Día de Pentecostés

De la congoja a la esperanza

 

photo of holy spirit as fire stained glass window
Image: Church of the Ascension (Johnstown, Ohio). Detail from "Stained glass Window: The Holy Spirit as Fire," via Wikimedia Commons.

May 24, 2026

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Comentario del San Juan 20:19-23



Todos hemos tenido temporadas donde la tristeza se adueña de nuestras mentes. En tiempos así es como si la ansiedad o depresión nos encarcelaran en nuestros propios pensamientos y no pudiéramos salir de esa prisión. Sin duda los/as discípulos/as estuvieron al borde de la depresión después de sufrir la crucifixión y muerte de Jesús. Perturbados/as y escondidos/as debido al temor, experimentaron una aparición del Cristo resucitado que comenzaría a traer alivio y transformación a sus vidas. En la noche del primer Domingo de Pascua, Jesús atravesó las puertas cerradas diciéndoles, “¡Paz a vosotros!” (v. 19) y dándoles el regalo del Consolador.

¡Qué hermoso ejemplo de visita pastoral hecha por Jesús a un grupo de discípulos/as que habían decidido aislarse dando entrada y albergue al miedo que los abrumaba! No intentó tumbar la puerta. No entró gritando para regañarlos por su falta de fe y cobardía. Traspasó la puerta milagrosamente trayendo paz y consuelo con su presencia y sus palabras. Pero parecería que por causa del temor que sentían, no podían reconocer a quien estaba delante de ellos/as, y para asegurarles que era él, Jesús “les mostró las manos y el costado” (v. 20). No es tan fácil vencer la tristeza, pero las pruebas tangibles que Jesús les mostró hicieron posible que comenzara a regresar su gozo al verlo en cuerpo resucitado.

Entendiendo lo difícil que es superar el desconsuelo después de sufrir una tragedia, Jesús nuevamente les repite: “¡Paz a vosotros!” (v. 21a). Estas palabras dichas por el Principe de Paz tuvieron el efecto de disipar la congoja e inculcar esperanza donde antes solo había ansiedad y dolor. Tal es la experiencia de un encuentro genuino con el Cristo resucitado. Así como las vidas de los/as discípulos/as fueron transformadas con la aparición de Jesús, hoy en día también busca llevar paz y consuelo a las vidas de quienes han sufrido trauma, dolor y desilusión. Este es el mensaje del evangelio de Jesús, el Jesús en quien el ser humano puede comenzar de nuevo y encontrar una razón para vivir. Además, cabe destacar que Jesús hacía esta labor pastoral con el propósito de preparar a sus discípulos/as para enviarles tal y como el Padre lo había enviado a él (v. 21b).

Antes de ascender al cielo, Jesús estuvo con sus discípulos/as apareciéndoseles intermitentemente por 40 días. Este tiempo serviría para restaurarlos emocional y espiritualmente para que estuvieran listos/as para cumplir la misión evangelizadora a la que les enviaba. Sin embargo, como ya les había anunciado en sus últimas pláticas íntimas con ellos/as (Juan 14–16), Jesús les enviaría al Consolador para que estuviera con ellos/as y les guiara a toda verdad (14:26; 15:26; 16:7). Pero en vez de dejar la venida del Espíritu Santo como futura en el Día de Pentecostés, en el evangelio de Juan, Jesús sopla sobre sus discípulos/as en esa noche del primer Domingo de Pascua y les dice: “Recibid el Espíritu Santo” (v. 22). Esta acción y declaración que parecen tan insignificantes en realidad anuncian de manera muy importante la función de acompañamiento que el Espíritu Santo tendría no solo en las vidas de los/as discípulos/as, sino también con todos/as los/as que llegarían a seguir a Jesús.

En ocasiones, el ministerio del Espíritu Santo es visto primordialmente en dos esferas de operación. Por un lado, la obra santificadora en la vida del creyente es enfatizada para demarcar cómo el Espíritu Santo hace posible la regeneración (Tito 3:5) o nuevo nacimiento (Juan 3:5–6), y su continua santificación. Por otro lado, y con relación al Día de Pentecostés, el Espíritu Santo está vinculado al poder que se les da a los/as creyentes para ser testigos (Hechos 1:8). De esta manera, el Espíritu Santo equipa al creyente para el ministerio que desempeña en obediencia a la gran comisión. Aunque la recepción del Espíritu en este pasaje bien pudiera referirse a estas dos funciones, creo que, en el contexto de las últimas conversaciones que Jesús tiene con sus discípulos/as, aquí se refiere más a la tarea primaria del Espíritu de permanecer con ellos/as como el Paracletos (Consolador) que tomaría el lugar de Jesús (Juan 14:16).

Quizá no queda claro si Jesús sólo estaba anunciando por anticipado la venida del Espíritu Santo y que de esta manera estaba preparándoles para dicho evento. Lo que sí se puede afirmar, y que es una realidad para todo creyente que ha sido redimido en base al sacrificio expiatorio de la cruz, es que el Espíritu Santo ha hecho su habitación en el corazón de toda persona que ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador. Así como los/as discípulos/as caminaron con Jesús, ahora el creyente es acompañado en su diario vivir por el Espíritu Santo, quien nos guía a toda verdad y justicia e instruye en el camino del Señor. En corto, la vida cristiana debe ser vista como un caminar en comunión con el Consolador que fue enviado para ser el Amigo Cercano, Abogado Defensor, y Compañero Constante.

Visto desde una perspectiva relacional en comunión con el Espíritu, las últimas palabras de Jesús en este pasaje revelan una dimensión importante de la vida y ministerio cristiano. Como partícipes del ministerio de reconciliación bajo la dirección del Espíritu, Jesús les dice: “A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (v. 23). Esto no quiere decir que el poder de perdonar habría de residir en ellos/as mismos/as, sino más bien que, como ministros/as del nuevo pacto, participarían y serían testigos del poder reconciliador de Dios. Con estas palabras, la transformación emocional y espiritual de los/as discípulos/as queda en evidencia.

Los/as discípulos/as que estaban terminando el fin de semana más difícil de sus vidas fueron consolados/as, restaurados/as y empoderados/as para iniciar su misión como apóstoles del Cristo Resucitado. Lo que parecía ser el final triste de un período exitoso siguiendo a Jesús durante su ministerio terrenal llegó a ser el comienzo de una aventura misionera, siguiendo la dirección del Espíritu, de llevar el evangelio de salvación hasta el fin del mundo.

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Photo by Jon Tyson on Unsplash; licensed under CC0.

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