< April 09, 2017 >

Comentario del San Mateo 27:11-54

 

Mateo narra el juicio de Jesús ante Pilato y el resto de las autoridades, tomando del evangelio de Marcos 15:1-15 muchos de los elementos fundamentales al mismo tiempo que añade algunos detalles realmente curiosos.

Por un lado se exonera al representante del poder político Poncio Pilato, prefecto de Judea, de su responsabilidad directa en la muerte de Jesús y, por otro, al menos como se ha identificado en parte de la tradición, se culpa al pueblo judío y a sus representantes de la ejecución. Las razones de estas modificaciones literarias y  de este giro teológico y político en lo que a la realidad histórica se refiere (al fin y al cabo la crucifixión es un modo de ejecución romano y como tal Pilato sería el representante último) tienen que ver con la posición de la comunidad cristiana receptora del evangelio: tras la rebelión judía y la destrucción del templo de Jerusalén (66-73 DC), el evangelio de Mateo, preocupado por un clima político que ve en los judíos a un pueblo con potencial rebelde, quiere distanciarse de ellos y proclamar la lealtad cristiana al poder romano. El antisemitismo generado por las interpretaciones de este giro ha tenido resultados históricos catastróficos.

Mateo añade dos importantes detalles a la versión marcana. El v. 19 presenta a un Poncio Pilato humano y atento a los dictados de su mujer. Esta humanidad da paso a un retrato oscuro de los sacerdotes y ancianos que presionan a la multitud para que favorezca a Barrabás y condene a Jesús. A su vez, en los vv. 24-25 se presenta a un líder político que se lava las manos ante una multitud que clama la sangre del inocente. En particular el v. 25 ha generado ríos de tinta en un mundo post-holocausto en el que los cristianos y las cristianas están especialmente atentos a los efectos que este texto tiene en el retrato de los judíos.

La crucifixión se monta en tres actos: la burla de Jesús como rey de los judios (vv. 27-44), la crucifixión propiamente dicha (vv. 33-37) y la mofa (vv. 38-44). El texto juega con la ironía de nombrar a Jesús como rey, como personaje que encarna el cumplimiento de las escrituras (salmos 22 y 69), al mismo tiempo que es rechazado por los posible súbditos. La ironía queda aún más patente porque Jesús adopta una actitud estoica, no provocadora, propia de un rey que está por encima de las circunstancias. Jesús y Pilato no son los únicos que aparecen retratados de forma positiva. Me centro brevemente en un personaje que tradicionalmente es ignorado en la labor interpretativa.

La esposa de Pilato (v. 19) le manda un mensaje a su marido notificándole que ha tenido una pesadilla y le pide que haga justicia a este hombre justo. Sólo Mateo menciona a esta mujer anónima a quien posteriormente la tradición cristiana nombra como Prócula, Procla or Claudia Prócula. Tanto en el mundo greco-romano como en el mundo judío, los sueños presentan la revelación divina, y esta es la única referencia en el evangelio a una mujer que tiene un sueño de estas características. Por esta razón, el papel teológico de Procla es central: el versículo contrapone el papel de Pilato como juez (estaba “sentado en el tribunal” cuando recibió el mensaje de su mujer) con la declaracion epifánica de que Jesus es un hombre justo. ¿Qué función narrativa y teológica cumple esta mujer en el evangelio de Mateo? Dicho de otro modo, ¿cómo hemos de interpretar su breve presencia? Los especialistas han puesto sobre la mesa algunos de los problemas que la presencia de Procla plantea.

Por ejemplo, el hecho de que avise a su marido, ¿significa que Pilato queda exculpado y que, por esa razón, se lava las manos en reconocimiento de la revelación de su esposa? Los padres de la iglesia no dejaron pasar por alto este asunto. Orígenes, para citar a uno, atribuye a Jesús mismo el origen del mensaje revelatorio (los sueños) y lo relaciona, curiosamente, con la masculinidad y virilidad de Jesús al mismo tiempo que justifica la actitud final de Pilato alegando que no le queda otra opción. Orígenes sugiere que Jesús, en tanto que personaje divino, mientras es juzgado por Pilato, envía un mensaje a Prócula para que esta logre que Pilato aprecie la valentía y el coraje en la actitud del condenado y sepa que no se trata no de un hombre cualquiera sino de Dios. 

Consideraciones artísticas 

Antonio Ciseri (1821-1891)1 captó magistralmente el momento en que la esposa de Pilato, en persona—el cuadro parece interpretar—se retira después de haber comunicado a su esposo la revelación recibida a través del sueño. Según el evangelio, es el único personaje que parece estar al tanto del verdadero significado teológico de la escena. El nombre del cuadro, Ecce Homo, hace referencia a la traduccion latina de la Vulgata del texto de Juan 19:5: “Y salió Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo: ¡Este es el hombre! (Ecce Homo)”. Hay numerosas diferencias entre los textos de Mateo y de Juan y el pintor parece hacer una sintesis de ambos (hay que tener en cuenta, por ejemplo, que en el caso Mateo la corona de espinas acontece en el v. 29, después de que Pilato recibe el mensaje de su mujer). Lo interesante de la composición pictórica es que la mujer de Pilato, al igual que en el evangelio de Mateo, es el único personaje que comprende la importancia de los acontecimientos. Uno de los rasgos geniales del cuadro es que apenas podemos ver las expresiones faciales de la mayoria de los participantes. Pilato, inclinado sobre la balaustrada, parece dirigirse hacia la multitud preguntando acerca de Jesús. Al fondo, un hombre agita sus brazos y el espectador puede oir lo que el evangelista pone en boca de la multitud: “¡Sea crucificado!” (vv. 12,13). 

La escena pictórica retrata magistralmente la frustración que acompaña cuando hay conocimiento de la injusticia y, sin embargo, nada se puede hacer para evitar que la injusticia se cometa. Por otro lado, se ha de señalar que el cuadro representa a la perfección la actitud de resistencia pasiva de Jesús. En este sentido, la frustración que expresa Procla encuentra eco no sólo en la actitud doliente con la que aparece retratado Jesús sino en el silencio que el evangelio de Mateo plantea. Ente el “Tú lo dices” (v. 11) y el “‘Elí, Elí, ¿lama sabactani?’ (que significa: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’” (v. 46) se despliega el drama de la condena de Jesús: un drama marcado por el silencio del inocente.


 Nota:

1. La obra de Antonio Ciseri a la que se hace referencia puede encontrarse aquí