< April 30, 2017 >

Comentario del San Lucas 24:13-35

 

Interpretar la Biblia en Medio del Miedo

Dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén” (v. 13) 

En el mismo día de la Pascua, dos discípulos están en rumbo a Emaús. Ciertos detalles son ambiguos desde el principio. ¿Quiénes son estos “dos de ellos”? Uno se llama Cleofas (v. 18), pero no se menciona en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. El otro no tiene nombre ni habla directamente. La “aldea llamada Emaús” es igualmente misteriosa. Aquí San Lucas nos da la única referencia al lugar en la Biblia y su ubicación no se sabe. Es posible que el evangelista quiera narrar una situación universal. Cualquier cristiano/a puede imaginarse en la situación y hallarse en tal encuentro con Cristo. 

Cleofas y su compañero están hablando “entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido” (v. 14). Y no es un diálogo calmo: “discutían entre sí” (v. 15). El verbo tiene un sentido de “disputar.” Los dos saben lo que ocurrió por la mañana. Las mujeres llegaron y encontraron el sepulcro vacío. Los ángeles “dijeron que él vive” (v. 23) y otros discípulos incluso regresaron al lugar y confirmaron el informe de las mujeres (v. 24). “Pero a él no lo vieron” (v. 24). Están asombrados (v. 22) por lo que han oído y no entienden. Como los demás discípulos, los dos se encuentran en un estado de confusión y miedo por la ejecución de Jesús que ha deshecho sus esperanzas. 

“Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos” (v. 15) 

De nuevo, Jesús aparece en medio del miedo. En este caso, para enseñar algo sobre las Escrituras. Jesús mismo se acerca en el camino, pero ellos no lo reconocen porque “los ojos de ellos estaban velados” (v. 16). Jesús pregunta acerca de su disputa y curiosamente dice: “¿por qué estáis tristes?” (v. 17). Claro, estaban tristes por los eventos de la semana que acababa de pasar, pero la palabra que utiliza San Lucas en el original griego no es casual. La palabra griega skuthropos tiene que ver con el aspecto físico del rostro.  Ocurre solamente aquí y en San Mateo 6:16, donde Reina Valera 1995 traduce como “cara triste.” También ocurre en la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia Hebrea, en Génesis 40:7.  Allí, José está encarcelado con dos oficiales de Faraón y les pregunta: “¿por qué tienen hoy mal aspecto vuestros semblantes?” Por supuesto, después José interpreta los sueños que eran los causantes de la melancolía de los oficiales. ¿Puede ser entonces que al usar esta palabra San Lucas nos esté señalando a los lectores y las lectoras que lo que sigue tiene que ver con la interpretación? 

Cleofas responde a Jesús con otra pregunta: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido?” (v. 18). Por alguna razón, Jesús le parece “un forastero.” Igual que ellos, él es de otro lugar. Jesús les pregunta “¿qué cosas?” y Cleofas recuenta los eventos recientes. Jesús de Nazaret “fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra… lo entregaron… y lo crucificaron” (vv. 19-20). Además, había la esperanza de “que él fuera el que había de redimir a Israel” (v. 21). Ahora, tres días después, andan confundidos y asombrados por un informe que dice que ha resucitado (vv. 21-24). 

“Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (v. 27) 

Jesús responde a la confusión, la duda y el miedo de estos discípulos con el acto de interpretar las Escrituras. Jesús no impugna los hechos de su experiencia como los recuerdan, sino que más bien les ofrece una nueva perspectiva. Ahora, se leen todas las Escrituras a la luz de esta nueva experiencia con Jesús. Sin embargo, y curiosamente, San Lucas no nos revela cuáles son los textos de las Escrituras que Jesús escoge ni nos comparte la reacción inmediata de los discípulos. No reconocen a Jesús ni entienden lo que ocurre hasta la cena. Sólo en el momento de la cena “les fueron abiertos los ojos” y luego Jesús “desapareció de su vista” (v. 31). 

¿Qué les ocurre en ese momento? Tal vez es la oferta de hospitalidad a un “forastero.” Tal vez ellos se acuerdan de la última cena que celebró Jesús con los discípulos en el aposento alto. La comida tiene un significado especial en el evangelio de San Lucas. No es claro cómo o por qué, pero Jesús se hace presente a dos viajeros en medio de su miedo y su confusión. Y les imparte algo importante sobre las Escrituras y, por extensión, la vida cristiana. 

Un Modelo del Culto, de Leer la Biblia, y de la Vida 

En un nivel, muchos piensan que este episodio ofrece un modelo para el culto cristiano. Los movimientos de la trama corresponden a la forma cuádruple del culto tradicional. Primero, nos congregamos y compartimos en convivencia (vv. 13-24). Segundo, celebramos la Palabra y escuchamos a Dios a través de las Escrituras (vv. 25-27). Tercero, respondemos a la Palabra celebrando la Santa Cena u otra acción de gracias, y así recibimos a Cristo (vv. 28-31). Finalmente, salimos al mundo en el nombre de Cristo para difundir las buenas nuevas (vv. 32-35). 

En otro nivel, Jesucristo aquí nos ofrece una hermenéutica nueva. Por un lado, es una hermenéutica nueva de la Biblia. Para entender nuestra experiencia de Dios en Cristo, hay que re-leer las Escrituras de una manera en que Cristo sea la clave interpretativa. Si bien San Lucas no nos revela cuáles son los textos que cita Jesús, la verdad es que gran parte del Nuevo Testamento refleja tal proceso de reinterpretación de las Escrituras judías a la luz de Cristo. Los evangelistas mismos y los demás autores del Nuevo Testamento se ponen a la tarea de revisar las Escrituras para entender su experiencia con Cristo, y para los apóstoles es una experiencia traumática. 

Por otro lado, Jesús nos imparte una nueva hermenéutica de la vida. Se dice que el ser humano es un ser narrativo. Es decir, comprendemos los eventos de la vida y nuestras identidades en formas narrativas. “¿Quién eres tú?” quiere decir “Cuéntame tu historia.” Trauma y miedo causan una interrupción de la historia. Por eso, el tratamiento del trastorno de estrés postraumático frecuentemente incluye ejercicios para narrar y así asimilar el evento traumático. Para los/as primeros/as discípulos/as y para los/as cristianos/as actuales, la clave interpretativa de nuestras historias es Jesucristo. Descubrimos y contamos nuestras historias individuales dentro de la historia más amplia de Cristo. En los tiempos actuales de miedo, la iglesia tiene el gran reto y responsabilidad de acompañar a la gente en el proceso de contar sus historias.