< May 27, 2012 >

Comentario del San Juan 15:26-27, 16:4b-15

 

Cuando pensamos en la venida del Espíritu Santo a aquellos 120 fieles en Jerusalén (Hch 1:15), pensamos en el relato del evangelista Lucas en su libro de los Hechos (cap. 2).

Lo que es más, Lucas no sólo narra el portentoso suceso pentecostal, sino que narra la profecía de Jesús a sus discípulos sobre la venida del Espíritu Santo durante los días después de la resurrección (Hch 1:7-8). Es, seguramente, por el orden narrativo de Lucas que el leccionario ubica las narrativas sobre preparación para el ministerio apostólico y proclamador en el marco de los pocos días en que el Señor estuvo con sus seguidoras y seguidores después de la resurrección y antes de su ascensión.

En este ciclo, sin embargo, lo que nos ocupa para nuestras reflexiones son lecciones del evangelista Juan. En comentarios anteriores hemos considerado un poco porqué Juan tiene un orden algo distinto en su narrativa evangélica. Una mención al respecto en el sermón no vendría mal, ya que el momento de la predicación se presta ciertamente para proclamar la esperanza del mensaje del evangelio, y también para disipar dudas que en ocasiones son muy generales en las personas a las que ministramos. Una de esas dudas o cuestiones es si la Biblia habla de una sola verdad, ¿por qué hay tantas "discrepancias" en los órdenes narrativos? La lección del evangelio y la celebración que nos ocuparán en Pentecostés proveen una oportunidad genial para atender esta cuestión de una manera exegéticamente responsable, y también pastoral -- y es haciendo alusión a la importancia de la contextualización de los textos sagrados a la hora de su interpretación, particularmente aquellos que narran hechos medulares para la formación de la identidad misional, pastoral, apostólica e institucional de la iglesia, como la venida del Espíritu Santo. Pero esta contextualización no es meramente para hacer una crítica histórica de lo narrado (lo cual es importante), sino también para identificarnos con las comunidades a quienes se les escribieron estos documentos originalmente -- y de esa manera entender mejor la intención del autor. La narrativa en el evangelio de Juan nos provee una excelente oportunidad para considerar los hechos de la promesa y venida del Espíritu Santo sobre los seguidores de Jesús desde el propósito de la relación de la iglesia con la tercera persona de la santa Trinidad.

Una sugerencia que hago, para atar la lección de hoy con la celebración de Pentecostés, es comenzar leyendo en Juan 20.21-22 antes de la lección que específicamente nos ocupa. De este modo se mantienen las alusiones al evento en el contexto y marco de la narrativa juanina.

Según la narrativa de Juan, la celebración de Pentecostés va más allá de un hecho en un momento particular, a un grupo en particular, en respuesta a una profecía particular. Más aún, Juan parece enmarcar la venida del Espíritu Santo en una narrativa distinta a la de un "don" o un "regalo" de Dios, que es como algunos lo entienden desde la perspectiva paulina. Si comenzamos leyendo Juan 20:21-22, y luego la lección, y posteriormente ubicamos esta lección bíblica en relación a las lecciones de los evangelios de los domingos de la temporada pascual, nos daremos cuenta de que en vez de caminar una narrativa histórica hacia el futuro, estamos yendo hacia atrás. Como dirían algunos puertorriqueños, vamos "pa'tras". Lo que es más, en la propia narrativa juanina, la lección nos ubica antes de la pasión del Señor, y la venida del Espíritu Santo viene justo después de la resurrección. ¿Cuál es el propósito de Juan?

Permítanme sugerirles tres aspectos que me parecen predicables en el marco de la celebración de Pentecostés, y aplicables a múltiples retos y circunstancias de las comunidades latinoamericanas -- residentes o en el exilio:

1) La comunidad de Juan en ansiosa espera del fin:
La comunidad a la que Juan parece escribirle es la comunidad de cristianos de finales del primer siglo -- la segunda generación de cristianos. Y, tal vez, el mayor conflicto teológico con el que se enfrentó esta comunidad fue que el retorno del Señor por su iglesia no ocurrió en la vida de los cristianos y las cristianas de la primera generación. Necesariamente algo que causó decepción y frustración en las comunidades cristianas antiguas. Se hacía necesaria una narración que pusiera en evidencia el dolor de la separación (16:5-6), y la promesa de acompañamiento perpetuo (15:26). Pero más precisamente, lo que Jesús promete es acompañar a sus discípulas y discípulos con su propia esencia. Es decir, no estarían acompañados y acompañadas por otra cosa/ente/persona, sino por él mismo. Queda la pregunta, sin embargo, ¿cómo él mismo los/nos va a acompañar si él regresa/regresó al Padre?

2) El Espíritu como Parakletos frente al Espíritu como un simple don:
La tradición cristiana desde la que usted como lector o lectora se acerca a las Escrituras y al ministerio informará mejor esta parte. Lo que deja claro Juan es que el Espíritu Santo no es un regalo, sino la manifestación de la continua presencia de Dios en los/as fieles. Parakletos puede ser traducido de tres maneras, cada una de las cuales describe un aspecto relacional del Espíritu con la Iglesia: Defensor, Maestro/Ayudante y Consolador. Estas tres traducciones están claramente representadas en el texto, y retan a la iglesia a una relación continua con Dios y a la proclamación de nuestro testimonio, ahora con la ayuda y guía del Espíritu Santo -- Dios continuamente en nosotros y nosotras.

3) El asunto de la verdad
Verdad (en gr., aletheia) aparece no menos de 25 veces en el evangelio según Juan, y no pocas veces en la lección de hoy. Jesús se define a sí mismo como la verdad (14:6). Según el testimonio de Juan, la verdad no es algo que se pueda tener, ni es un simple pronunciamiento. La verdad, en Juan, es amor consumado en acción -- de Cristo en el Calvario, y de la Iglesia en su proclamación.