< April 29, 2012 >

Comentario del San Juan 10:11-18

 

1) En ciertos lugares del mundo sigue habiendo pastores que marchan a la cabeza de sus rebaños.

Las ovejas andan sueltas y no hay alambrados que les interrumpan el paso. Transitan por enormes extensiones de montañas y valles siguiendo a un pastor que conoce el terreno y se encarga de conducirlas a lugares con agua y hierba fresca. El pastor vigila que las ovejas no sean atacadas y dispersadas por los lobos u otros predadores que eventualmente estén al acecho, y cuida que no se caigan en algún precipicio y se lastimen o se maten. Y todo eso lo puede hacer precisamente porque las ovejas lo conocen, reconocen su voz y van a su encuentro cuando las llama. Las ovejas dependen de su pastor, se saben cuidadas por él, y esa dependencia y ese cuidado es el que les permite estar a gusto, y a su manera, ser libres.

2) La imagen del buen pastor nos llega al alma y al corazón porque todos/as sabemos lo importante que es que alguien se ocupe de nosotros/as y nos cuide. No es una señal de debilidad reconocer que tenemos limitaciones y que necesitamos ayuda. Sólo podemos ser personas en el sentido más amplio de la palabra gracias a la ayuda y a las atenciones de otros/as. Lo recordamos de cuando éramos niños/as. Nuestros padres se esforzaron por hacer todo lo que estaba a su alcance para cuidarnos y asegurar que no nos pasara nada malo. No habrían sabido cómo seguir adelante si nos sucedía alguna desgracia y nunca nos pondremos tan grandes que estaremos en condiciones de prescindir de su consejo o palabra de aliento. Y si quien está leyendo estas líneas ahora tiene la experiencia de ser papá o mamá, por lazo biológico o afectivo, podrá confirmar que está dispuesto a desvivirse por su hijo/a. En ciertas ocasiones es muy poquito lo que un papá o una mamá tienen que hacer o decir para que su hijo vuelva a sentirse seguro, pero en comparación la confianza que por ese poquito deposita en el papá o la mamá un hijo puede ser enorme. También sabemos que hay muchos niños que no tienen quién se ocupe de ellos o que tienen que luchar por sobrevivir en un entorno en el que no los quieren o los maltratan. Y entendemos que no podemos ser indiferentes a la suerte de esos niños. Estamos en el mundo para ser "guardas" los unos de los otros (Gn 4.9), o en el lenguaje de Juan, para ser pastores los unos de los otros. Quizás la vida nos coloque en la difícil circunstancia de tener que intervenir para salvar a un niño del maltrato. Quizás la tarea pastoral nos coloque en la disyuntiva de guardar un secreto de confesión o de violarlo para rescatar a un niño de una situación de maltrato. En esa circunstancia seguro que recurriremos al auxilio de una dependencia pública y este es otro ámbito, el de la sociedad como un todo, en el que necesitamos buenos pastores, o sea buenos gobernantes y funcionarios que velen por los intereses y las necesidades de todos/as. Es funesto para una sociedad cuando los gobernantes se olvidan de su pueblo.

3) También en una pareja, en un matrimonio, entre amigos, nos experimentamos el uno al otro como pastores. Este es el ámbito en el que mejor podemos comprobar la acepción que le da Jesús al "ser conocido" (versículos 14 y 15). "Ser conocido" en la acepción que le da Jesús no es aparecer en la televisión o en otro medio de comunicación masiva ni tampoco es soportar la intimidación de quien con malicia nos dice "Yo te conozco" y "Ya vas a ver de lo que soy capaz con la información que poseo de ti". Para Jesús "conocer" y "ser conocido" es lo mismo que amar y ser amado, y que perdonar y aceptar ser perdonado. Es sentirnos seguros en presencia de otra persona aunque estemos desnudos, es no tener que fingir ante el otro lo que no somos, es tener fe en que el otro no se va a aprovechar de nuestra vulnerabilidad para atacarnos.

4) Los contemporáneos de Jesús estaban desilusionados con sus líderes. Los acusaban con las palabras del profeta Ezequiel de tomarse la leche de las ovejas, de vestirse con su lana, de sacrificar a las más pingües, de no apacentar el rebaño, de no fortalecer a las ovejas débiles ni cuidar a las enfermas ni curar a las heridas, ni hacer volver a las que se extraviaban, ni buscar a las perdidas, y de dominarlas a todas con violencia y dureza (Ez 34.3-4). Esperaban que Dios mismo interviniera, tal como se prometía en el mismo libro del profeta Ezequiel 34.11-12. Al presentarse como el buen pastor Jesús daba cumplimiento a esta profecía. No sería gratuito para Dios hacerse cargo del cuidado de su rebaño. Le costaría la vida de su hijo. A diferencia de los evangelios sinópticos que nos presentan a un Jesús que se resiste a morir, pero que finalmente lo acepta como la voluntad de su Padre, aquí Jesús está en control de su propia muerte (versículo 18) y en este evangelio se insiste en que sólo podrían arrestarlo cuando llegara su hora (7.30 y 8.20).

5) También hoy sabemos que quienes deben cuidarnos y velar por nosotros/as pueden fallar y que nosotros/as podemos fallarles a quienes esperan nuestros cuidados. De la misma manera sabemos que aunque todos/as hagamos los máximos esfuerzos para cuidarnos los unos a los otros, es posible que no salvemos a todos los niños del maltrato y es posible que sigan sucediendo cosas malas antes las cuales aun los máximos esfuerzos serán insuficientes. Esto es claro y patente. Lo que no es evidente, sino algo que se nos invita a creer es que por intermedio de Jesús Dios nos ofrece un espacio de amparo y de acogida para darle gracias por lo bueno que a pesar de todo nos sigue sucediendo y para protestar con vigor y firmeza por lo malo.