< March 03, 2013 >

Comentario del San Lucas 13:1-9

 

Le dan una noticia a Jesús, y Jesús responde.

Primera parte (vv. 1-5):

A. La información: Se describe que Pilato había dado muerte a unos galileos (v. 1). Y podemos preguntarnos: ¿Cuál era la intención de “ellos” al contarle a Jesús sobre la muerte de los galileos? ¿Acaso tenían en su corazón otra intención además de la de dar la noticia? ¿Esperaban los informantes, o sea, las personas que lo abordaron, que Jesús se expresara en beneficio de ellos?

Recordemos que los galileos tenían la fama de practicar actividades paganas, pero no se sabe si la intención de los que llevaron la información a Jesús era diferenciar a los galileos “pecadores” de otros judíos.

Muchas veces las palabras de las personas tienen doble intencionalidad, y no se debe caer en ello, ya que la persona que pretende tener una ética basada en las Escrituras no puede mostrar doble intencionalidad.

B. La reacción: Jesús confronta a los que vinieron con la noticia cuando les pregunta: “¿pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que los demás galileos?” (v. 2). Jesús ataca el criterio de estas personas diciendo que no es cierto su pensamiento respecto a tales hechos. Claramente la reacción de Jesús ante la información brindada parece ser en forma de ataque al pensamiento de quienes la suministran.

Los datos dados no son tan relevantes para Jesús. Él conoce las intenciones de las personas que le dan la información. ¿Qué fue lo que obligó a Jesús a reaccionar de ese modo? ¿La manera de los informantes de contarle los sucesos?

Jesús afirma que todos perecerían si no había arrepentimiento genuino (vv. 3 y 5). No se está negando la muerte física, pero se enfatiza que si no hay conversión, el ser humano perecerá de una muerte eterna a causa del pecado.

C. Las conclusiones: “No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (vv. 3 y 5). Jesús hace un llamado imperativo a la conversión. La conversión es la única garantía que pesa contra el pecado que amenaza a los malvados que perecerán “igualmente.” Jesús hace énfasis en que todos y todas reconozcan sus faltas y se arrepientan (vv. 3 y 5).

Jesús está haciendo un llamado a la verdadera conversión, y el término en griego que la versión Reina Valera 1995 traduce como “arrepentís” es precisamente metanoete, y significa cambiar de opinión, sentimientos o propósito. Se refiere a trasformar la mentalidad, la actitud. Expresa un deseo, una voluntad o necesidad que tenemos los seres humanos de cambiar.

Reflexionemos: Si todos tenemos que morir, ¿es necesario arrepentirnos? ¿Acaso el que no se arrepiente no tendrá también una muerte igual a la de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios?

El relato continúa con una parábola de Jesús.

Segunda parte (vv. 6-9):

A. La situación: La higuera que no daba fruto (v. 6).

La higuera es un tipo de árbol que crece en zonas desérticas y áridas, su fruto es parecido a una pera, y es de hoja ancha. Su sombra era muy apreciada por las tribus nómadas que deseaban protegerse del sol ardiente. Es un tipo de árbol que echa fruto dos veces al año, y puede tener hojas frondosas sin que necesariamente produzca fruto. También es común tenerlo en los patios de las casas.

Cuando Jesús menciona en la parábola que el dueño de la viña “vino a buscar fruto en ella y no lo halló” se supone que lo hizo en el tiempo correspondiente a la cosecha del fruto. A pesar de todo el cuidado del viñador y de la paciencia del dueño, la higuera sigue sin dar fruto.

Y si no hay algún tipo de resultado positivo en algo que se ha cuidado, se ha instruido y se tiene la oportunidad de salvar, entonces hay que tomar una decisión.

B. La decisión: “¡Córtala! ¿Para qué inutilizar también la tierra?” (v. 7).

La decisión por parte del dueño de la viña no se hace en forma arbitraria o antojadiza. Se hace sobre la base de una investigación y de una evidencia obvia; en tres años la higuera no ha producido fruto.

Por tanto, hay que cortarla. Al no tener el resultado deseado, el dueño de la viña toma una decisión, y además completa su argumento en favor de cortar la higuera cuando ve que está haciendo inútil la tierra, o en otras palabras, cuando ve que se está desperdiciando terreno para cultivar.

En el esfuerzo del viñador podemos ver reflejado el ministerio del propio Jesús, quien  también pudo comprobar que a pesar de haber cuidado y cultivado a las personas, sus oyentes, no necesariamente daban frutos en la forma de arrepentimiento de pecados ni incidían para que otros pueblos creyeran en Jesús como el Mesías.

C. La petición: “Señor, déjala todavía este año” (v. 8).

Al no hallar fruto durante tres años o sea seis épocas de cosecha, el hombre le dijo al viñador que cortara la higuera, ya que se estaba desperdiciando suelo, un suelo que sería útil para otra cosa.

Pero el viñador solicita al dueño que le dé una oportunidad más a la higuera para producir fruto, prometiendo abonar la tierra a su alrededor. Él pide que se no corte la higuera.

Jesús tiene el propósito firme de conducir a las personas a producir frutos y narra esta parábola para que nos comparemos con la higuera a la que se le da una nueva oportunidad.

Reflexionemos: ¿Cuáles son los frutos positivos que Jesús espera que las personas y que en particular los cristianos y cristianas demos hoy? ¿Cómo podemos mostrar que estamos arrepentidos y que hemos cambiado nuestra conducta? ¿Qué tipo de “abono” podemos echar en nosotros y en nosotras hoy para ayudarnos a producir fruto? ¿Por cuánto tiempo vale la nueva oportunidad que nos ha sido dada a nosotros y a nosotras? ¿Qué significa el hecho de que nosotros y nosotras seremos cortados si no damos fruto?