< February 12, 2017 >

Comentario del San Mateo 5:21-37

 

Aquellos que nos criamos en tradiciones evangélicas tal vez hayamos escuchado (e incluso cantado) el siguiente corito.

Dice así: 

El cielo es el trono de mi Dios, 

la tierra el estrado de sus pies,

y siendo tan sublime mi Señor

mi pequeño corazón su templo es.

 

Oh, ¡qué gozo, qué maravilla!

Por eso yo no quiero más pecar.

Quiero ser su santo templo

donde su Espíritu pueda morar. 

Quizás podamos discutir el contenido bíblico y teológico del corito en otro foro, pero no hay dudas de que contiene una afirmación de la magnificencia de Dios, del deseo humano de tener una relación cercana con lo divino, y de que el pecado es un obstáculo para esa relación. Y esto en un formato que le hace recordar estas realidades a la persona creyente en lo diario. El corito incluye las palabras que, citando a Isaías (66:1), Mateo (vv. 34b-35a) pone en boca de Jesús para hacer una referencia religiosa, bíblica y tal vez cultural, que quiere conectar la cotidianeidad de su audiencia con sus enseñanzas. Al predicar esta porción bíblica, el mismo texto parece darnos una clave hermenéutica – la de buscar conectar el diario vivir de la congregación a la que le vamos a predicar con tan importante colección de enseñanzas puestas en labios de Jesús, y con la época litúrgica que nos ocupa. 

Ciertamente que respecto de esta porción (y del contexto escritural más amplio) hay mucho trabajo que hacer en cuanto a interpretación doctrinal a partir de la tradición cristiana que uno profesa y en la que se va a predicar. Sin embargo, el propósito de Mateo parece ser el de citar una serie de enseñanzas de Jesús sobre el reino de los cielos que en él se había acercado al diario vivir (y al imaginario religioso, bíblico y cultural) de su audiencia del siglo I. Y por ello me permito sugerir que nos hagamos las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son los “lentes” bíblicos, doctrinales y culturales a través de los cuales la comunidad de fe escuchará/leerá/interpretará el texto?
  • ¿Qué circunstancias cotidianas influenciarán la forma en que la comunidad se acercará a la interpretación del texto?
  • ¿Qué parte/s de la lección llamarán más la atención de la comunidad de fe?

Al prepararnos para la predicación, me gustaría que nos tomemos el tiempo para plantarnos en el espacio sociocultural y religioso de nuestra gente. Para algunos de nosotros y algunas de nosotras sería fácil tomar esta lección y afirmar perspectivas o expectativas sociales que nos son cómodas. Para todos y todas será una ardua tarea, en cambio, considerar para este sermón los estereotipos que traemos – tanto la persona que va a predicar como la congregación. Al comenzar Jesús estas enseñanzas diciendo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos,” me parece que nos está invitando a considerar aquello que nosotros, nosotras y/o nuestra gente damos por sentado respecto a nuestras creencias y prácticas (sociales y religiosas). Lo que es más, al comenzar el cierre de la temporada de Epifanía y prepararnos para el comienzo de la Cuaresma, este preámbulo de Jesús a estas alturas del Sermón del Monte es una invitación a evaluar, y aún a cuestionar, aquello que pensamos que es como es “porque sí.” Este es uno de esos lugares en los evangelios que cuestiona el argumento de que “porque la Biblia lo dice” es. 

Hablando de aquellas cosas esenciales que componen el reino de los cielos, Jesús primero identifica a quienes son protagonistas del trabajo del reino (5:1-12) y luego explica que las personas reunidas para escuchar su sermón serían a partir de ese momento partícipes y actores del trabajo de ese reino (5:13-20). En el versículo 21, Jesús comienza lo que parece ser una serie de cuestionamientos a las expectativas que su audiencia (y la de Mateo) tenían sobre eventos ordinarios de aquel contexto (y tal vez del nuestro) – el enojo, la lujuria, el divorcio y el perjurio. 

Esta porción es mejor, creo, tomarla en su totalidad. Debemos evitar ser guiados por los títulos que algunas traducciones y versiones le ponen a texto (por ej. “Jesús y la ira,” “Jesús y los juramentos,” etc.). Jesús no busca dar respuestas fáciles o rápidas. Parece evitar con intención los clichés. Esto es siempre un reto para la persona llamada a predicar. Y sería interesante contraponer el cuidado ante las aparentes normativas sociales (tanto culturales como religiosas) con el llamado que hace Jesús a una vida ética que esté basada en relaciones intencionales y sinceras, y no en lo que dicen por ahí que está bien o es lo correcto. Jesús parece presentarlo de manera simple, aunque ciertamente no sencilla. El problema no es sólo que no tenemos que matar; ello es harto sabido. El problema es que estar en riña con el prójimo afecta adversamente hasta lo genuino de nuestra adoración. La cuestión del adulterio es mucho más compleja que meras acciones físicas; es una cuestión del cuerpo, de los sentimientos, y del dominio propio. El asunto del divorcio en la antigüedad y hoy día es complicadísimo, y en no pocas ocasiones lo que está en cuestión es mucho más que juegos de poder, expectativas de roles de género, y presiones religiosas. Respecto del asunto de los juramentos (antes de boca, y hoy requiriendo 20 firmas en 10 documentos – disculpen la hipérbole), Jesús parece preguntarse qué necesidad hay de ellos. Si vivimos una vida ética y relacional decir sí por sí y no por no tendría que ser suficiente. ¿Cierto? 

He ahí parte de la cuestión. ¿Qué otras normativas, expectativas y aún clichés sociales, políticos y religiosos existen en nuestras comunidades que requieran un reto desde lo ético y lo relacional? En preparación para el tiempo de la Cuaresma, ¿qué aspectos de nuestra vida juntos – como congregaciones y/o como comunidades – requieren un autoanálisis que sea influenciado por los fundamentos del reino de los cielos traído a nosotros y a nosotras por Jesús? Para responder a estos interrogantes que les sugiero tenemos que fijarnos tanto en la lección del evangelio que tenemos por delante como en el contexto en el que nos toca predicar.