< March 12, 2017 >

Comentario del San Juan 3:1-17

 

Los textos para el segundo domingo de Cuaresma tienen en común la fe, pero este es un tema muy amplio y se manifiesta de modos muy diversos en nuestros textos y en nuestras vidas.

El Salmo 121 enfatiza la presencia divina a lo largo del camino, en las buenas y en las malas circunstancias. El llamado de Yavé a Abram (Gn 12:1-4a) requiere un enorme salto de fe, aun cuando ya él y su familia habían experimentado la migración a una nueva tierra, de Ur a Harán. Pablo retoma este tema de Abraham en su argumentación sobre la fe (Ro 4:1-5, 13-17). Y, finalmente, Juan nos trae el diálogo entre Jesús y Nicodemo. Este es presentado como “un dignatario de los judíos” (v. 1), quien más tarde defiende a Jesús ante el Sanhedrín (Jn 7:50-51), y finalmente asegura el cuerpo de Jesús tras su muerte (Jn 19:39-40). Estos hechos y que quedara su nombre en este relato (a diferencia, por ejemplo, de la samaritana del próximo capítulo) son indicio de su “progreso gradual en la fe en Jesús.”1

Los comentarios dividen Juan 3 de modos variados: Schnackenburg separa 1-12 de 13-21 y estudia estos después de 3:31-36; Mateos y Barreto toman 2:23-3:21 como reacciones a la escena de Jesús en el templo (y también notan que los tres últimos versículos son un agregado posterior);2 y Ricardo Pietrantonio separa “(1) 2:23–25, un Informe que también proporciona la llave al diálogo que sigue; (2) 3:1–12, el diálogo de Jesús con Nicodemo; (3) 3:13–21, monólogo, que trae ‘la voz de Cristo.’”3 Pero todos coinciden en que en esta perícopa se percibe la teología juanina en toda su belleza.

En el diálogo Juan por supuesto prioriza al rabino Jesús sobre el rabino Nicodemo, quien cuestiona lo que no debería (v. 10 “tú, que eres el maestro de Israel, ¿no sabes esto?”) y es visto como perteneciente a un grupo o pueblo sin fe: “si os he dicho cosas terrenales y no creéis…” (v. 12). 

Pero: ¿nacer de nuevo? ¿Ser engendrado/a de lo alto? ¿Nacer del agua y del espíritu? ¿El Hijo del hombre está en el cielo o descendió del cielo? Démosle a Nicodemo el beneficio de la duda: el modo en que Jesús plantea lo nuevo que ha llegado con él no es lineal ni literal; es semiótico en el sentido de que hay que interpretar las señales. El Jesús juanino juega con el doble significado de muchos términos. Por ejemplo:

La historia de la serpiente de bronce de Números 21,4-9 [vs. 14-15] es la ‘entrada exegética’ al texto juanino. Es una relectura del relato de la serpiente en clave tipológica, que establece un puente entre la temática de la liberación del Éxodo y la obra salvífica de Jesús. Jugando con el doble significado de exaltar o levantar, Juan presenta la muerte de Jesús como exaltación y regreso al Padre. Desde allí, Juan resalta el valor de la fe en Jesucristo. El creer es la respuesta humana dada con toda la persona, con la mente y el corazón, a la obra salvífica de Dios a través de Jesucristo. Esta actitud de fe implica salvación.4

El primer domingo de Cuaresma observábamos las tentaciones y la problemática de lo individual; aun la Palabra de Dios puede inducir a tentación si no se contempla un plan cósmico divino (el maligno cita la Escritura). Este segundo domingo nos invita a pensar la fe y aun la Palabra de Dios y la salvación de manera dinámica, más allá de lo establecido y seguro de nuestras vidas. Por eso hay que nacer de nuevo; hay que dejar que el Espíritu, que no podemos controlar, actúe.

Aunque nuestro texto no mencione la gloria, el Jesús de Juan manifiesta la gloria de Dios en sus signos, en sus palabras (incluso los guardias del templo reconocen que nadie habla como él, 7:46) y en la oferta de dignidad humana y salvación, porque la gloria divina se ha hecho presente. Jo-Ann Brant explora la posibilidad de que “el concepto de Juan de la gloria esté informado por un concepto de belleza.”5 Lo que Brant percibe como belleza o atracción hacia Jesús es una forma de fe, pues lo bello atrae. Me gusta su visión estética para comenzar un diálogo con el mundo en que vivimos. Si bien a menudo las iglesias han descuidado la estética religiosa, en algunas tradiciones cristianas hay suficientes elementos estéticos como para hablar de la belleza de Dios (que en lenguaje bíblico es su gloria), de la belleza de la creación y de la belleza de la salvación. ¡Y cuánta estética hay a nuestro alrededor, en la naturaleza y en el arte!

Sin embargo, la experiencia más cercana a nosotros/as y de toda la Iglesia fue y es que mucha gente rechaza dicha belleza—la salvación—, rechaza vivir con fe. “Sobre el trasfondo de la oferta de la vida eterna, se puede reflexionar no sólo sobre su aceptación, sino también sobre su rechazo.”Y este enigma es muy apropiado para la Cuaresma, porque nos encaminamos a ser testigos, durante la última semana de Jesús en Jerusalén, del rechazo violento por parte de muchos, de la indiferencia por parte de otra gente y de la impotencia por parte de sus discípulos y discípulas. Unas pocas mujeres quedaron cerca de la cruz; nadie más.

El primer domingo de Cuaresma enfrentamos la tentación de usar a Dios para nuestros propios intereses y despreciar su plan de salvación. El segundo domingo enfrentamos el peligro de no comprender que la salvación es dinámica; que como el viento, a veces sacude.  Enfrentamos el peligro del estancamiento en lo conocido, sea el evangelio, sea la tradición religiosa a la que pertenecemos, sean nuestras oraciones o liturgia, sea nuestra fe misma. Este domingo nos invita a abrir los ojos a cómo Dios puede actuar hoy, de nuevo y con lo nuevo.


 1. Rudolf Schnackenburg, El Evangelio según San Juan: Versión y comentario, vol. 1 (Barcelona: Herder, 1980), 417.

2. Juan Mateos y Juan Barreto, El Evangelio de Juan:Análisis lingüístico y comentario exegético (Madrid: Cristiandad, 19822), 176, 200.

3. Ricardo Pietrantonio, Estudio Exegético Homilético 59 (20 de febrero de 2005) (Buenos Aires: Instituto Universitario ISEDET), 16.

4. René J. Krüger, Estudio Exegético Homilético 1 (2 de abril de 2000) (Buenos Aires: Instituto Universitario ISEDET), 1.

5. Jo-Ann A. Brant, “Beauty, Sorrow, and Glory in the Gospel of John”, en Richard J. Bautch y Jean-François Racine, eds., Beauty and the Bible: Toward a Hermeneutics of Biblical Aesthetics (Semeia Studies; Atlanta: Society of Biblical Literature, 2013), 83-99 (91).

6. Krüger, 2.