Day of Pentecost

No Nos Engañemos; el Paracleto Demostrará Quién Camina en la Verdad

Acts 2:2
Suddenly from heaven there came a sound like the rush of a violent wind, and it filled the entire house. (Public domain image; licensed under CC0)

May 20, 2018

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Comentario del San Juan 15:26-27, 16:4b-15



No Nos Engañemos; el Paracleto Demostrará Quién Camina en la Verdad

La quinta secuencia de nuestra escena de despedida (Jn 13-17) se introduce con una marca de ruptura temporal importante: “Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Pero ahora voy al que me envió” (vv. 4b.5). Toda la escena de despedida, que contiene el discurso final de Jesús, es justificada con las palabras “ahora voy al que me envió.” Hasta este momento no había sido necesario expresar estas palabras, pero ahora no queda alternativa; Jesús se va.

Una de las formas1 del consuelo llega por medio de la promesa del Paracleto. En efecto, la partida de Jesús es la condición de posibilidad de la venida del Paracleto (v. 7). Esta venida asegurará la probatoria de culpabilidad del mundo en lo que refiere al rechazo y odio que ha mantenido hacia Jesús hasta ahora, así como a la injusticia con la que el Señor ha sido tratado (vv. 8-11).

Pero, subsiste la pregunta, ¿por qué conviene la partida de uno y la venida de otro? R. Brown lo intuye bien: “solo a través de la presencia interior del Paráclito, llegarán los discípulos a comprender plenamente a Jesús.”2 La real posición de Jesús en el mundo, su carácter de enviado al mundo sin pertenecer al mismo y el consecuente rechazo del mundo no es algo que los discípulos hayan comprendido antes. En realidad, a la luz del v. 13, será recién el Espíritu, cuando venga, el que les guiará a la verdad. La conveniencia (symfero en el original griego) de la partida de Jesús (v. 7), radica en la posibilidad, que les otorgará el Paracleto, de ser guiados a la verdad de una forma, hasta ahora no experimentada, de “presencia interior del Espíritu.”

Ahora bien, esta secuencia contiene la última mención que se hace del Paracleto en el evangelio de Juan, donde por única vez se le denomina “Espíritu de verdad” (v. 13), y se señala que es enviado por Jesús y no por el Padre (v. 7).3 El mundo es culpable de pecado, porque no ha creído en Jesús; es culpable con relación a la justicia, porque Jesús regresa al Padre, con lo que los cargos contra él se demuestran falsos; y es culpable respecto del juicio, porque su gobernador es juzgado (vv. 9-11). Pero debemos entender, a la luz de este argumento, que esta probatoria no sería posible en ausencia del Paracleto. O sea, el éxito en la misión de los discípulos supone la ausencia de Jesús y la presencia del Paracleto.

El Paracleto es descrito aquí, sin ninguna duda, en términos forenses, pero no como un defensor, sino más bien como un investigador o, mejor, como un fiscal, que probará la culpabilidad del mundo. La acción del Paracleto como guía a “toda la verdad” (v. 13) de los discípulos todavía tiene como telón de fondo la vulnerabilidad y la fragilidad de estos. Imposibilitados para entender y discernir con la claridad que los tiempos ameritan, la figura del Paracleto garantiza la permanencia de los discípulos en la verdad. El carácter polémico de tal enunciado puede verse con mayor claridad si lo expresamos de otro modo: quien no permanece en la verdad juanina (judío o cristiano) no ha contado con la presencia del Paracleto. La radicalidad de una creencia de este tipo está íntimamente vinculada con la declaración expresa del propósito del cuarto evangelio, que se nos comunica en Jn 20:30-31. En efecto, la verdad juanina, que no era fácil de aceptar en su época, radica en la identificación en un mismo ser de Jesús, el Mesías (Cristo) e Hijo de Dios (20:31). Para eso se escribe el cuarto evangelio, y su incomprensión, que explica la hostilidad del mundo, estaría más que garantizada si no contáramos con la guía del Paracleto para vivir en la verdad.

Consideraciones Homiléticas

Propondría enfatizar el carácter misionero del evangelio de Juan en general y el de este segmento en particular. La tristeza y desconcierto que provoca la partida y futura ausencia de Jesús vienen a ser subsanadas por una promesa que llama a la acción a estos amedrentados discípulos. El Paracleto prometido sigue hoy conduciendo en la verdad a quienes deciden seguir al Señor con honestidad. Y, en ese conducir en la verdad, el Paracleto sigue mostrando desde la interioridad de cada discípulo/a, que el mundo no está en lo correcto, ni en lo justo, ni en lo bueno, sino que es culpable.

Esta acción de guía, por parte del Paracleto, se verifica especialmente necesaria para sus discípulos/as de hoy en día, cuando el Jesús rememorado en los evangelios se desdibuja detrás de prácticas y culturas así llamadas cristianas para terminar convertido en dogmas que ya no guían a nadie.

Quiera este santo Paracleto darnos hoy su fresca unción.


Notas:

1. Si la secuencia se estudia en su totalidad (16:4b-33), los/as lectores/as notarán que un segundo elemento de consuelo es proporcionado por medio de la promesa de volver a ver al Señor (v. 16).

2. Raymond E. Brown, El Evangelio según Juan XIII-XXI, 2 ed., 2 vols., vol. 2 (Madrid: Cristiandad, 2000), 1060.

3. También en 15:26 es Jesús el que lo envía, pero en 14:26 es el Padre. La iglesia se sintió obligada a dar cuenta de esta aparente divergencia. Así, la versión latina de credo niceno-constantinopolitano señala, para el Espíritu, su procedencia del Padre y del Hijo, lo que condujo a uno de los grandes cismas de la iglesia. Juan es ajeno al debate, pero de lo que se trata aquí es de la identificación de Jesús con el Padre, cuestión central en la teología juanina. En efecto, para citar al propio Jesús juanino, “el que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14:9).