< November 12, 2017 >

Comentario del San Mateo 25:1-13

 

La parábola de las diez vírgenes es una de las parábolas que aparecen una a continuación de la otra en el quinto discurso de Jesús en el evangelio según San Mateo (24:1-25:46): la higuera (24:32-44), el siervo fiel y prudente (24:45-51), las diez vírgenes (25:1-13), los talentos (24:14-30) y, en cierta medida, el juicio de las naciones (25:31-46).

Este discurso es conocido como el “discurso escatológico.” El evangelio pone en boca de Jesús la respuesta a la pregunta de sus discípulos acerca de cuáles serían las señales de su venida (parousía en el original griego) y cuándo sería el fin del siglo (24:3). Aunque Mateo haya introducido anteriormente algunos de los temas principales que encontramos en estos capítulos, como el de falsos profetas (7:15-23), la persecución de los discípulos (10:16-39) y la venida del Hijo del Hombre (16:27), en este discurso los trata de manera sistemática. Parte del material en estos capítulos tiene paralelos con el evangelio según San Marcos (Mc 13) y el evangelio según San Lucas (Lucas 12:41-48; 19:11-27). Sin embargo, esta parábola y la sección sobre el juicio de las naciones (25:1-13 y 31-46) son exclusivas de Mateo. En su totalidad, este discurso enfatiza la importancia de la fidelidad en los momentos de dificultades y persecución, y la vigilancia continua por la incierta hora de la llegada del Hijo del Hombre, para que la misma no tome por sorpresa a los creyentes.

Aunque la porción que nos corresponde se limita a la parábola de las diez vírgenes, es conveniente recordar que no se trata de una parábola aislada de su contexto, sino que forma parte de un discurso mayor dentro de la trama del evangelio. Con esto en mente, la interpretación de la parábola toma un matiz de sentido vinculado con el fin del mundo, como parte del drama de la historia de la salvación. La primera parte del discurso consiste en una descripción con sabor apocalíptico (la literatura que trata de símbolos y revelaciones sobre el fin) de los eventos relacionados con la venida del Hijo del Hombre (24:1-35). La segunda parte del discurso consiste en una serie de parábolas de exhortación a la vigilancia y fidelidad (24:32-44 y 45-51; 25:1-30). El discurso escatológico concluye con una escena del juicio de las naciones (25:31-46) en el cual las personas serán juzgadas según sus respuestas a la necesidad humana de solidaridad y cuidado de los “hermanos más pequeños” (25:40, 45).

La parábola de las diez vírgenes concluye con la exhortación de “velad” porque los discípulos no saben “el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (25:13). Esta frase resume el tema sobre la vigilancia y la necesidad de estar preparados de toda esta sección del discurso (24:36-25:30). Es necesario velar (o “mantenerse despiertos;” en el original griego gregoreo) por la imposibilidad de conocer el tiempo específico de la parousía (24:36-44).

Las Diez Vírgenes

La parábola de las diez vírgenes, que es exclusiva de Mateo, utiliza las costumbres de las fiestas de bodas en el mundo antiguo como imagen para exhortar a la comunidad a la continua vigilancia (a estar preparados) hasta la venida del Hijo del Hombre. Las costumbres nupciales de la época de Mateo eran muy particulares. El proceso para contraer matrimonio tenía dos partes principales. En primer lugar, se realizaba un contrato entre las familias de los futuros cónyuges que equivalía a un compromiso de matrimonio. El matrimonio se consumaba alrededor de un año después con una celebración para toda la familia y amistades que podía durar varios días. Esta celebración se llevaba a cabo en la casa de los padres del novio (o eventualmente en el nuevo hogar de la pareja). Unas muchachas jóvenes a menudo acompañaban a la novia en la espera del novio que venía para llevarla a la casa de sus padres, donde se harían las festividades. Esta llegada podía demorarse por muchas razones, entre ellas, que el novio podía ser detenido por amistades y vecinos que celebraban con él cuando se dirigía a la casa de la novia. La hora de la llegada del novio no podía calcularse con facilidad.

Esta parábola contrasta la conducta de cinco vírgenes prudentes con la de cinco vírgenes insensatas. Las jóvenes debían estar preparadas, sea cual fuera el momento en que llegara el novio, para acompañar la procesión de los novios a la casa de los padres del novio donde se llevaba a cabo el banquete. La demora en la llegada del novio equivalía a la demora en la parousía, y por eso Mateo exhorta la comunidad de fieles a ser como las cinco vírgenes prudentes que estuvieron preparadas para la llegada del novio. La prudencia de estar preparados/as para la venida del Señor tiene la recompensa de participar en la boda con la que se compara el reino de los cielos. El castigo por la insensatez de no estar preparados/as consiste en la no participación en los beneficios del reino. Como en Mateo 7:21-23, el Señor responderá “no os conozco.” La parábola concluye reiterando lo dicho en 24:42: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (25:13).

Creo oportuno evitar la especulación de carácter apocalíptico sobre itinerarios y revelaciones del fin del mundo, en la que fácilmente podemos caer cuando no se toma en cuenta el texto y el contexto del evangelio. Más que especular sobre señales y horarios relacionados con el fin del mundo, la parábola nos invita a reflexionar sobre estas preguntas: ¿Qué debe hacer la comunidad de fieles en el tiempo entre la proclamación de Jesús y la parou­sía? ¿Cómo debe ocupar su tiempo? Estas preguntas son respondidas en las parábolas de los dos siervos (24:45-51), las diez vírgenes (25:1-13) y los talentos (25:14-30). El tema de la ejecución fiel de las tareas asignadas y sus respectivas recompensas caracteriza a la primera y la tercera de las parábolas. La parábola que hoy nos corresponde enfatiza el tema de la vigilancia continua para estar preparados en contraste las cinco vírgenes que no lo estaban. Cada una de estas parábolas contrasta la conducta adecuada de algunas personas con la conducta negligente de otras. El evangelio enfatiza la importancia de estar vigilante, ocuparse en hacer la voluntad de Dios, y advierte sobre las consecuencias de la negligencia y desobediencia.

Reflexión Final

Mateo 24:1-25:46 es el quinto y último gran discurso de Jesús en este evangelio, en el cual, a la vez que anuncia la caída de Jerusalén y la destrucción del templo, exhorta a la iglesia a mantener una actitud vigilante hasta el regreso del Hijo del Hombre al fin de los tiempos. A pesar del uso de imágenes y palabras comunes en la literatura apocalíptica, el discurso no debe considerarse como un itinerario de los eventos que señalan la fecha exacta de la venida del Hijo del Hombre. Al contrario, el discurso advierte constantemente sobre lo incierto y sorpresivo de la hora. Aunque parte del discurso pueda ser interpretado a la luz de acontecimientos relacionados con la caída de Jerusalén y la destrucción del templo, su mensaje no se limita a una descripción del pasado, sino que su horizonte se extiende a través de toda la historia de la iglesia, al presente de quien lee el evangelio, y al futuro indeterminado de la parousía del Señor.

En este sentido, se trata de un discurso que apela a la iglesia contemporánea. Es una invitación a la vigilancia constante. El hecho de no poder determinar “el día ni la hora” de la venida del Hijo del Hombre no significa que la iglesia pueda darse el lujo de descuidar la práctica de su responsabilidad ética y su misión en el mundo. Al contrario, la iglesia está llamada a estar preparada todo el tiempo, a trabajar como si su Señor se tardara en venir, y a vivir como si su venida fuera en el futuro inmediato. Esta vigilancia continua debe ser acompañada de diligencia en el trabajo. Como en la parábola de los talentos, se advierte a los/as discípulos/as que el criterio último para la aceptación de su rendición de cuentas no es el éxito sino la fidelidad.