< July 29, 2018 >

Comentario del San Juan 6:1-21

 

Alimentación de los Cinco Mil (vv. 1-15)

San Juan describe una escena en la que Jesús va caminando al otro lado del mar de Galilea, junto a Tiberias. Le sigue una gran multitud que es atraída por sus milagros de sanación. Por esta razón, Jesús sube un monte y se sienta allí con sus discípulos. 

Cuando considera la situación que enfrenta, Jesús toma la iniciativa. Ya tiene la respuesta cuando le dice a Felipe: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (v. 5). La pregunta de Jesús no tiene solución práctica alguna, dado el sitio remoto en el que se encuentran. Se trata de una pregunta de prueba, para ver si Felipe contaría con Jesús para resolver el problema.1 A fin de cuentas, la pregunta abre el paso a la señal de Jesús. En esta narrativa, lo que al principio se muestra como una escasez de alimento, por la señal de Jesús se transforma en una sobre-abundancia de pan, hasta tal punto que sobra una gran cantidad de pedazos después de la alimentación de los cinco mil. 

“Entonces aquellos hombres, al ver la señal que Jesús había hecho, dijeron: ‘Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo’” (v. 14). El “Profeta” al que se refieren probablemente sea el que predijo Moisés en Deuteronomio 18:15. La señal de Jesús provocó en la multitud la idea de que él era el Profeta de la era final quien, como se creía, repetiría el milagro del maná.2

“Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerlo rey, volvió a retirarse al monte él sólo” (v. 15). Quienes presencian la señal de Jesús, lo ven como rey, pero como un rey cuyo reino es “de este mundo” (Juan 18:36). El malentendido fundamental tras la intención de apoderarse de Jesús tiene que ver con la naturaleza de su reinado.3  

En el v. 4, Juan indica que la pascua, la fiesta de los judíos, ya estaba cerca. Por eso es que resulta importante para Jesús evitar el malentendido del v. 15, justamente porque su hora todavía no había llegado. El verdadero cordero de la pascua es Jesús, cuyo reinado se manifiesta en su solidaridad con toda la humanidad, mediante su sufrimiento y muerte en la cruz y mediante su resurrección y ascensión.

El reinado que le correspondía desempeñar a Jesús no era “de este mundo”.  Es decir, no se trataba de liderar una salvación política, con el objetivo de liberar al pueblo de Israel de su opresión bajo la tiranía del imperio romano, como lo habrían pensado quienes querían apoderarse de él y hacerle rey (v. 15).  Se trata de una salvación mucho más amplia, que libera a toda la humanidad del enajenamiento producido por el verdugo del pecado.  La salvación que trae Jesús unifica a todos los pueblos y los reúne como un solo pueblo de Dios, bajo un solo nombre, el de Jesucristo, cuyo reino es universal y cuya salvación es escatológica.

Jesús Anda sobre el Mar (vv. 16-21)

Al anochecer, sus discípulos descienden del monte y se suben a una barca para cruzar el mar hacia Capernaum. A mitad de camino, les sorprende un viento que pone al mar en estado de agitación. Cuando habían remado hasta el centro del mar, “vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.  Pero él les dijo: --Yo soy; no temáis” (vv. 19-20). El divino “Yo soy” habla por sí mismo con sus hechos; se da a conocer por medio de sus obras. Las señales de Jesús en esta narrativa, primero la de andar sobre el mar para alcanzar a sus discípulos que están en medio del mar en plena tormenta, y luego la de embarcar y llegar inmediatamente con ellos a su destino en tierra firme, evocan imágenes que dirigen las miradas a Jesús tal cual es: el gran “Yo soy,” el centro de la narrativa. Tanto esta narrativa como la de la alimentación de los cinco mil están firmemente cimentadas en la era pospascual de la tradición Cristiana.4

Parece que la comunidad juanina estaba compuesta por personas que ya se identificaban como cristianas y otras que todavía se identificaban como judías.5 Quienes escuchaban este mensaje debían decidir si estaban a favor o en contra de Jesús. Debían preguntarse: ¿Quién es Jesús? ¿Qué significa su llegada? El evangelio según San Juan refleja la controversia y la división que ocurrieron en la comunidad cristiana juanina en torno de estas preguntas decisivas.6 El estar a favor o en contra de Jesús en base a sus señales y a lo que revelan sobre su identidad marca la diferencia entre la fe en Jesús y la incredulidad. Quien no cree en él se separa de la comunidad de los discípulos de Jesús; en este caso, de la comunidad juanina.

La obra del Rev. Dr. Robert T. Hoeferkamp, fallecido hace seis años, ilumina nuestras perícopas para este domingo y para los siguientes tres domingos después de Pentecostés, empezando con las siguientes aclaraciones:

Si la perícopa se interpreta principalmente de manera pospascual, el evangelista está predicando a un público en el presente—su presente—y está anunciando ante sus ojos, por medio de la señal (semeion en el original griego) interpretada, a Jesús crucificado y resucitado con el objetivo de evocar su fe en él como lleno de gracia y verdad.7

Así es que,

… para este escritor [R.T. Hoeferkamp] la manera decisiva de ver el Cuarto Evangelio es como una obra pospascual, en la cual las señales y los discursos son interpretados retrospectivamente a la luz de la cruz y la resurrección.8  

El marco de referencia contextual se continuará ampliando en las exégesis de las perícopas para los siguientes tres domingos después de Pentecostés. Mientras tanto, también debemos preguntarnos hoy cuál es nuestra fe y quién es para nosotros/as Jesucristo. Hay distintos tipos de fe, y no todos tienen que ver con la fe cristiana. Un ejemplo es la fe de otra religión. Otro ejemplo sería una fe idolátrica, como en el caso del avaro que tiene fe absoluta en el poder del dinero. Luego existe el caso de quien niega la fe cristiana, mas profesa tener fe en las ciencias. ¿Cuál es tu fe?


Notas:

1. Robert T. Hoeferkamp, The Relationship Between Semeia and Believing in the Fourth Gospel (Ph.D. diss., Christ Seminary - - Seminex, 1978), 116.

2. Rudolf Bultmann, The Gospel of John: A Commentary, gen. ed. G.R. Beasley-Murray , trans. G.R. Beasley-Murray,  R.W.N. Hoare and J.K. Riches (Philadelphia:  The Westminster Press, 1971), 228.

3. R.T. Hoeferkamp, The Relationship Between Semeia and Believing in the Fourth Gospel, 118.

4. C.K. Barret, The Gospel According to St. John:  An Introduction with Commentary and Notes on the Greek Text (London:  S.P.C.K., 1955), 233.

5. Barnabas Lindars, The Gospel of John, New Century Bible (London:  Oliphants, 1972), 270.

6. D.Moody Smith, John, Proclamation Commentaries:  The New Testament Witnesses for Preaching, ed. G. Krodel (Philadelphia:  Fortress Press, 1976), 88-89 y 94.

7. R.T. Hoeferkamp, The Relationship Between Semeia and Believing in the Fourth Gospel, 98-99.

8. Ibid., 98.