< September 10, 2017 >

Comentario del San Mateo 18:15-20

 

“Yo perdono, pero no olvido” (Refrán popular)

La iglesia es una comunidad en la que se fomentan relaciones fraternas que van más allá del simple encuentro entre personas en una reunión dominical. Conforme a las enseñanzas de Jesús, la iglesia debe ser el contexto para la conformación de un nuevo orden de vida marcado por el signo del reino de Dios entre nosotros/as. En ese sentido, la iglesia y todo lo que a través de ella y su misión se promueve colaboran en el desarrollo de una sociedad mejor. Nuestra sociedad contemporánea experimenta el deterioro de valores que por mucho tiempo ocupaban lugares vitales en nuestras familias. Los problemas en las relaciones interpersonales y las relaciones maltrechas por la falta de ayuda asertiva están a la orden del día. La iglesia como comunidad no está ajena a todos estos males sociales. De hecho, en muchos casos sus dinámicas internas son simplemente el reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Por ende, está llamada a sanar corazones heridos, a ser facilitadora en procesos de reconciliación, a educar acerca del perdón y a que sus miembros oren los unos por los otros como medio efectivo de la gracia de Dios. 

Viendo el Texto en su Contexto: ¿Qué Dice? ¿Qué Informa? 

Como hemos ido señalando en los pasados comentarios, Mateo nos presenta a Jesús formando a sus discípulos. Hemos dejado claro, además, que tales enseñanzas son el reflejo de la formación que la comunidad de Mateo está recibiendo. El capítulo 18 trata sobre los temas de la humildad y el perdón. En este capítulo, Jesús comienza a esbozar una serie de regulaciones en relación a cómo vivir la vida en la comunidad cristiana. Para el tiempo en que Mateo escribió su evangelio, las comunidades cristianas estaban experimentando no sólo situaciones externas de persecución, sino también controversias internas que requerían ciertas acciones disciplinarias. Por ello, el capítulo 18 no sólo ofrece pistas para la disciplina o la corrección fraterna en la comunidad, sino también principios éticos a seguir bajo el signo de la cruz. El texto bajo estudio, en los vv. 15-20, habla de que las personas creyentes deben buscar siempre la reconciliación si ofenden a otras personas creyentes.  

Acerca del Perdón 

El v. 15 comienza con las siguientes palabras: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti...” En primer lugar, no se especifica el tipo de ofensa o pecado hacia la persona ofendida. Sólo podemos decir que se trata de un caso de ofensa personal. El verbo griego jamartese (peca) muy bien puede significar una ofensa grave o algo indebido que se ha cometido. Algunos estudiosos de la Biblia lo definen como “errar el blanco.” En este caso, el blanco al cual todo cristiano debe aspirar es el “amor fraternal.” El asunto es que tal ofensa parece ser tan grave que puede implicar la expulsión (excomunión) de la comunidad.

Una vez comprobada la ofensa, Jesús comparte el proceso a seguir para restablecer una relación fraternal afectada (vv. 15-17):

1. Encuentro privado entre la persona ofendida y la que ofendió. Se convoca a la persona ofensora a solas, es decir, se la confronta en privado: “ve y repréndelo estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano” (v. 15b). 

2. La persona ofendida debe escoger a uno o dos hermanos/as. Si la primera acción no da resultado, “si no te oye,” se mantiene la confrontación en privado, pero con dos o tres testigos de la comunidad de fe (véanse Dt 19:15; Jn 8:17; 2 Co 13:1; 1Ti 5:19). El propósito de estos testigos es triple:

a. Escuchar de la forma más objetiva el planteamiento de las dos partes.

b. Exhortar a la persona errada, si consideran que es culpable.

c. Llevar el informe a la iglesia si no logran una resolución del caso. Este paso sólo se da si el segundo fracasa. Involucra llevar el caso ante toda la asamblea para que pueda votar y opinar. 

3. La excomunión en caso de ser necesaria. Como ya se dijo, si la persona ofensora no les hace caso a estos miembros de la comunidad, se debe confrontar a la persona ante la comunidad de fe: “dilo a la iglesia.” En otras palabras, el caso se hace público. “Y si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y publicano,” es decir, se expulsará a dicha persona de la comunidad. Aquí Mateo usa para “iglesia” la palabra griega ekklesia que significa “asamblea” o “congregación.”

Como en la sinagoga, la medida más severa que se podía tomar en la congregación cristiana contra uno de sus miembros, era la expulsión o excomunión (1Co 5:1-8, 11-13). Resulta interesante que Mateo ponga en boca de Jesús estas palabras de excomunión. Son discordantes con el tono general de los evangelios y con el hecho de que Jesús es presentado como amigo de publicanos y pecadores. No obstante, las palabras de Mateo aquí son una expresión de uso corriente para designar a las personas inaceptables en la comunidad judía. Y lo que el texto sugiere es que se trata a la gente como pagana o como cobradores de impuestos justamente para animarlos/as a que se arrepientan y reformen.

La Cuestión de Atar y Desatar

Cuando Jesús dice que “todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (v. 18) está queriendo decir que si las medidas disciplinarias de la iglesia se toman conforme a las enseñanzas de Jesús y en el espíritu del amor, entonces serán ratificadas en los cielos. En otras palabras, la iglesia ha recibido la autoridad para señalar y llamar la atención (atar) acerca de problemas que atentan contra la estabilidad de la comunidad, así como para perdonar, guiar y conducir (desatar) al bienestar de todas las partes involucradas, en especial al de quienes han errado en su conducta. Estas son siempre acciones de toda la comunidad y no de una sola autoridad individual de la iglesia, lo cual evita el posible abuso de poder. Ante conflictos internos, Mateo parece estar haciendo un llamado también a la unidad y a la resolución de conflictos de manera comunitaria y no de forma arbitraria. 

La Oración: Elemento Vital para los Procesos de Disciplina 

En el v. 19 Jesús recomienda que las decisiones en procesos como el discutido siempre estén acompañadas de momentos de oración. Por ello dice: “si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” Nótese que aquí Jesús hace referencia a la oración en el contexto comunitario y de la búsqueda de la unidad. La expresión “se ponen de acuerdo” traduce un verbo griego del cual viene la palabra “sinfonía” (symphonesosin), que implica “producir juntamente un sonido” o “cantar y/o hablar al unísono.” 

La promesa sugiere que la oración de un grupo de creyentes por un asunto en común tiene gran eficacia. Ahora bien, hay quienes sacan de contexto el presente texto. Estas palabras deben ser entendidas en el contexto que estamos discutiendo, el de los asuntos de disciplina dentro de la iglesia. No es una fórmula que obligue a Dios a otorgar cualquier cosa. Por supuesto que la iglesia puede confiar en que también será eficaz la oración de manera grupal por otros asuntos, pero en este caso, el asunto y las palabras de Jesús se refieren a relaciones fraternales rotas que requieren oración. No se plantea aquí ningún otro asunto. 

En el v. 20 se promete la presencia de Jesús cuando dos o tres se reúnan en su nombre para atender asuntos que promuevan la extensión del reino. Hoy podemos afirmar que la presencia de Jesús se hace real por medio del Espíritu del Santo. 

Ayudas para la predicación

1. Este pasaje bíblico refleja situaciones de conflicto dentro de la comunidad mateana. Su objetivo es el llamado a la reconciliación en las relaciones fraternas entre los creyentes.  

2. El asunto del perdón es vital en los procesos de reconciliación. Estos procesos de reconciliación deben gestarse en amor fraternal y de manera justa, buscando no sólo la restauración de las personas involucradas, sino también la estabilidad del cuerpo de Cristo. Una iglesia sana en relaciones fraternales desarrolla con más eficacia la misión.

3. Como se muestra en el texto, a la iglesia le ha sido dada una autoridad para disciplinar, pero debe hacerlo siguiendo procesos en los que todas las partes tengan la oportunidad de ser escuchadas. Actualmente las denominaciones cristianas tienen procesos diversos para la aplicación de la disciplina eclesiástica. En el proceso justo propuesto por Jesús, el ejercicio de la autoridad no recae en una persona, sino en la comunidad de fe. La iglesia opina y toma decisiones. Ante todo, la iglesia es una facilitadora en la sanación de relaciones maltrechas. Actualmente estos asuntos son dilucidados por los cuerpos gobernantes, que en esencia son una representación de la totalidad de la congregación.

4. Es importante preguntarnos cómo nuestras congregaciones ejercen hoy la disciplina hacia los creyentes. Se debe ser cauteloso de no caer en una “disciplina fundamentalista” que aparte a la persona necesitada y haga perder la oportunidad de guiar con amor y justicia. La disciplina nunca puede violar los derechos y la dignidad humana.

5. En todo proceso de reconciliación siempre debe mediar la oración como medio de la gracia de Dios, antes de tomar cualquier decisión.

6. El texto nos invita a redescubrir y fomentar la importancia de la hermandad en la comunidad, y a revalorizar el hecho de que somos iglesia (una comunidad de fe) y no cualquier tipo de organización. La iglesia no se define como grupos aislados (islas) dentro de la misma. Somos una comunidad que vive a la luz de las enseñanzas de Jesús que nos invitan a un proyecto de vida, no solo para unas pocas personas, sino para muchas. Así podremos crecer juntos/as en una visión de vida con propósito para la construcción de un mundo mejor. La idea es que tengamos relaciones de hermandad, como en una familia. En la iglesia sólo se pueden realizar los proyectos de misión si se utiliza todo el potencial de las “relaciones de hermandad” para impulsar lo que Dios espera de nosotros/as. Mientras un cuerpo esté dividido, el trabajo de la misión, simplemente, se atrasa.

7. Tal vez sería bueno hacer una lectura de Erich Fromm y su libro El arte de amar. Por amor fraternal Fromm entendía responsabilidad, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano y el deseo de promover su vida. Para Fromm, el amor fraternal es para todos los seres humanos. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión con todos los seres humanos, la experiencia de solidaridad y reparación humanas.  

8. Finalmente, no hay mayor amor fraternal que la iglesia pueda promover que el amor “ágape” de Dios, por el cual uno se da por el otro sin esperar nada a cambio. 

Bibliografía      

Brown, Raymond E., et. al., Comentario Bíblico "San Jeronimo," T. 3 (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1971). 

Carro, Daniel, et. al., Mateo. [Cuarta ed.]. Comentario Bíblico Mundo Hispano, T. 14 (El Paso, Tex.: Editorial Mundo Hispano, 2013). 

Dockery, D.S., et. al., Comentario Bíblico Conciso Holman (Nashville: B & H Espanol, 2011). 

Fromm, Erich, El Arte de Amar (Buenos Aires: Paidós, 1994). 

Hare, Douglas R. A., Matthew. Interpretation, a Bible Commentary for Teaching and Preaching (Louisville: John Knox Press, 1993). 

Metzger, Bruce M., A Textual Commentary on the Greek New Testament (New York: American Bible Society, 1994). 

Robertson, A. T., Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento (Barcelona: Editorial CLIE, 2003).