< November 09, 2014 >

Comentario del San Mateo 25:1-13

 

PREPARADOS/AS PARA LA VENIDA DE CRISTO

Con frecuencia Jesús utilizó la parábola como metodología de enseñanza. En varias de sus parábolas Jesús comparó el reino de Dios con una boda, y también en otros discursos hizo referencia a las bodas, permitiéndonos conocer algunas de las costumbres de las bodas judías (Lc 5:34-35; Lc 12:35-38; Jn 3:29).

1. Preparativos para la boda

1.1. Elección de la novia y negociación del precio

Los matrimonios eran arreglados por los padres, específicamente por el padre del novio, y se consideraban como la unión de dos familias. En la historia de Abraham e Isaac, el que fue a buscar una novia para Isaac fue un criado de Abraham, “el más viejo de su casa, quien gobernaba todo lo que él tenía” (Gn 24:2).

Los padres del novio visitaban a la familia de la novia para fijar el mohar, es decir, el precio a ser pagado por la novia. El costo mínimo era 200 denarios por una joven virgen y 100 por una viuda. Este precio podía pagarse en efectivo, en servicio o en ganado.

1.2. El compromiso (esponsales)

Los esponsales consistían en una ceremonia pública en la que se anunciaba la alianza o se firmaba el contrato matrimonial, se intercambiaban regalos o anillos y ambas familias comían juntas. A partir de ese momento se consideraba a los novios como casados aunque no se fueran a vivir juntos todavía, pues cada uno regresaba a su casa para prepararse para la boda. Este tiempo de preparación podía extenderse hasta un año. El novio preparaba la casa donde viviría la pareja y la novia se preparaba para las responsabilidades de formar una familia. La novia no sabía cuándo se realizaría la boda. El padre del novio era quien determinaba cuándo todo estaba listo.

1.3. El día de la boda

El día de la boda, la novia se bañaba, se vestía de blanco, y se adornaba con joyas y preciosos bordados. El novio, por su parte, se ponía una corona en su cabeza, y salía con sus amigos de su casa a encontrarse con la novia, en un trayecto amenizado con música y danzas. La boda se realizaba en la casa del padre del novio.

Joachim Jeremías describe la típica boda judía así:

A última hora de la tarde los invitados se entretenían en la casa de la novia. Después de horas de esperar al novio, cuya llegada era repetidamente anunciada por mensajeros, llegaba finalmente, media hora antes de la media noche, para encontrarse con la novia; iba acompañado de sus amigos; iluminado por las llamas de las candelas, era recibido por los invitados que habían venido a encontrarse con él. La comitiva de la boda se desplazaba entonces, de nuevo en medio de muchas luminarias, en una procesión festiva hasta la casa del padre del novio, donde tenía lugar la ceremonia del matrimonio y el agasajo.1

2. La espera para recibir al novio

En la parábola de las diez jóvenes vírgenes de nuestro texto de Mt 25:1-13 se describe la preparación de diez jóvenes invitadas a una boda.

2.1. Tener suficiente aceite en las lámparas

Cada una de ellas, preparó su lámpara para alumbrar el camino para ir a la fiesta de bodas, pero el novio se tardó y todas se durmieron. El evangelio describe a cinco de las jóvenes como prudentes porque “tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas” (v. 4), mientras que las otras cinco son calificadas como necias o insensatas, porque sólo llenaron sus lámparas, sin tomar en cuenta la posibilidad de que el novio tardara más de lo que ellas habían previsto.

2.2. Estar atentas al anuncio de los mensajeros

Otro aspecto importante del estar listos/as para la boda era escuchar a los mensajeros que anunciaban la llegada del novio.

Todas escucharon el clamor, pero fue entonces que las “insensatas” se dieron cuenta de que su aceite no era suficiente para la caminata hasta el lugar de la boda con las lámparas encendidas. Pidieron a sus compañeras “prudentes” que les dieran de su provisión, pero no era posible porque entonces les faltaría a ellas también. Por eso fueron en ese mismo momento a comprar más aceite, pero no les alcanzó el tiempo y llegaron tarde a la fiesta.

2.3. El encuentro con el novio y la participación en la boda

Llegar al lugar de la boda y disfrutar de la fiesta debía ser el momento feliz y culminante de toda la preparación y la espera, pero lamentablemente para las cinco vírgenes “insensatas” no fue así. Encontraron la puerta cerrada y escucharon la voz del novio que les dijo: “De cierto os digo que no os conozco” (v. 12).

3. Estar vigilantes porque no sabemos el día ni la hora

Sobre esta parábola hemos escuchado muchas predicaciones y enseñanzas recalcando la necesidad de estar preparadas/os para el encuentro con Cristo en su segunda venida. El aceite, se nos ha dicho, representa al Espíritu Santo, la luz de Dios, la fe, la palabra de Dios, etc. que deben estar siempre presentes en nuestras vidas.

Los cristianos y las cristianas esperamos el cumplimiento de la promesa de la segunda venida de Cristo. Como dice el apóstol Pedro en su segunda carta, muchos viven conforme a sus propios deseos y en son de burla preguntan qué pasó con la promesa de que Cristo iba a volver: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 P 3:4). El apóstol Pedro explica: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P 3:9).

La parábola de las diez vírgenes termina con un llamado a velar. En el original griego, el evangelista Mateo utiliza la palabra gregoreite, que significa mantenerse despiertos y estar alertas. La verdad es que no sabemos el día ni la hora del regreso de Cristo. Jesús dice: “Si el padre de familia supiera a qué hora el ladrón habría de venir, velaría y no lo dejaría entrar en su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mt 24:43-44). También el apóstol Pablo nos exhorta a que “vigilemos y seamos sobrios” (1 Ts 5:6). Y el apóstol Pedro usa, como Jesús, la metáfora del “ladrón”: “El día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (2 P 3:10). Jesucristo volverá sin previo aviso a la hora que menos pensemos.

La palabra “sobrios,” utilizada por Pablo cuando nos insta a vigilar y a estar sobrios (1 Ts 5:6), en el original griego es nefomen y significa abstenerse del vino y ser discretos. El apóstol Pedro recomienda la oración para la vigilancia espiritual contra las tentaciones y maquinaciones de nuestro adversario el diablo: “Echad toda vuestra ansiedad sobre él [Dios], porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P 5:7-8).

¿Cómo debemos prepararnos para el pronto regreso de Cristo?

¿Qué significa para nosotros y nosotras hoy estar vigilantes?


 Notas:

1 Jan Herca, “Una Típica Boda Judía,” http://buscandoajesus.wordpress.com/articulos/una-tipica-boda-judia/ (consultado: 12 de septiembre, 2014). La cita es, para ser precisos, una paráfrasis de lo que dice Joachim Jeremias en Las Parábolas de Jesús (Estella, Navarra: Verbo Divino, 1984), 112.