< December 08, 2019 >

Comentario del San Mateo 3:1-12

 

Mateo 3:1-12 nos presenta a Juan el Bautista y su mensaje junto con la recepción positiva de la gente a este mensaje.

También nos habla de los fariseos y saduceos, dos grupos de líderes judíos que se oponían al mensaje que Juan predicaba, mensaje que Jesús llevó a cabo en su ministerio.

El primer versículo de la lectura nos informa que Juan conduce su ministerio en el desierto. Fue en un desierto (el desierto de Sinaí) donde Dios formó a su pueblo mediante el pacto que instituyó con los hebreos que liberó en el éxodo. Ahora en el desierto de Judea, Juan viene para exigir arrepentimiento. Juan sigue la tradición de los profetas, cuyo llamado al arrepentimiento tenía la intención de renovar la obediencia a la alianza con Dios entre todo el pueblo, incluyendo a los líderes políticos y religiosos de Israel y Judá.

¿Por qué llama Juan al arrepentimiento? Porque el reino de los cielos se ha acercado (v. 2). Mateo típicamente dice “el reino de los cielos” en lugar de “el reino de Dios” (p. ej. Mt 4:17 y Mc 1:15; Mt 5:3 y Lc 6:20), pero para él estas frases indican lo mismo. Por siguiente, el mensaje del Bautista es esencialmente escatológico: el “día del Señor” ha amanecido, el día que fuera anunciado por los profetas (p. ej., Is 2:6-22; Jl 2:1-11).

Mateo emplea una cita de las escrituras y la descripción de la ropa que Juan usaba para conectarlo con la tradición profética. La cita es Isaías 40:3, que según la traducción griega de la Septuaginta habla de una voz que clama en el desierto. Para Mateo, Juan es esta voz (v. 3). Además, la ropa y la comida de Juan (v. 4) establecen una correlación entre él y el profeta Elías (2 Re 1:8). Según Malaquías 4:5-6, antes de que venga el día del Señor, Elías regresaría para “volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres.” Para Mateo, la identidad y actividad del Bautista constituyen el cumplimiento de esta expectación (Mt 11:14; 17:12-13).

El Bautista entonces conduce una actividad profética, la de motivar el arrepentimiento del pueblo de Dios, bajo de la expectación apocalíptica de la venida del día del Señor. El arrepentimiento es necesario porque esta venida resultará en el juicio final. La idea es estar en buena relación con Dios antes de su llegada. El bautismo funciona como los lavamientos rituales que permitían que uno fuese elegible para entrar en un espacio sagrado. Es un acto de culto que nos prepara para entrar en la presencia sagrada de Dios ahora que su reino es una realidad presente en el mundo. Según los vv. 5-6, muchos respondieron positivamente al Bautista, y hasta confesaron sus pecados.

En todo su evangelio, Mateo retrata a los líderes judíos como enemigos fijos de Jesús. Esta es la primera vez que los fariseos y los saduceos aparecen en este Evangelio, y Juan se dirige a ellos con una retórica polémica. Los llama “¡generación de víboras!” (v. 7), y les dice sin sutilezas que su linaje abrahámico no los hace algo especial (v. 9). En esto Juan sigue la tradición establecida por los profetas bíblicos, que con frecuencia confrontaban a los líderes del pueblo. Es cierto que el Evangelio de Mateo está impregnado de antagonismo en contra de los líderes judíos, pero también hay que recordar que este antagonismo es resultado del conflicto que había entre la comunidad judía-cristiana que produjo este evangelio y sus vecinos judíos. Esto es, hay razones históricas que explican por qué los líderes judíos son representados tan negativamente en este Evangelio. Por lo tanto, al predicar uno debe ser cuidadoso de no presentar este antagonismo de una manera que caracterice negativamente a la religión judía, especialmente cuando estamos predicando a partir de un evangelio que tiene una marcada orientación judía. El Evangelio de Mateo no puede entenderse bien sin saber algo sobre el judaísmo de la época de Jesús.

Juan desafía a los fariseos y saduceos a que se arrepientan al igual que los demás. El Evangelio de Mateo demanda que hagamos obras justas (p. ej., 7:21). Estas obras afectarán nuestra posición en el juicio final (7:22-23; 25:31-46). En este sentido, Mateo está totalmente de acuerdo con lo que dice Santiago 2:17: “La fe, si no tiene obras, está completamente muerta.” Conforme a este tema, Juan les dice a los fariseos y saduceos que produzcan “frutos dignos de arrepentimiento” (v. 8), y les advierte que los árboles que no dan buen fruto serán arrojados al fuego (v. 10; cfr. 25:41-46).

Juan termina sus palabras hablando de la venida de Jesús. Aunque la predicación de Juan tiene cierto paralelo con la de Jesús (véase 4:17), Juan admite que Jesús lo supera totalmente. Jesús trae un bautismo superior y ejecutará el juicio final del cual Juan habla (vv. 11-12).

Al esperar la celebración del nacimiento de Jesús en este Segundo Domingo de Adviento, podemos escuchar de nuevo el mensaje del Bautista. Al anticipar la llegada de la Navidad, ¿qué podemos hacer para corregir nuestra relación con Dios y unos con otros? ¿Podemos dedicar más tiempo a la oración y la contemplación para mejorar nuestra relación con Dios, y hasta confesarle nuestros pecados? ¿Podemos tratar de reconciliarnos con ciertas personas o familiares? El Adviento puede considerarse como una temporada apropiada para empezar de nuevo en nuestra vida espiritual y social, la cual quizá necesite un nuevo comienzo.

Seguramente las palabras contra los fariseos y saduceos sirven como una advertencia a los predicadores y líderes de la iglesia. La tentación de suponer que uno vive aprobado por Dios es casi inevitable para los líderes religiosos de hoy como lo fue para los líderes del primer siglo. La temporada de Adviento también sirve para que los líderes de la iglesia cristiana reexaminen su relación con Dios y disciernan si su misión y sus obras están de acuerdo con el reino de los cielos que Juan proclama.