< January 20, 2019 >

Comentario del San Juan 2:1-11

 

Nuestro texto es el principio del ministerio de Jesús en el evangelio de Juan.

(La semana que viene veremos el principio de ese ministerio según el evangelio de Lucas cap. 4). El texto relata la historia de la primera señal hecha por Jesús y está ubicado al principio de una sección del evangelio, 2:1 hasta 12:50, donde se encuentran las siete señales en este evangelio: la transformación milagrosa de agua a vino, que es nuestro texto para hoy en 2:1-11; la sanación del hijo de un oficial del rey en 4:43-54; la sanación del paralítico de Betesda en 5:1-18; la alimentación de una multitud en 6:1-15; la caminata sobre el mar en 6:16-21; la curación de un ciego de nacimiento en 9:1-34; y la resurrección de Lázaro en 11:1-44.  

La Falta de Vino

Los primeros tres versículos describen el contexto y la situación para el milagro de Jesús. Se celebran unas bodas en el pueblo de Caná en el territorio de Galilea donde están presentes Jesús, su madre, y los discípulos. Las primeras tres palabras del v. 3 nos dicen tersamente: “Y faltó vino.” La madre de Jesús muestra fe en Jesús, o mejor dicho le muestra una confianza que sobrepasa la fe cuando le dice “no tienen vino” (v. 3), indicando así que ella cree que su hijo puede hacer algo para resolver el problema. Jesús pone una distancia entre él y ella, entre él y todo ser humano, en el v. 4, cuando señala que toda acción divina por medio de Jesús tendrá lugar solamente según el horario y el plan de Dios. La madre vuelve a confiar en él cuando les dice a los sirvientes “haced todo lo que él os diga” (v. 5), volviendo a indicar así que ella cree que va a decirles algo, que va a hacer algo.

Los vv. 6-9 relatan el milagro. Las seis tinajas para los ritos de purificación judías contienen entre 20 y 30 galones cada uno; en total, caben entre 120 y 180 galones de agua en las seis tinajas. Con todos esos galones de agua convertidos en vino, ¡salen entre 340 y 510 botellas de vino! Jesús aquí no rechaza al judaísmo, sino que busca transformarlo. El rabí Jesús quiere empezar una nueva trayectoria dentro de su propia religión.

El milagro se relata con una mera mención abreviada—“el agua hecha vino,” v. 9. Así subraya el evangelista la acción de Dios que tiene lugar en los contextos ordinarios de la vida diaria y de una manera muy sutil y sin carácter destacado. Pero a la vez tiene un poder fuerte para trasformar las cosas.

El encargado de la fiesta verifica el milagro en el v. 10, hablando al esposo y llamando el resultado del milagro de Jesús “el buen vino.” El evangelista quiere indicar así que el verdadero resultado de la trasformación divina es el acceso aquí abierto a la bondad de Dios.

Los vv. 10-11 constituyen la verificación del milagro y la conclusión de la historia. Aunque leemos en el v. 4 que Jesús dice a su madre “aún no ha llegado mi hora,” o sea que no ha llegado la hora de su glorificación en su muerte y resurrección, sin embargo en el v. 11 leemos que Jesús sí “manifestó su gloria.” La señal muestra e indica el poder que viene en la resurrección de Jesucristo en la nueva vida.  

El relato concluye cuando el evangelista nos dice que “sus discípulos creyeron en él” (v. 11). Este es el propósito de esta señal, esta obra milagrosa de Jesús que es a la vez el propósito y la esperanza de todo el evangelio de Juan: Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:30-31).

Temas y Preguntas para la Predicación Fiel Hoy en Día

Los comentaristas describen la cantidad de vino que produce Jesús con palabras como “abundancia” y “extravagancia,” pues la cantidad sobrepasa lo que se podía esperar en unas bodas de una familia en el contexto social de esta historia. Si medimos hoy, serían algo así como varios cientos de botellas de vino. Pero claro que el punto del evangelista Juan es teológico: la vida que ofrece Dios se caracteriza por esa misma abundancia extravagante y por el mismo gozo que se experimenta en unas bodas que no tienen que interrumpirse abruptamente por falta de vino.  

En nuestro mundo de hoy, ¿cuáles son las escaseces, las faltas que vemos y que amenazan una vida abundante humana sobre la tierra? ¿Gente que no tiene suficiente para comer, que no tiene casas para vivir, que no tiene ni familia ni amistades ni comunidad social o religiosa? ¿Todos los rincones en la familia humana donde no hay compasión, ni paz, ni amor, ni esperanza?

¿Entregamos esas escaseces y faltas a Jesús en la fe y la confianza de que él puede hacerles una trasformación divina? ¿Que él sí puede llenar lo que le falta a la gente que sufre?

Además de tales escaseces, ¿notamos también las varias faltas de gozo entre los seres humanos? ¿Cómo sería si la familia entera de la humanidad viviera como en unas celebraciones matrimoniales en las que el vino, la felicidad y el regocijo fueran inagotables?  

Esta historia de Juan 2:1-11, además de todo el evangelio de Juan (20.30-31), se escribe para que la gente tenga fe, para que nosotros/as los/as lectores/as de hoy en día tengamos fe. ¿Pues la tenemos?

Esta fe se divide en dos partes. Por un lado, es una fe en que Jesús es el hijo de Dios; por otro, es una confianza en que Dios en Cristo es poderoso y puede hacer milagros de trasformación divina como cambiar el agua en vino en las bodas y como los hechos divinos de los otros seis milagros relatados en Juan. ¿Tenemos esta fe?