< May 29, 2014 >

Comentario del San Lucas 24:44-53

 

La hora del cumplimiento

Muchas veces nos ponemos no sólo a pensar, sino también a hablar del tiempo. No sólo nos referimos al factor estrictamente cronológico (horas, días, meses, etc.). La idea general es que vivimos tiempos difíciles. Ello se manifiesta de diversas maneras, como las condiciones climáticas, la situación social inestable, y la inseguridad ciudadana, entre muchas otras cuestiones. Pero el tiempo también alude al otro lado de la moneda, es decir, a la existencia de condiciones favorables para pasear, viajar, acampar, estudiar, trabajar, etc.

Este pasaje de Lucas comienza con una referencia de Jesús a lo que estaba escrito acerca de él “en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos” (v. 44). En todos esos textos se advierte un carácter mesiánico. Jesús, en la forma del “resucitado” sobre quien ya no tiene más autoridad la muerte, les recuerda a sus discípulos que él mismo es la muestra del cumplimiento de tales Escrituras (v.44). La acción de abrirles “el entendimiento para que comprendieran las Escrituras” (v.45), indica el propósito pedagógico del gran Maestro. Seguidamente Jesús les reitera a sus discípulos la promesa de que serán “investidos de poder desde lo alto” (v. 49), es decir, por parte del Espíritu Santo en Pentecostés. Finalmente, se produce el “hasta luego” (v. 51).

a) Era necesario el sufrimiento (vv. 46-47)

Jesús, hablando de sí mismo en tercera persona, invita a sus discípulos a reconocer el hecho profético de que las Escrituras habían anticipado mucho tiempo atrás el surgimiento del Mesías como ofrenda sacrificial y expiatoria. Dicho de otro modo, lo que garantiza que hasta nuestros días siga siendo predicado el “mensaje del arrepentimiento y el perdón de los pecados” es el padecimiento y posterior resurrección de Jesucristo.

Cuando examinamos nuestra historia como iglesia cristiana, encontramos muchas páginas de dolor, sufrimiento y persecución. Por ejemplo, en el interior de la Reforma Radical del siglo XVIII, se escribió el llamado Espejo de los Mártires, que no es otra cosa que una crónica de momentos de verdadero dolor por causa del evangelio.1 Y estas páginas de dolor no se han cerrado todavía, porque mientras se siga predicando el mensaje del “arrepentimiento” también continuará habiendo oposición. Nótese por ejemplo que en la historia de la iglesia latinoamericana, las décadas de los 70s y 80s del siglo pasado, estuvieron marcadas por el extremo sufrimiento de muchos cristianos y cristianas a consecuencia de anunciar el mensaje liberador de Jesucristo. El anti-reino ha sido y sigue siendo “encarnado” por sistemas políticos y modelos gubernamentales que niegan el derecho a la vida de pueblos y naciones en el mundo entero.

b) Testimonio y poder desde lo alto (vv. 48-49)

De pronto llega la hora en que los discípulos –y en breve apóstoles- son sujetos protagónicos en la acción salvífica de Jesús en el mundo; pues ellos mismos serán quienes “atestigüen” acerca de la veracidad de lo que antes había sido anticipado en las Escrituras y que ahora es un hecho real e histórico.

Si existe alguien que cumple sus promesas, es justamente Jesucristo, quien en el día de Pentecostés dará cumplimiento pleno a la promesa de investirlos de poder. La tarea de salir y dar testimonio de la obra del redentor requiere primero la recepción del poder de lo alto, sin el cual NO será posible hacerlo.

Se cuenta que el Rev. Martin Luther King Jr. recibió una noche una llamada amenazante e intimidatoria en relación con su rol como luchador por la libertad plena del pueblo afro-americano en los Estados Unidos. Luego de recibir dicha llamada, se puso en comunión con el Señor para pedir la fortaleza en un momento tan difícil. Y la historia dice que al concluir su oración, el famoso héroe de los derechos civiles sintió en su ser una paz que nunca antes había experimentado; era el poder de lo alto que estaba fortaleciéndolo, y que necesitan quienes se disponen a luchar por la vida.

c) Un “hasta luego” lleno de alegría (50-53)

A diferencia de lo que sucede en las despedidas tradicionales, en donde se pone de manifiesto la tristeza por el alejamiento del ser querido, en este caso los que fueron bendecidos mientras Jesús era llevado al cielo, regresaron a Jerusalén “con gran gozo.” Dicha alegría estimulaba y animaba una vida de servicio y consagración a Dios.

Mientras esperamos la segunda venida de nuestro Señor (lo que en griego se llama parousía), también nuestras comunidades deben ser comunidades celebrativas, imbuidas de la esperanza de que lleguen mejores días. Debemos forjar una espiritualidad en favor de la vida, que defienda la causa del Maestro, y en la que lo celebrativo estará indisolublemente unido a la inclusividad. No podemos olvidar que nuestras sociedades contemporáneas son muy diversas y heterogéneas, como resultado, entre otros motivos, de movimientos migratorios en todo el mundo.

Como decía el gran psicólogo y filósofo suizo Jean Piaget,2 hemos de aprender a “des-centrarnos” de nosotros/as mismos/as, es decir, dejar de ver y de considerarnos a nosotros/as mismos/as como el centro alrededor del cual giran las demás cosas y personas. Hoy necesitamos del carácter pastoral y fraternal, dispuesto a recorrer la segunda milla (Mt 5:41), y a hacer opciones concretas, por ejemplo, en favor de la paz, de la preservación del medio ambiente, y de la convivencia y el bienestar familiar, congregacional y social.

El v. 53 nos provee un importantísima clave de “convivencia” armónica y expectante. Dice que los y las creyentes “estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios.” Se sentían y vivían como comunidad de amigos/as y hermanos/as alrededor de Dios, bajo del señorío de Jesucristo quien retornaría en breve.

Ojalá podamos cuanto antes dejar de lado nuestros “estilos personales” de liderazgo o de ejercicio del ministerio pastoral, para darle lugar al de nuestro Maestro, quien en un acto de amor nos llama únicamente a actuar como siervos/as de los demás. Tenemos que aprender a dejar de seguir afirmando y reproduciendo esos modelos que a veces copiamos o imitamos, y que únicamente promueven imágenes y afanes de “figurismo público,” muy alejados de la iglesia comprometida con la buena nueva de la salvación que se espera que seamos. Al igual que los primeros y las primeras creyentes, también nosotros y nosotras tenemos la posibilidad de vivir como hermanos y hermanas.

Finalmente, los gerundios “alabando” y “bendiciendo” con los que la versión Reina Valera 1995 traduce los participios de presente activo del original griego ainountes y eulogountes, y que indican acciones durativas, tienen el propósito de dar firmeza a lo que hagamos aquí en la historia, con esperanza escatológica, mientras aguardamos el momento en que se produzca el retorno de Jesucristo nuestro Señor.

 


 

1Existe una versión en español: Oyer, John S., Robert S. Kreider, Jan Luiken, y Clara Helena Beltrán Suárez. Espejo de los mártires: historias de inspiración y coraje. Santafé de Bogotá, Colombia: Ediciones CLARA-SEMILLA, 1997.

2Jean Piaget. Seis Estudios de Psicología. Barcelona: Editorial Labor, 1992.