< March 05, 2017 >

Comentario del San Mateo 4:1-11

 

Comenzamos una nueva época litúrgica, la Cuaresma, que nos lleva de la Epifanía a la Pascua y la Resurrección.

Schmutzer ofrece una estructura que muestra la importancia de Galilea y de Judea en este evangelio. Dicha estructura agrupa su nacimiento (A) y muerte (A’), Jesús en Judea (B y B’, la sección que aquí nos interesa); sus ministerios público (C) y privado (C’); y en el centro, las parábolas del Reino como respuesta a su ministerio público.1

A Genealogía, nacimiento e infancia de Jesús (1: 1-2:23)

B      Jesús en JUDEA: bautismo, tentación y preparación (3:1-4:17)

C              Ministerio público en GALILEA; preparando los discípulos (4: 18-10:42)

X                    Respuesta al ministerio público de Jesús—las parábolas del reino (11: 1-16:20)

C'             Ministerio privado en GALILEA; preparando los discípulos (16:21-18:35)

B'     Jesús en JUDEA: del Domingo de Ramos a la Pascua (19:1-25:46)

A' Sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús (26:1-28:20) 

Los análisis estructurales de los textos bíblicos sirven para ver el conjunto, no los detalles; los patrones que se repiten, no elementos únicos. Como están sujetos a interpretación (no son explícitos en el texto), también sirven para avanzar la discusión bíblica y teológica, pues a menudo son rechazados o modificados por otros/as estudiosos/as. En lo concerniente a nuestra perícopa, creo que esta estructura sirve para mostrar lo importante de la relación del bautismo y las tentaciones de Jesús con su última semana en Jerusalén, donde también será tentado a huir del sufrimiento y buscar otro modelo mesiánico diferente al llevado hasta entonces. 

En su comentario clásico, Bonard nota que “los dos primeros versículos de Mateo dan todo el contenido del texto de Marcos [1:12-13] (exceptuada la mención de los ángeles, relegada al final de su narración por Mateo)… Parece, pues, que en Mt 4,3-11 estamos ante un comentario o elucidación de los dos primeros versículos tomados de Marcos.”2 Sabemos que cuando los evangelistas escriben sobre las tentaciones que Jesús enfrentó con éxito, no tienen solamente la intención de hablarnos de Jesús, sino también de la comunidad de seguidores y seguidoras de Jesús, es decir, de la Iglesia. Las tentaciones son peligros a los que se pueden enfrentar la Iglesia y cada creyente. Mucho se ha escrito sobre la naturaleza de estas tentaciones, si son histórico-salvíficas (contrastando a Jesús-hijo y por tanto, la Iglesia, con Israel-hijo y el judaísmo), cristológicas (respondiendo a modelos contradictorios y en mutua competencia de mesías) o parenéticas (alentando a la comunidad a un modelo de discipulado de plena entrega).3 Creo que es mejor verlas como una combinación de más de un propósito; rara vez nuestras motivaciones son simples: ¿por qué lo serían las de Mateo?   

Mateo plantea tres diálogos, todos comenzados por el tentador y respondidos por Jesús. Noto que en las dos primeras tentaciones el diablo presenta sus propuestas como consecuencias lógicas de la afirmación divina “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” (3:17). Por eso es que el diablo dice primero: “Si eres hijo de Dios, convierte las piedras en pan, no pases hambre” (v. 3) y luego: “si eres hijo de Dios, tírate desde el pináculo, los ángeles están a tu servicio” (v. 6). Sin embargo, cuando Jesús le contesta apelando “al Señor tu Dios” (vv. 7.10), se termina la discusión. Después de la primera apelación de Jesús “al Señor tu Dios,” Satán ya no usa “si eres hijo de Dios” sino que se limita a hacer su propuesta: “Si me adoras todos los reinos y su gloria serán tuyos” (vv. 8-9), y después de la segunda apelación de Jesús “al Señor tu Dios”, el diablo deja a Jesús.

Este domingo de Cuaresma propongo que nos centremos en la tentación de poner lo personal sobre lo colectivo. 

En primer lugar, evitaría enfatizar la necesidad de resistir la tentación sobre una base moralista individual. Es cierto, Mateo nos habla de un Jesús que podría haber utilizado su lugar de hijo justificadamente para satisfacer su hambre. Pero el mensaje del Evangelio no es que “Jesús resistió porque era fuerte (pero nadie más lo es)” ni que “resistió porque no tenía las mismas necesidades que un humano”, sino que Jesús comprendió su hambre y su posible saciedad dentro de un proyecto mucho mayor, cósmico, de la palabra de Dios que alimenta más que el pan; y dejó de lado su necesidad personal en función de confiar en la providencia de Dios. Si seguimos esta línea, el énfasis podría estar en Jesús como cumplimiento de la Palabra dicha a Moisés (según Deuteronomio 6-8), en nuestra necesidad de constante renovación en la escucha de la Palabra para no caer en el desánimo, la incredulidad, la desesperación, el distanciamiento; pero también en estar siempre atentos y atentas a que la palabra que escuchamos esté en sintonía con el plan de Dios y contra la tentación de seguir el camino fácil en lugar de la cruz: ¡el diablo también cita las Escrituras!  

Si consideramos la lectura de Gn 2:15-17; 3:1-7, la serpiente engañó a los primeros humanos enfatizando la prohibición sobre la abundancia del don divino y logró que desobedecieran. “Pero” me dirán, “¿es voluntad de Dios que renunciemos a nuestras necesidades y derechos al estilo de Jesús cuando se negó a convertir las piedras en pan?” ¡Cuidado con enfatizar la renuncia a lo personal por sobre las abundantes bendiciones diarias que recibimos y que estamos llamados/as a compartir! Cuando nos concentramos demasiado en nosotros/as mismos/as, es fácil creer que cumplimos con el mandamiento “Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás” (tercera respuesta de Jesús), cuando en realidad estamos adorando el consumo, la comodidad, el egoísmo o aun la familia o lo propio. Nadie puede servir a dos señores…


 1. Andrew Schmutzer, “Jesus' Temptation: A Reflection on Matthew's Use of Old Testament Theology and Imagery,” Ashland Theological Journal 40 (2008): 15-42 (18; ver 33n38, donde informa que lo adaptó de Duane L. Christensen, The Unity of the Bible: Exploring the Beauty and Structure of the Bible [N. York: Paulist Press, 2003], 199-200).

2. Pierre Bonnard, Evangelio según San Mateo (Madrid: Cristiandad, 1976), 68.

3. Schmutzer, 37n75, donde se cita a Craig S. Keener, A Commentary on the Gospel of Matthew (Grand Rapids: Eerdmans, 1999), 137.