< March 10, 2013 >

Comentario del San Lucas 15:1-3, 11b-32

 
Los fariseos y escribas acusan a Jesús de recibir a los pecadores y comer con ellos.

Para responder a las acusaciones, Jesús relata tres parábolas: la del hombre que encuentra una oveja perdida, la de la mujer que encuentra la dracma perdida, y la llamada parábola del hijo pródigo. Sólo la tercera está incluida en el texto del evangelio para este domingo.

I. Las decisiones del hijo pródigo (vv. 11b-20a)

A. Pidió sus bienes (v. 12):

Jesús inicia la parábola con la premisa de que un hombre tenía dos hijos (v. 11) y el menor le pide la parte de la herencia que le correspondía. El padre accede a la petición y reparte entre ambos hijos su herencia, aunque parece que es sólo al menor a quien la herencia se le hace efectiva.

B. Se fue de la casa (v. 13):

Si quería irse de la casa, no podía recibir la herencia en especies. El hijo menor necesitaba efectivo, necesitaba el dinero, y el padre no se negó a dárselo. Y nos preguntamos: ¿Qué es lo que motiva al hijo menor a pedir su parte de la herencia e irse de su casa?

C. Vivió perdidamente (vv. 4-16):

El hijo menor dilapidó toda la herencia “viviendo perdidamente.” ¿Cuántos no hacen lo mismo, desperdiciando la vida en cosas que no son de provecho? Al vivir de esa manera, el dinero no alcanzó para vivir mucho tiempo.

D. Su conversión (vv. 17-20a):

Al verse en la miseria, el hijo menor reconoció que había errado, y arrepentido, decidió regresar a la casa de su padre.

La desobediencia tiene un precio. ¿Será necesario que las personas lleguemos a estos extremos para reconocer nuestras faltas? La expresión “volviendo en si, dijo:…” (v. 17) implica que se ha arrepentido de su conducta anterior.

II. Las reacciones del padre del hijo pródigo (vv. 12 y 20b-24)

A. Le dio los bienes al hijo (v. 12):

Ante la solicitud del hijo menor: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”, el padre no puso objeciones: “Y les repartió los bienes.” Según la tradición judía el hijo menor tenía derecho a un tercio de la herencia del padre, mientras que al mayor le correspondían dos tercios. Pero lo usual era que la herencia se recibiera cuando el padre moría, y no cuando el padre todavía estaba en vida. El hijo menor estaba ofendiendo al padre al pedir la parte de los bienes que le correspondía, pero no obstante, el padre accede con amor a la petición de su hijo.

B. Lo esperaba (vv. 20b-24):

Después de que el hijo desperdicia los bienes que había heredado de su padre y decide regresar arrepentido (vv. 18-19), al padre no le importan las normas de conducta del Medio Oriente, sino que “corrió y se echó sobre su cuello y lo besó.”

El padre mostró una alegría similar a la del pastor cuando recuperó a su oveja o a la de la mujer cuando encontró la moneda, la dracma perdida (véanse las dos parábolas que se narran en Lc 15:4-10).

Dice la parábola que “cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia.” Y podemos preguntarnos: ¿Cuál habría sido la reacción de un padre sin misericordia? Para mí el v. 20 es la parte central del relato: el padre que ve al hijo arrepentido de sus hechos cuando todavía está lejos y que es movido a misericordia.

¿Qué hizo el padre? No sólo que lo estaba esperando, sino que lo reconoció de lejos, corrió hasta él, lo abrazó, lo besó, lo hizo vestir con la mejor ropa, mandó que le pusieran un anillo en su dedo y calzado en sus pies, y le organizó una fiesta. El hijo había estado muerto, pero ahora había revivido. Todas estas acciones del padre les hablan al hijo y a la comunidad del perdón paterno.

III. Las reacciones del hermano mayor (vv. 25-30)

A. Preguntó cuál era el motivo de la fiesta (vv. 25-27):

Al regresar del campo y oír la música y las danzas, llama a uno de los criados para preguntar cuál era le motivo de la fiesta. Evidentemente se sorprende al enterarse de que se celebraba el regreso de su hermano.

B. Se enojó y no quiso entrar (v. 28):

Lejos de alegrarse por el regreso de su hermano menor, el hermano mayor se enoja y se queda afuera del banquete, deshonrando a su padre con esa actitud frente a todos.

El padre ya había repartido los bienes y podemos preguntarnos: ¿Por qué reclama el hijo mayor? ¿Por la fiesta en si, por el regreso de su hermano, por la herencia que peligraba para él? Lamentablemente tenemos que constatar que son muchos los y las que con sus actitudes pecaminosas han deshonrado a Dios, que es su Padre, delante de la comunidad donde viven.

C. Se quejó ante el padre (vv. 29-30):

“Tantos años hace que te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.” El hijo mayor está lleno de reproches; le reprocha los años que tiene de servirle, en que supuestamente nunca recibió “nada”. Se muestra como un hermano vacío de amor, lleno de resentimiento y de envidia, y se refiere su hermano como “este hijo tuyo,” mostrando una actitud rebelde.

Pero cabe preguntarnos: ¿Era acaso justo que el padre recibiera con una fiesta al hijo menor y que el hermano mayor que había sido fiel a su padre nunca hubiera tenido su fiesta? ¿Qué reclamaba el hijo mayor? ¿Mayor atención de parte del padre?  

IV. La conclusión (vv. 31-32)

La parábola nos ha mostrado todas las acciones que el padre realiza por el hijo menor que, después de perderlo todo y estar en la ruina, regresa arrepentido a la casa de su padre. La compasión y la bondad del padre son evidentes en sus palabras: “este mi hijo muerto era y ha revivido; se había perdido y es hallado” (v. 24).

El padre también ama al hijo mayor pues sale a su encuentro y le explica que todo lo que tiene es de él: “todas mis cosas son tuyas” (v. 31). Pero el hijo mayor es incapaz de comprender el amor y la inmensa bondad del padre.

Esta parábola refleja el amor del padre hacia sus hijos a pesar de que estos han pecado contra él; el amor y la gracia del padre hacen posible que se acceda a él arrepintiéndose.

El hijo pródigo presenta una actitud humilde, y reconoce y acepta en su interior el amor del padre, mientras que el hijo mayor se autojustifica presentando sus propios méritos y juzgando al mismo tiempo.

Pero vemos que la actitud del padre no cambia. El padre se muestra compasivo, lleno de amor, ternura, y bondad para con sus dos hijos. La llamada parábola del hijo pródigo debe leerse como una señal de la misericordia de nuestro Padre que es Dios.