< July 26, 2015 >

Comentario del San Juan 6:1-21

 

Las dos historias en nuestro texto bíblico para esta semana son precisamente las que se omitieron en el texto de Marcos 6 de la semana pasada.

Tenemos dos relatos distintos: “Alimentación de los cinco mil,” vv. 1-14, y “Jesús anda sobre el mar,” vv. 15-21.  Es más, hoy empezamos con una serie de textos de Juan 6 que nos ocuparán la atención durante las próximas seis semanas.

En el primero de nuestros relatos, Jesús da la señal de que no se pierde nadie; en el segundo, da una revelación del poder salvífico de la presencia de Dios. Son la cuarta y la quinta de las siete señales que se encuentran en el evangelio de Juan y que revelan que Jesús es la presencia de Dios encarnada.1

6:1-15: Alimentación de los cinco mil

Esta historia es el único relato de un milagro de Jesús que se encuentra en los cuatro evangelios. La versión de Juan del relato tiene en común con los evangelios sinópticos el bosquejo general y muchos otros detalles. Jesús y sus discípulos se encuentran con un grupo de cinco mil hombres; Jesús les da de comer en una escena que siempre la iglesia ha recordado como una santa comunión. Empiezan con solo cinco panes y dos pescados; sin embargo, con estos recursos tan escasos Jesús les da de comer a todos, quienes comen hasta que se sacian. Llenan doce cestas con los pedazos que sobran.

Acento juanino

Uno de los varios motivos literarios y teológicos propios del evangelio de Juan aparece en este texto. Jesús manda a los discípulos: “Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada” (v. 12). Con esto Juan señala la gran diferencia entre lo que ofrece Jesús y el pan provisto por Dios al pueblo israelita antiguo en su viaje por el desierto: la gente desobedeció a Moisés y “dejaron algo para el otro día; pero crió gusanos, y apestaba” (Éxodo 16:20). Por el contrario, lo que ofrece Jesús no se echa a perder nunca.  

Este tema se encuentra también en varios lugares claves con otro significado paralelo en el evangelio de Juan. Principal entre estos es 3:16, considerado como el versículo más importante de todo el evangelio de Juan: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Otros momentos claves de este tema en el evangelio de Juan incluyen los siguientes: poco después en el capítulo 6, dice Jesús: “la voluntad de Dios es que no pierda yo nada de todo lo que él me da” (6:39); en su última oración por los discípulos antes de su arresto, Jesús dice a Dios: “a los que me diste, yo los guardé y ninguno de ellos se perdió” (17:12); finalmente, en el momento en el huerto antes de su arresto, Jesús dice que ha cumplido su propia promesa: “de los que me diste, no perdí ninguno” (18:9).

Entre los seres humanos, a todos los cuales vino Jesús para ofrecerles la vida eterna, no hay “pedazos que sobra[ro]n.” Es decir, no hay ningún ser humano que sea “un pedazo,” una pieza, una parte o un fragmento. Al contrario, cada ser humano es un ser íntegro, completo, pleno. Este es el regalo de Dios en Jesucristo. De igual manera, toda la familia humana está incompleta si falta una persona, si aun una sola persona no está presente, si está ausente, perdida. En la imaginación del cuarto evangelista, el milagro de la alimentación de los cinco mil tiene dos niveles de significado (como tantas historias en este evangelio): Jesús tiene el poder de resolver el hambre, sea el hambre por la comida diaria, sea el anhelo de vivir una vida humana plena.

Para hacer una lectura fiel preguntémonos: ¿Quiénes son los que se encuentran en los márgenes de la sociedad o de la iglesia? ¿Quiénes son las personas que necesitan una fe más fuerte para que sepan que en Dios no están perdidas? ¿Cómo puede ayudar la iglesia?

Que Dios ayude a la iglesia a borrar la distinción entre el centro y los márgenes. Amén.

6:16-21: Jesús anda sobre el mar

Esta historia tradicional, que se encuentra también en los evangelios de Marcos y de Mateo, tiene un bosquejo más o menos en común en las tres versiones. La acción tiene lugar durante la noche; los discípulos están en una barca y se levanta un viento fuerte que agita el mar y la barca; Jesús camina sobre el mar hacia la barca para rescatar a los discípulos, quienes tienen miedo cuando ven a Jesús andando sobre el mar. Jesús calma a los discípulos.

Acento juanino

El versículo clave de esta narración tiene exactamente las mismas palabras en las tres versiones: “Yo soy; no temáis” (Jn 6.20; Mc 6.50; Mt 14.27). En los tres relatos esto funciona como identificación personal. También significa la presencia y el poder de Dios en Jesús. En el evangelio de Juan, tiene la significación adicional y simbólica de que se suma a las otras veces en que Jesús se identifica con el nombre divino “Yo soy.” Algunos ejemplos incluyen 4:26; 6:35; 8:12; 10:7; 10:11; 11:25; 14:6. El tema es uno de los principales en el evangelio de Juan. Indica la encarnación de Dios en Jesucristo y se remonta a la auto-identificación divina que se encuentra en Éxodo 3.14: “Así dirás a los hijos de Israel: ‘Yo soy me envió a vosotros.’” Algunos expertos bíblicos encuentran también una referencia al profeta Isaías: “No temas, porque yo te redimí” (Is 43:1); “Yo, yo soy quien borro tus rebeliones” (Is 43:25). (Véanse asimismo Is 44:2, 8; 51:12; 52:6.)2

Las versiones de Marcos y Mateo son más amplias en cuanto a ciertos detalles. En los dos, cuando los discípulos en la barca ven a Jesús caminando sobre el mar tienen más miedo, piensan que es un fantasma, y gritan. Además en Mateo se añade la narración de la duda y la confesión de Pedro. En comparación, la versión de Juan es bastante más corta; el efecto es que se destaca más el “Yo soy” de Jesús.3 Los discípulos no tienen miedo porque creen ver un fantasma; tienen miedo porque son testigos de una manifestación de lo divino.4

Para una lectura fiel preguntémonos: ¿A qué le tenemos miedo en la sociedad y en la iglesia? ¿Cuáles son los vientos que agitan la vida de nuestras comunidades? ¿Dónde es que Jesús entra de nuevo y de manera sorprendente en nuestras vidas con el poder y la presencia de Dios? ¿Cómo respondemos a esa revelación?

Que Dios nos ayude a reconocer la presencia poderosa de Dios entre su pueblo. Amén.


Notas:

1.  Ver la lista de las señales en Juan en Santa Biblia Reina-Valera 1995 Edición de Estudio (Sociedades Bíblicas Unidas/Sociedad Bíblica Colombiana, 1995), 1362.

2.  Gail R. O’Day, “The Gospel of John,” The New Interpreter’s Bible Vol. IX (Nashville: Abingdon Press, 1995), 596, con referencia a Raymond E. Brown, The Gospel According to John (I-XII), The Anchor Bible v. 29 (Garden City, NY: Doubleday, 1966), 537.

3.  La lista de los “Yo soy” en la Biblia que provee la Santa Biblia Reina-Valera 1995 Edición de Estudio no incluye ni el “Yo soy” de Marcos ni el de Mateo. Estas omisiones constituyen un reconocimiento implícito de la diferencia entre Juan y los evangelios sinópticos y del hecho de que el “Yo soy” de Juan tiene un significado más elevado.

4.  O’Day, Op. Cit., 596, donde cita a Rudolph Bultmann, The Gospel of John (Philadelphia: Westminster Press, 1971), 215.