< June 29, 2014 >

Comentario del San Mateo 10:40-42

 

La Paradoja de Ser “Pequeño”

Los sacerdotes del tiempo de Jesús decían que si te portas “bien,” entonces Dios te bendecirá con “bienes.” El pueblo judío había aceptado esto como algo natural, y lo transmitía a través de la herencia cultural. Jesús constantemente estaba en contra de esta enseñanza porque es injusta, ya que hay personas bienhechoras a quienes les va mal, pero en esta ocasión, él parece estar de acuerdo con esta perspectiva que llamaremos: “teología de la retribución.”

En tiempos de Jesús existía una forma de escritura denominada “apocalíptica” que se parecía a la forma de hablar de los profetas de Israel, pero que en el fondo era diferente. Los profetas creían que los poderosos tenían la capacidad intrínseca de cambiar su corazón para luego cambiar lo malo en el mundo. Por el contrario, la perspectiva “apocalíptica” estaba convencida de que el ser humano, cuando se sentía poderoso, se volvía injusto y sin remedio, y que sólo la “mano de Dios” podía cambiar la realidad, destruyendo todo lo malo y reconstruyendo nuevas dinámicas entre las personas para así re-crear el mundo.

Mateo es un evangelio donde esta perspectiva apocalíptica está presente; en este evangelio los “últimos tiempos” están marcados en forma indeleble por la justicia descrita en el capítulo 25:31-46. Hagamos de cuenta que el texto es un tejido; en él hay un hilo conductor que le da firmeza a todo el entramado del evangelio. Ese cordón es el representado por la palabra: “pequeños.” Entonces, la enseñanza de Mateo es que se vive ya en los últimos tiempos donde la mano de Dios, que lo cambiará todo, puede verse en acción cuando las personas participan del Reino de Dios, y esto queda claro según la forma en que las personas se relacionen con “los pequeños.”

Para Mateo, los “pequeños” son personas concretas; lo vemos en los versículos anteriores del mismo capítulo y en todo el evangelio. “Los pequeños” son: niñas que mueren, mujeres despreciadas, siervos, esclavas, ciegos, enfermas, hambrientos, sedientas, personas en situación de cárcel, extranjeros, migrantes, etcétera.

En Mateo 10:40-42, quien se comporte como profeta será recompensado como profeta, o sea, quien busque justicia y misericordia, recibirá justicia y misericordia. Por ello, podemos deducir que quien se identifique sinceramente con un “pequeño” será identificado justamente como seguidor de Jesús.

Mateo le anuncia a la iglesia que, gracias a la resurrección de Jesús, el mensaje cristiano es de fortaleza aun en medio de las acciones de los violentos que no quieren tratarlos/as con justicia por ser “pequeños,” por considerarlos/as insignificantes.

Una iglesia fiel es profética, sus acciones son justas y, por lo tanto, su esperanza es posible. Los primeros cristianos y cristianas eran perseguidos y perseguidas por su fe y testimonio; su mensaje era sencillo pero contundente, pues seguía la enseñanza de Jesús en Mateo: hay que ocuparse de “los pequeños,” aun en los detalles pequeños como es dar “un vaso de agua fría solamente.” Estas “pequeñas” señales hablan sin palabras de los que significa ser discípulo de Jesús.

En el fondo, este texto nos coloca frente a varias contradicciones, como si fueran un partido de fútbol: recibir versus despreciar, profeta (que denuncia la maldad) versus silencio (cómplice de maldad y violencia), compartir versus egoísmo, (ser) “pequeño” versus (sentirse) “grande.”

Jesús quiere fortalecer el ánimo de aquellos y aquellas que quieren hacer lo que él hace: recorrer “todas las ciudades y aldeas” (Mt 9:35). Mateo evoca esta experiencia con Jesús porque seguramente tiene necesidad de alentar también a la iglesia. Décadas después del ministerio de Jesús, sus dichos y hechos deben resucitar en la esperanza de la iglesia perseguida. Esos pequeños y pequeñas que se ven con la obligación de proteger a sus semejantes, resisten contra fuerzas “grandes:” el Imperio Romano, la religión judía, el desplazamiento forzado de personas… La pequeñez del Reino de Dios, que es chiquito como una semilla de mostaza (Mt 13:31ss.), es una oposición contundente a las intenciones megalómanas de las “grandes” fuerzas imperiales. Esos poderes que no quieren profetas que evidencien sus injusticias y que visibilicen su falta de generosidad, pues no saben compartir; esos grupos con intereses creados que no saben de hospitalidad sincera, sino que sólo abren la mano para capturar la voluntad y comprar la “solidaridad.”

Mateo le escribe a una iglesia que necesita la esperanza de saber que, aunque en el camino pueda encontrar la muerte, su destino final es la resurrección. Mateo habla a personas que por la persecución tienen que salir de su tierra, del seno de su hogar e ir en busca de mejores oportunidades en tierras extrañas. Mateo escribe a personas que necesitan confiar en que la violencia no es la última palabra ni la persecución la meta.

Hoy “ser pequeño” sigue siendo una categoría teológica para comprender nuestras dinámicas humanas, pues tampoco han cambiado las intenciones de “grandeza” de unos cuantos que manejan el poder en este mundo. Por ello la iglesia de Jesucristo está llamada, aun en la actualidad, a hacerse “pequeña”. Así como Jesús, siendo Dios, se hizo pequeño al encarnarse, así la iglesia “es” pequeña –por sus propias cuitas. O debe “hacerse” pequeña en solidaridad con los seres humanos más desfavorecidos en el mundo.

Ahora, cada creyente que lee la Biblia lo hace desde las experiencias que lo apelan. Por eso yo conectaré dos horizontes a través de las siguientes reflexiones: por un lado el texto de Mateo 10:40-42; por el otro, los y las migrantes que buscan oportunidades de buen vivir.

Muchas personas migran diariamente. La primera vez que crucé el Río Bravo hacia los Estados Unidos, fue igual que como muchos de mis compatriotas lo hacen: de “espaldas mojadas”. Yo me acostumbré, muy temprano en la vida, a que ese es el destino más probable de mis coterráneos.

En esta lógica diré entonces que lo importante no es la “migración,” sino los y las migrantes, así como en el texto de Mateo se habla de los pequeños y no de la pequeñez, o sea que toda la atención está puesta en: ¡las personas!

Ser migrante es vivir siempre, metafóricamente, “los últimos tiempos.” Cuando hay seres humanos que consideran el cambio de residencia como el último recurso para buscar el buen vivir, es cuando resulta importante el acompañamiento de las acciones de unos pequeños y pequeñas, como nosotros y nosotras, que abrigan a otros pequeños como los y las migrantes. Los pequeños para Jesús son una medida adecuada para saber a quién recompensar por su fidelidad, pues la forma de recibir o hacerse (en empatía) como estos pequeños, será la manera en que se recibiría a Jesús como huésped.