La Santísima Trinidad

Una presencia que continúa acompañando el camino

May 31, 2026

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Comentario del San Mateo 28:16-20



Pocas escenas del evangelio han recibido un nombre tan conocido como “La Gran Comisión.” Así suele llamarse al envío final de Jesús en el Evangelio según Mateo. Y, sin embargo, el relato sorprende porque no comienza con fuerza ni triunfalismo, sino con una pequeña frase que muchas veces pasa desapercibida: “algunos dudaban” (v. 17).

Mateo describe la escena final del evangelio mostrando una comunidad reunida ante Jesús resucitado, viviendo la tensión entre la disposición a la adoración y la fragilidad humana, entre la fe y las preguntas. Quizá por eso este texto continúa hablando con tanta fuerza a las comunidades creyentes de hoy.

Los discípulos y las discípulas llegan al monte donde Jesús les había citado. En el Evangelio de Mateo los montes suelen ser lugares de revelación, discernimiento y encuentro con Dios. Desde un monte Jesús enseñó las Bienaventuranzas y anunció el Reino. Ahora, nuevamente en un monte, la comunidad escucha las últimas palabras del Resucitado. Pero la escena no tiene un tono triunfalista ni perfecto. Frente a Jesús resucitado todavía permanecen el asombro, la fragilidad y las preguntas.

Cada evangelio recuerda de manera distinta este momento final de Jesús con sus discípulos y discípulas. Lucas habla de la promesa del Espíritu y del envío como testigos. Juan pone el acento en la paz y en el soplo del Espíritu sobre la comunidad reunida. Mateo, en cambio, subraya algo profundamente humano: aun frente al Resucitado, la comunidad continúa siendo vulnerable y frágil.

A diferencia de Lucas o Juan, Mateo no desarrolla largas escenas finales ni ofrece un cierre emotivo del relato. Su evangelio termina de manera sobria y casi abrupta: una montaña en Galilea, una comunidad pequeña, una misión y una promesa. Aun así, el final de Mateo resulta más desarrollado que el desenlace más antiguo del Evangelio de Marcos, donde las mujeres huyen del sepulcro llenas de temor y el relato parece interrumpirse de manera inesperada. Tal vez los evangelios quieren precisamente dejar el camino sin cerrar del todo, mostrando que la historia de Jesús continúa ahora en la vida y el testimonio de la comunidad creyente.

Mateo no esconde la fragilidad de aquella comunidad y resalta que en el mismo espacio conviven la adoración y la duda. Y quizá ahí se encuentre una de las dimensiones más esperanzadoras de este relato. Porque la duda no nos deja fuera del discipulado. Si miramos el texto con atención, vemos que Jesús no se aleja de quienes dudan; más bien se acerca.

Vivimos tiempos en que abundan las razones para dudar. Las guerras continúan desplazando pueblos enteros. Crecen los discursos de miedo y de odio hacia las personas migrantes y hacia quienes son vistos/as como diferentes. Muchas personas miran el futuro con incertidumbre, mientras las desigualdades, violencias y cansancios de nuestro tiempo también atraviesan a las comunidades creyentes. Podemos preguntarnos dónde encontrar esperanza en medio de tantas fracturas humanas. Y, sin embargo, el evangelio no muestra a Jesús alejándose de las personas frágiles. Por el contrario, se les acerca y les confía una tarea.

Y en ese momento aparece claro un detalle sumamente importante: antes de enviarles, Jesús se acerca y les habla. Porque en Jesús la misión no nace de la distancia ni de la imposición. Nace de una presencia que da sentido. El Resucitado no envía desde lejos. Camina hacia ellos y ellas. Se hace cercano. Y desde esa cercanía comparte una tarea.

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (v. 18), dice Jesús. En otros contextos, la autoridad suele expresarse mediante dominio, control o violencia. Pero en el Evangelio de Mateo la autoridad de Jesús se ha manifestado de otra manera: acercándose a las personas excluidas, sanando, compartiendo la mesa, levantando a quienes habían perdido la esperanza y anunciando el Reino de Dios a los pequeños y olvidados. La autoridad de Jesús no aplasta; da vida. No se impone por la fuerza; se expresa en el amor, la misericordia y el servicio.

Con frecuencia este texto ha sido leído solamente como un mandato misionero. Sin embargo, Mateo parece describir algo más profundo que una expansión religiosa. “Hacer discípulos” no consiste simplemente en aumentar números o extender estructuras. Tiene que ver con acompañar procesos de aprendizaje y de vida. El discipulado en el evangelio de Mateo está relacionado con aprender el camino de Jesús: la misericordia, la justicia, el cuidado de los pequeños, el amor al prójimo y la esperanza del Reino de Dios, es la tarea que nos toca asumir.

Por eso el envío ocurre hacia “todas las naciones” (v. 19). La comunidad de Jesús no es llamada a encerrarse en sí misma ni a vivir mirando solamente hacia el cielo. Es enviada al encuentro del mundo real, diverso, herido y necesitado de esperanza. La fe cristiana no se sostiene lejos de la historia humana, sino en medio de ella. El evangelio cruza fronteras y rompe la lógica del miedo al otro.

En este Domingo de la Trinidad, Mateo no ofrece una explicación doctrinal sobre Dios. Más bien deja entrever una experiencia de fe marcada por la presencia, el envío y la comunión. El Dios que Jesús encarna continúa acompañando a su comunidad en medio de la historia.

Quizá por eso el Evangelio de Mateo no termina con una exigencia, sino con una promesa: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (v. 20). Esa presencia es la que sostiene a la iglesia en medio de tiempos inciertos. No caminamos solos/as. Las comunidades creyentes continúan su misión entre preguntas, cansancios y desafíos, pero acompañadas por la presencia fiel de Jesús.

Tal vez la esperanza cristiana se parezca muchas veces a eso: a una porfiada esperanza. No una fe triunfalista ni libre de preguntas, sino la decisión de seguir caminando sostenidos/as por la presencia de Jesús, aun en medio de un mundo herido y complejo. Y quizá eso sea finalmente lo que Mateo quiere dejar en manos de la comunidad: no todas las respuestas, sino la certeza de una presencia que continúa acompañando el camino.

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Photo by Jon Tyson on Unsplash; licensed under CC0.

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