con Jesús requiere de quien le sigue vivir en la luz y no en tinieblas; por lo tanto, quienes profesan conocer la verdad en Cristo no deben apoyar a líderes políticos ni religiosos que hayan hecho de la mentira su estilo de vida.
  1. La libertad que proviene de una relación con Dios en Cristo es aquella que nos permite entender el mensaje de la Escritura respondiendo a las preguntas y necesidades de cada nuevo tiempo. La celebración de la Reforma Protestante es un momento que nos reta a salir de nuestro individualismo y mirar hacia afuera para saber cómo el Espíritu de Dios se mueve reformando a la iglesia para el aquí y el ahora.
  1. Predicar sobre la verdad y la libertad no puede ser una excusa para fomentar la discriminación y la exclusión de aquellas personas que interpretan la Escritura de forma distinta a la nuestra. Particularmente, hay que evitar utilizar este pasaje para predicar antisemitismo. Desafortunadamente, este es uno de los textos a los que se aferran quienes hablan en contra de las personas judías. El racismo y el etnocentrismo, entre otros prejuicios, demuestran un alejamiento de la palabra viva que es Jesús, un abandono de una relación de permanencia en él.