Fifth Sunday of Easter

En el entretanto de la vida, Jesús nos consuela

I am the Road, the Truth and Life

Comentario del San Juan 14:1-14

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En el entretanto de la vida, Jesús nos consuela

El gesto de humillación extrema de Jesús al lavar los pies de sus discípulos (cap. 13) es el prólogo a su último gran discurso que va a extenderse por los siguientes cuatro capítulos del evangelio. Estamos entrando al diálogo más íntimo de Jesús con los suyos; su despedida.  Durante doce capítulos los destinatarios de sus discursos fueron los no creyentes; ahora el foco está puesto en quienes han creído.

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí” (v. 1). Pronto los discípulos estarán en una deriva emocional, presos de la ansiedad, agitados (en el original griego tarásso), en el entretanto de la separación y el reencuentro. 

Habrá motivos para sentirse así: estarán solos en medio de un mundo hostil (Jn 16:33) y que los odia (Jn 15:18). Al leer el evangelio nos damos cuenta de que los primeros creyentes habían sido expulsados de las sinagogas (Jn 9:22, 16:2), pues eran rechazados por los suyos por profesar en Jesús los atributos históricamente atribuidos a Dios como perdonador de pecados y mediador de la creación: el “Yo soy” que en el Antiguo Testamento identifica a la divinidad, juez del universo y “Señor,” que era la manera de designar a Dios sin pronunciar su bendito nombre.1

Jesús, que conoce a sus discípulos y los ama hasta el fin (Jn 13:1), les muestra que hay una forma de dominar la angustia y el desaliento: basta con que crean firmemente en él, como creen en Dios.2 En otras palabras: la fe en Dios tiene su equivalente en la fe en Jesús. Esto no significa que la fe de la persona cristiana en Jesús sea un criterio para juzgar su fe en Dios; “se trata de una sola y única fe.”3 En todo momento Jesús ha sostenido con firmeza que el Padre y él están en el mismo plano (Jn 10:30, 14:7). La fe en Dios y en Cristo es lo que caracteriza la vida de la persona cristiana en este mundo.4

El camino, la verdad y la vida

El evangelio de Juan nos regala, con palabras sencillas, términos llenos de contenido teológico mediante los cuales vamos descubriendo un hilo conductor, la única verdad: el amor incondicional de Dios por el ser humano, “realizado y manifestado en la entrega voluntaria de Jesús por la humanidad para liberarla de la muerte, comunicándole la plenitud de vida que Dios le destinaba en su proyecto creador.”5 Si Jesús es el camino, eso significa que mediante él tenemos acceso al misterio de Dios; es a través de él que cristianos y cristianas experimentamos el abrazo eterno de una divinidad cercana y llena de ternura. Jesús es el cauce por el que la vida del Padre llega a los seres humanos,6 pues él es el origen mismo de la vida y de la verdad. Quien tiene a Jesús, tiene a Dios mismo en su vida.

Es notable que, al inicio de la historia del cristianismo, las personas creyentes se consideraban a sí mismas seguidoras de un Camino7 (en el original griego jodós), la misma palabra utilizada por Jesús para referirse a sí mismo. Nuestros primeros hermanos y hermanas vivían impactados/as por el recuerdo de Jesús, a quien sentían vivo en medio de ellos/as. Ser cristiano o cristiana no era integrarse a una religión institucionalizada, sino haber encontrado en Jesús “el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida.”8

Hacia la predicación

La ansiedad y la agitación parecen caracterizar el tiempo que vivimos. En este 2020, una nueva pandemia amenaza a la humanidad y nos recuerda que en este mundo todos y todas estamos unidos/as a una misma suerte, que somos frágiles, que el ser humano “brota como una flor y es cortado, huye como una sombra y no permanece” (Job 14:2).

Por primera vez en la historia de la iglesia en Puerto Rico, la mayoría—sino todos—los templos en la isla permanecen cerrados, como una medida preventiva del gobierno para evitar la propagación del coronavirus. Para predicadores y predicadoras, que nos sentimos como “pez en el agua” en los templos y en las calles, eso ha implicado buscar maneras alternativas de hacer comunidad desde nuestro aislamiento social.

En tiempos como este, no faltan los profetas de apocalipsis inminentes, con su discurso intimidatorio “en nombre de Dios,” que generan mayor temor y hasta escenas de pánico entre la gente. Tenemos en el evangelio de Juan una inmensa riqueza para acompañar y para consolar a nuestra gente en medio de la crisis colectiva: su escatología realizada. Dios se ha revelado definitivamente en Jesús y todo indica que ya no hay más que decir.9 En Jesús todo se ha cumplido; “consumado es” (19:30). No podemos postergar para el día de mañana el aliento que nuestra gente necesita hoy. Es el Resucitado quien viene a afirmar nuestra fe para que el corazón no desfallezca.

Martin Lutero definió a la fe como la “viva e inconmovible seguridad en la gracia de Dios, tan cierta que un hombre moriría mil veces por ella. Y tal seguridad y conocimiento de la gracia divina hace al hombre alegre, valiente y contento frente a Dios y a todas las criaturas, que es lo que realiza el Espíritu Santo en la fe. Por eso se está dispuesto y contento sin ninguna imposición para hacer el bien y servir a cualquiera, para sufrir todo por amor y alabanza a Dios que le ha mostrado tal gracia.”10 Nuestra fe en Jesús está legitimada por una cruz y una tumba vacía. Esa fe nos capacita para vivir con responsabilidad y esperanza, en cuidado mutuo, con los ojos puestos, no en hecatombes cósmicas, sino en Jesús, verdadero camino, verdad y vida.


Notas:

1. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento (Madrid: Editorial Trotta, 2006), 401.

2. Alfred Wikenhauser, El evangelio según San Juan (Barcelona: Herder, 1967), 398.

3. Raymond E. Brown, El Evangelio según Juan: XIII-XXI (Madrid: Ediciones Cristiandad, 2000), 948.

4. Bruce Vawter, “Evangelio según san Juan,” en Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy, eds., Comentario Bíblico San Jerónimo, Tomo IV (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1972), 495.

5. Antonio Piñero y Jesús Peláez, El Nuevo Testamento: Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos (Córdoba: Ediciones El Almendro, 1995), 474.

6. Brown, El Evangelio según Juan: XIII-XXI, 952.

7. Ver Hechos de los Apóstoles 9:2, 19:9, 19:23, 22:4, 24:14.

8. José Antonio Pagola, El camino abierto por Jesús: Juan (Madrid: PPC Editorial, 2013), e-book, 103.

9. Raymond E. Brown, El Evangelio según Juan: I-XII (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1999), 150.

10. Martin Lutero, Comentarios de Martin Lutero: Carta del apóstol Pablo a los Romanos (Barcelona: Editorial Clie, 1998), 15.