< February 16, 2014 >

Comentario del San Mateo 5:21-37

 

El Espíritu de la Ley

La vida cristiana no es fácil. No se trata simplemente de ir a la iglesia, o de leer la Biblia, o de orar. Hoy escuchamos en el evangelio que no basta con seguir los 10 mandamientos tal como están escritos. No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás… etc. Eso sería como auto-justificarse a uno mismo, pensando: “OK, no hay problema, a ver, yo no he asesinado a nadie hoy... Ya está. No he sido infiel a mi esposo… Ya está. No he dicho contra mi prójimo falso testimonio hoy… Ya está.” Esto sería seguir los 10 mandamientos como si fueran una tarea, o una lista de reglas para cumplir. Sería cumplir la ley por causa de la ley. Pero Jesucristo nos enseña que no estamos frente una lista de tareas.

En el fondo de cada mandamiento hay un llamado más profundo, el llamado a amarnos los unos a los otros y no solamente amar a tus amigos, sino también a tus enemigos. Perdonar. Reconciliar. Se trata de buscar el corazón de los mandamientos. Y eso es amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente,” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37, 39b).

Este es el espíritu de la ley. Es lo que debemos seguir. Jesucristo nos dice: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: ‘No matarás,’ y cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” (vv. 21-22a). Y también: “Oísteis que fue dicho: ‘No cometerás adulterio.’ Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (vv. 27-28). Tenemos que seguir el espíritu de la ley. No lo superficial, sino vivir la ley de Dios en su mejor sentido, en su significado más profundo. No es una lista de tareas. Es un llamado a ser transformado/a. Es un llamado a seguir un nuevo camino de vida. Es un modo de vida que promueve la paz. Es andar en la luz. Es poner tu mano en la mano del Señor Jesús e ir con él.

Diezmar y Ofrendar

El texto nos da la oportunidad tocar el tema de la mayordomía. Cada iglesia, congregación, comunidad cristiana, tiene sus propias costumbres respecto de cómo motivar y animar a los congregantes a dar dinero para apoyar la misión de Dios. Unas iglesias tienen la tradición, durante la celebración dominical, de poner las ofrendas en un sobre, y de poner el sobre en una canasta que después va al altar. Hay iglesias donde los participantes se acercan al altar bailando con sus ofrendas en la mano en actitud de adoración y gratitud a Dios. Hay iglesias que usan platos hondos dorados, bolsas de terciopelo, canastas hecho a mano o una caja designada para recoger las donaciones. En todos estos casos la recolección de las ofrendas es incorporada como acto de adoración en el orden de la celebración dominical del culto, el servicio, o la misa.

Sabemos que la mayordomía incluye mucho más que bienes económicos. Jesucristo nos dice que mucho más importante que poner tu ofrenda en el altar es poner tu corazón en el altar. Jesús quiere que amemos a Dios y sirvamos a Dios con nuestros bienes, pero también con la mente, el alma, el corazón y todo lo que somos. Si no amamos a nuestro hermano o a nuestra hermana, no amamos a Dios. Como pregunta San Juan en su primera carta:“Si alguno dice: ‘Yo amo a Dios,’ pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”(1 Juan 4:20). Si estás enojado/a con alguien, tienes que perdonarlo o perdonarla y reconciliarte con esa persona. Así tu ofrenda en el altar será la expresión de tu comportamiento interior. Entonces no estaremos siguiendo la ley de Dios por causa de la ley, sino por causa del prójimo. El espíritu de la ley es vivir en comunidad, en comunión, en santa comunión con Dios y los unos con los otros. ¿Quién no necesita eso?

La Responsabilidad del Predicador/a: Proclamar las Buenas Nuevas

El énfasis que pone este texto del capítulo 5 de Mateo en el cumplimiento de la ley nos llama, como predicadores/ predicadoras, a proclamar la salvación que todos y todas tenemos en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…  no por obras (Efesios 2:8a, 9a). La salvación que recibimos todos/todas es un don de Dios dado gratuitamente a nosotros y a nosotras porque Dios nos ama. Es un regalo que recibimos aunque no lo merecemos. Es el regalo de Jesucristo mismo. Por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo recibimos el perdón de nuestros pecados, la absolución, que es dada a nosotros y nosotras por amor. Lo recibimos con las manos abiertas y el corazón abierto. Recibimos su gracia, su amor incondicional y el perdón divino. Hay suficiente para todos y para todas. Nuestro Dios es un Dios de abundancia. Su gracia es la alimentación espiritual que nos da fuerzas y nos fortalece en este peregrinaje de fe en que espera que amemos y sirvamos al prójimo.

El texto de Mateo de hoy nos recuerda que vivir en ferviente amor mutuo, vivir la vida cristiana, no es fácil. Gracias a Dios por el Salvador que nos dio en su único hijo quien nos libera y nos hace creaciones nuevas.