< March 01, 2015 >

Comentario del San Marcos 8:31-38

 

El texto que hoy nos ocupa es el primero de una compleja sección en el evangelio de Marcos.

Podemos explicarla con el siguiente diagrama:

A   Marcos 8:22-26: Jesús cura a un hombre ciego en la ciudad de Betsaida. El hombre necesita un segundo toque de parte de Jesús para ver con claridad.

B  Marcos 8:27-9:1: Primer anuncio de la pasión de Jesús.

C Marcos 9:2-29: Los discípulos de Jesús no entienden lo que hace el Galileo. No comprenden la experiencia de la transfiguración (vv. 2-13) y no pueden practicar un exorcismo (vv. 14-29).

B’ Marcos 9:30-32: Segundo anuncio de la pasión de Jesús.

C’ Marcos 9:33–10:31: Los discípulos de Jesús aún no comprenden. Demuestran su falta de entendimiento cuando discuten entre sí sobre quién habría de ser el mayor en el reino de Dios (9:33-37), cuando le prohíben a alguien que continúe echando fuera demonios en el nombre de Jesús (9:38-41) y se ganan una reprimenda de parte de Jesús (9:42-50), cuando no entienden la enseñanza de Jesús sobre el divorcio (10:1-12), cuando reprenden a quienes llevan niños a Jesús para que los toque (10:13-16), y cuando reaccionan con graves dudas tras el rechazo del hombre rico (10:17-31).

B’’ Marcos 10:32-34: Tercer anuncio de la pasión de Jesús.

C’’ Marcos 10:35-45: Los discípulos siguen sin entender, demostrándolo esta vez en la forma como Jacobo (Santiago) y Juan tratan de manipular a Jesús para lograr puestos de honor en el reino de Dios.

A’ Marcos 10:46-52: Jesús cura al ciego Bartimeo y esta vez no se requiere toque alguno de parte del Galileo.

Como podemos ver, hay una clara correspondencia entre las secciones A, que tratan sobre cómo recobrar la vista; las secciones B, donde Jesús anuncia su pasión y muerte; y las secciones C, donde los discípulos demuestran que no entienden quién es Jesús ni cuál es su misión. ¿Por qué rodear esta discusión sobre la pasión de Jesús con pasajes bíblicos que hablan sobre la ceguera y la vista? La respuesta es evidente: por medio de esta estructura literaria, Marcos sugiere que los discípulos no pueden “ver” con claridad quién es Jesús. Sí, los verdaderos “ciegos” son los discípulos de Jesús.

Con esta información en mano, pasemos a considerar el Evangelio que el leccionario nos propone para este domingo. Primero, debe quedar en claro que Marcos 8:31-38 forma parte de una sección más larga, razón por la cual es necesario leer la declaración de Pedro en Cesarea de Filipo (8:27-30). Esa sección comienza con una pregunta de Jesús: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (v. 27). Los discípulos enumeran los rumores del pueblo. Hay quienes piensan que Jesús es un profeta que ha regresado de los muertos; otros especifican que puede tratarse de Elías o Juan el Bautista (v. 28). Pero cuando Jesús pregunta cuál es la opinión de los discípulos, Pedro responde en nombre del grupo que Jesús es “el Cristo” (v. 29). Esta porción termina con una referencia al “secreto mesiánico” (v. 30); como ya lo había hecho antes y lo volvería hacer, Jesús ordena que a la gente que no hablen de él y mantengan silencio sobre sus milagros, pero esto siempre prueba ser imposible.

Además, no debemos pasar por alto el detalle de que esta sentida confesión de fe ocurre en una ciudad construida en honor al César, razón por la cual lleva su nombre. Cesarea de Filipo estaba a las orillas del Mar de Galilea, mientras que había otra Cesarea, la Cesarea Marítima, que estaba en las orillas del Mar Mediterráneo.

Es precisamente la confesión de fe de Pedro lo que motiva a Jesús a ofrecer enseñanzas más profundas a sus discípulos, particularmente las relacionadas a su pasión, muerte y resurrección (8:31). Las palabras de Jesús consternan a los discípulos, quienes vuelven a expresarse por medio de Pedro. En este sentido, no debemos criticar a Pedro ni mucho menos demonizarlo. Pedro simplemente le da voz a lo que todo el grupo piensa.

Pedro reprende a Jesús en privado, tratando de que cambie su parecer. Esto no debe sorprendernos. Por medio de la estructura literaria del pasaje, Marcos nos ha advertido que Pedro es como el ciego de Betsaida, pues sólo ve la identidad de Jesús de forma borrosa. Pedro también va a necesitar un “segundo toque” para comprender plenamente quién es Jesús. Este “segundo toque” será la pasión, muerte y resurrección del Galileo, evento que demostrará la presencia de Dios en Cristo.

Jesús responde a las recriminaciones de Pedro de forma tajante, diciéndole: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (v. 33). Es chocante que Jesús compare a Pedro con Satanás, implicando que el diablo está engañando al “príncipe de los apóstoles.” Sin embargo, es el vehículo perfecto para introducir las enseñanzas de los vv. 34 al 38. En ese corto discurso tenemos varios elementos:

  • El maestro desafía a su audiencia a seguirle. Advierte que sus discípulos y sus discípulas deben “negarse a sí mismos” (v. 34). Lo que es más, llama a sus seguidores y seguidoras a estar dispuestos y dispuestas incluso a perder la vida “por causa de mí y del evangelio” (v. 35).
  • Jesús compara la ida en pos de él con la crucifixión, es decir, con un proceso de duro y doloroso sufrimiento. Si los creyentes han de “tomar su cruz” (v. 34), entonces deben estar dispuestos incluso a ser “crucificados juntamente” con Jesús, como dice Pablo en Gá 2:20.
  • Jesús indica que la vida no tiene valor si, al final, se pierde el alma (vv. 36-37).
  • Finalmente, Jesús habla de la reciprocidad espiritual que espera de sus seguidores. Jesús honrará a quienes lo honren, pero rechazará a quienes lo rechacen (v. 38).

Estas declaraciones sobre el discipulado nos llevan al centro del mensaje de Marcos, y deben estar en el centro de la proclamación de la iglesia. El discipulado radical exige que abandonemos todas las cosas que nos alejan de Dios y abracemos la cruz de Jesús.

Quien predique sobre este pasaje puede diseñar un sermón textual que explique el texto frase por frase o hacer un bosquejo que tome en cuenta la estructura de toda la sección, incluyendo las historias de sanidad.