Comentario del San Mateo 10:24-39
Lealtades en tensión
Algunas palabras de Jesús nos resultan particularmente difíciles. Entre ellas se encuentran las afirmaciones de Mateo 10 acerca de la división, el conflicto y la pérdida de la vida. Sin embargo, cuando las situamos dentro del discurso misionero completo de Mateo, descubrimos que forman parte de una conversación más amplia sobre la fidelidad, la confianza y las tensiones que surgen cuando una comunidad decide tomarse en serio el camino de Jesús.
El pasaje de este domingo continúa el discurso que comenzó en Mateo 9:35–38. Allí Jesús contempla a las multitudes, se conmueve profundamente ante su sufrimiento y las describe como ovejas sin pastor. De esa compasión nace la misión. Jesús llama a sus discípulos y discípulas y les envía a participar en la tarea de sanar la vida. Pero el envío no elimina los conflictos.
Las comunidades para las cuales Mateo escribe conocían bien las tensiones que podían surgir al seguir a Jesús. Vivían en un tiempo de cambios profundos, conflictos religiosos e incertidumbres acerca del futuro. Sin embargo, el problema no era simplemente el conflicto. El Reino de Dios proponía una manera distinta de entender la vida, las relaciones humanas y el ejercicio del poder, y esa diferencia generaba resistencias e incomprensiones.
Seguir a Jesús puede colocarnos en tensión con las expectativas de nuestro propio entorno. Incluso las palabras más difíciles del texto—como las del v. 34—parecen apuntar en esa dirección. Jesús no está promoviendo la violencia, sino reconociendo que la fidelidad al Reino puede generar conflictos allí donde otras lealtades reclaman nuestra obediencia. La pregunta decisiva no es cuánto estamos dispuestos a sufrir, sino qué lealtades orientarán nuestras decisiones cuando aparezcan las presiones y las dificultades.
Mateo presenta a los discípulos y discípulas de Jesús como personas llamadas a discernir qué define realmente sus vidas y su forma de estar en el mundo. Jesús invita a perseverar cuando la compasión, la justicia, la misericordia y la esperanza conducen por caminos que otros no comprenden o no comparten. Esa tensión entre distintas lealtades no pertenece únicamente al pasado. También hoy múltiples voces reclaman nuestra fidelidad y compiten por orientar nuestras decisiones. Algunas nos prometen seguridad a cambio de indiferencia frente al sufrimiento ajeno. Otras nos invitan a organizar la vida alrededor del éxito, el prestigio o el poder.
En medio de esas voces, Jesús continúa llamando a sus seguidores y seguidoras a orientar su vida desde la compasión, la misericordia y la esperanza del Reino. Algo semejante expresó Martín Lutero al afirmar ante la Dieta de Worms: “Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios.” Más allá de aquel contexto histórico, sus palabras recuerdan que la fidelidad a aquello que hemos llegado a reconocer como verdadero puede exigir permanecer firmes aun cuando implique incomprensión o conflicto.
Una confianza más profunda que el miedo
Por eso resulta significativo que una de las expresiones más repetidas en este pasaje sea: “No temáis” (vv. 26, 28, 31). Jesús no niega la existencia de dificultades ni promete una vida libre de conflictos. Tampoco presenta una espiritualidad triunfalista capaz de evitar el sufrimiento. El miedo aparece aquí como una experiencia real. Miedo al rechazo, a la oposición, a la pérdida o a las consecuencias de vivir de una manera diferente. Jesús reconoce esa realidad, pero invita a no permitir que el miedo paralizante se convierta en la fuerza que determine las decisiones y las lealtades de sus seguidores y seguidoras.
La confianza de la que habla Jesús no nace de la ingenuidad ni del optimismo. Nace de la certeza de que Dios conoce, acompaña y sostiene la vida. Las referencias a los gorriones y a los cabellos contados de la cabeza (vv. 29–31) evocan escenas cotidianas que revelan la atención cuidadosa de Dios hacia toda su creación. Estas imágenes expresan la convicción de que nada de lo que ocurre en la vida humana escapa a la atención de Dios. Si incluso las criaturas más pequeñas son cuidadas, cuánto más lo serán quienes han sido llamados/as a participar en la misión del Reino. Por eso los discípulos y discípulas pueden perseverar sin necesidad de controlar el futuro ni de tener todas las respuestas.
La invitación de Jesús no consiste en aferrarse a las propias seguridades, sino en aprender a confiar. Quien vive dominado por el miedo a perder aquello que considera indispensable termina perdiendo lo que da verdadero sentido a la existencia. En cambio, quien se atreve a confiar en Dios y a orientar su vida según el camino de Jesús descubre una vida más profunda y más plena.
Las multitudes que conmovieron a Jesús continúan estando entre nosotros y nosotras. Siguen existiendo personas heridas por la exclusión, la violencia, la pobreza, la soledad o la pérdida de sentido y esperanza. Y siguen existiendo comunidades llamadas a responder a esa realidad desde la compasión. Mateo nos recuerda que esa misión no siempre será sencilla. Sin embargo, también nos recuerda que el miedo no tiene la última palabra. La confianza en Dios, la fidelidad al Evangelio y la esperanza que nace del Reino continúan sosteniendo a quienes deciden caminar tras las huellas de Jesús.
Seguir a Jesús no elimina las tensiones ni garantiza caminos sencillos. Lo que ofrece es un camino capaz de sostenernos cuando las certezas se tambalean y las presiones se multiplican. Quienes hemos descubierto en Jesús una dirección confiable para la vida podemos seguir caminando con perseverancia incluso en tiempos oscuros, sabiendo que Dios continúa sosteniendo la vida y abriendo caminos nuevos aun allí donde todo parece imposible.
La invitación de este pasaje es tan desafiante como esperanzadora: no permitir que el miedo determine nuestras lealtades ni nuestras decisiones. La fidelidad cristiana no se sostiene en la seguridad de tener todas las respuestas, sino en la confianza de saber quién nos llama y hacia dónde nos conduce. En tiempos marcados por la incertidumbre, la polarización y las voces que compiten por nuestra adhesión, el Evangelio nos convoca una vez más a arraigar la vida en la compasión, la misericordia y la esperanza del Reino, y compartirla con valentía (v. 27).
“Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (v. 31).




June 21, 2026