< December 22, 2019 >

Comentario del San Mateo 1:18-25

 

Mateo 1:18-25 comienza con una relación en crisis.

María estaba comprometida con José, pero ocurrió que quedó encinta antes de que se celebrara el matrimonio. José no sabía que el embarazo de María era obra del Espíritu Santo (v. 18), así que la situación era muy problemática para él. Romper el compromiso a causa de la infidelidad de la novia requeriría humillar a María en público. José opta más bien por romper el compromiso matrimonial secretamente (v. 19).

La narración valoriza el plan de José, explicando que es un hombre justo y que tiene la nobleza de no buscar la ignominia de María (v. 19). En el contexto del Evangelio de Mateo, decir que José es “justo” significa que José obedecía la ley (véase 5:17-19). En este caso, la ley requería la pena de muerte por lapidación (Dt 22:23-24). No es seguro que este castigo haya sido aplicado en Palestina en el primer siglo de la era común, pero quizá José buscaba evitar que María sufriera dicho castigo. A lo menos, José no quería someterla a la deshonra pública.

Este deseo es encomiable. Como sea, José resuelve dejar a María. Ni siquiera quiere discutir con ella sobre las circunstancias de su embarazo. Soltera y embarazada, el futuro de María no sería muy prometedor si José llevaba a cabo su plan. En aquella sociedad patriarcal, la seguridad y bienestar de una mujer joven dependía en gran parte de estar relacionada con un varón cabeza de familia como su padre o esposo. Y esto es sin mencionar las preocupaciones y dificultades naturales que acompañan el embarazo de cualquier mujer, especialmente la primeriza que vivía en una época en que la preñez a menudo era fatal. El que se considere honorable dejarla así nos habla de lo rotas que están las relaciones entre los seres humanos y de las condiciones sociales que experimentan.

Pero Dios interviene de inmediato por medio de su ángel para evitar que José abandone a María. Mateo sigue la preferencia que muestran las historias del Pentateuco cuando describen los encuentros con Dios a través de sus ángeles, quienes en realidad representan a Dios mismo (p. ej., Gn 16:7-13; Éx 3:1-6). El ángel de Dios visita a José en sus sueños para decirle que debe recibir a María como su esposa y que es por medio del Espíritu Santo que ella está embarazada de un hijo (v. 20). Con esta acción el ángel rescata a María de un futuro incierto. José muestra que es un hombre justo cuando obedece las instrucciones del ángel, como lo hace también en 2:13-14 y 2:19-22.

Además de salvar a María y evitar que se cancele el matrimonio, el ángel instruye a José para que al niño le ponga por nombre “Jesús,” y le explica el significado del nombre (cfr. Gn 17:19). Este nombre imita el nombre hebreo “Josué” (Yehoshu‘a) que significaba “Yahveh es salvación” a causa de su conexión con la raíz hebrea “salvar” (ysh‘). Jesús “salvará a su pueblo de sus pecados” (v. 21). De esta manera, Mateo conecta el significado del nombre con la misión de Jesús.

“Jesús” no es el único nombre asociado con este hijo biológico de María y legal de José. El otro es “Emanuel,” que se introduce a través de la fórmula de cumplimiento en los vv. 22-23. Según Mateo, María concibió a Jesús siendo virgen (v. 25) a fin de que se cumpla lo dicho por Isaías 7:14, específicamente lo que dice la Septuaginta que traduce la palabra hebrea ‘almah –que indica una mujer joven (hasta casada)– con la palabra griega parthenos, que indica una virgen. Para Mateo, Jesús también realiza el significado del nombre que Isaías 7:14 le puso al niño del que hablaba, quien en el contexto original de Isaías puede haber sido el hijo del rey Acaz.

Aunque José no le pone a Jesús el nombre “Emanuel” (v. 25), el Evangelista considera a Jesús como el cumplimiento del significado de este nombre. Por eso le informa al lector que “Emanuel” (en hebreo, ‘Immanu’el) literalmente significa “Dios con nosotros” (v. 23). Mateo incluso estructura su Evangelio para asegurarse de que al final Jesús cumpla con este aspecto de su identidad que fuera mencionado al principio. Después de su resurrección, Jesús promete a sus discípulos que estará con ellos “todos los días, hasta el fin del mundo” (28:20), cumpliendo el significado de Emanuel; esto es, su presencia divina permanece en la iglesia (cfr. 18:20).

Mediante estos dos nombres, “Jesús” y “Emanuel,” Mateo propone que Jesús tiene por lo menos dos funciones principales como Hijo de Dios: (1) nos salva de nuestros pecados y (2) nos trae la presencia de Dios. En otras palabras, Mateo afirma que estos nombres señalan que en Jesucristo se termina con nuestra separación de Dios. Se nos libera de los pecados que causan esta separación, no solamente de Dios sino uno del otro.

Según Mateo, es a través de Jesús que Dios acaba con la separación y división entre nosotros/as y entre nosotros/as y Dios. Vemos que Dios actúa para unir y sanar; no para dividir y herir. Aunque José pensó en separarse de María, no lo hizo porque escuchó a la voz de Dios. La predicación sobre esta lectura puede inspirar a las personas creyentes a escuchar la voz de Dios que nos desafía a tomar medidas que instauren unidad y sanen las relaciones heridas que persisten en y entre nosotros/as.