< February 26, 2017 >

Comentario del San Mateo 17:1-9

 

Los evangelios sinópticos pretenden ser relatos en parte históricos, en parte biográficos, y fundamentalmente teológicos y pedagógicos.

Por supuesto, la conversación al respecto entre estudiosos sigue siendo rica y amplia. Pero lo comento porque cuando un texto en los evangelios (o en Hechos) comienza con una frase como “seis días después…” pasó tal o cual cosa, a mí lo que me da es curiosidad, y espero que los pueda contagiar de la misma. Ahí les dejo como tarea al lector y a la lectora que encuentren qué pasó en los capítulos 15 y 16, ya que pienso que debemos entender la transfiguración de Jesús como parte de un movimiento o un proceso que comenzó, al menos, un par de capítulos antes. Y por ello, esta es mi primera sugerencia exegética, homilética y litúrgica. 

La cuestión de quiénes acompañaban a Jesús en esta narrativa y por qué fueron elegidos para ser "llevados aparte" tal vez esté relacionada con lo que encuentren al hacer el ejercicio de leer los capítulos 15 y 16. Con frecuencia e intención, Mateo comenta quiénes estaban con Jesús, particularmente en momentos discipulares (o de enseñanza). Los pasados domingos estuvimos enfocados en el capítulo 5 de Mateo, que es parte del llamado Sermón del Monte. Mateo es intencional al hablar de la multitud que se allegó a aquel lugar. En la lección de este domingo son Pedro, Jacobo y Juan quienes están con Jesús. Lo que es más, Mateo deja claro que Jesús los “llevó aparte.” A mí me parece importante tomar nota de estas intencionalidades conversacionales (y a veces dialógicas) de Jesús. A veces se trata de multitudes, otras veces de los líderes religiosos; con frecuencia de sus discípulos y otros seguidores. Sin embargo, hay ocasiones en las que Mateo nos presenta a Jesús hablando con determinadas personas en particular, llamadas por nombre o por algún descriptor social. Es con un grupo íntimo de sus discípulos con el que intencionalmente Jesús comparte esta experiencia. Dependiendo de la tradición cristiana de la que provenga el/la predicador/a, podría ser interesante hacer mención de los roles que estos tres discípulos jugaron en el ministerio de Jesús, y del liderazgo que ejercieron en la iglesia primitiva.  

Y no puedo dejar de llamarles la atención sobre el asunto de los términos. Es curioso el uso del verbo “transfigurarse” (v. 2). La versión “Dios Habla Hoy” lo traduce como “cambió la apariencia.” La versión “Traducción en Lenguaje Actual” lo traduce a “se transformó.” El término del original griego es metemorfothe, del verbo metamorfoó,1 que significa transformar, literal o figurativamente. La lección sólo habla de su rostro brillante y su vestido blanco, y no describe más sobre qué fue lo que cambió, se transformó o se transfiguró de Jesús. Si no lo hicieron aún, tal vez sea una buena idea buscar una copia de Metamorfosis de Franz Kafka para leerla. Este libro provee una reflexión sociocultural que sería apropiado tener en cuenta. Me parece que tanto la transfiguración de Jesús, como la historia que narra Kafka, nos retan a considerar las oportunidades de análisis social, cultural y político en el contexto de ambas historias, y en el nuestro. Lo que estoy sugiriendo es que el término “transfiguración,” por usar una figura del lenguaje, provee bastante “tela para cortar.” 

Luego de su transformación, aparecen con Jesús Moisés y Elías: Moisés, el dador de la ley, y Elías, venerado profeta de quien se nos habla en las crónicas de los reyes – dos personajes fundamentales para la religión y espiritualidad judía. Esta aparición, de manera tan dramática, delante de personas sobre las que se puede argüir que eran muy cercanas a Jesús (y que serían personajes importantes en la iglesia del siglo I) creo que es una manera de recordar una enseñanza que anteriormente el propio Mateo había incluido en el Sermón del Monte. En Mt 5:17-18 el evangelista pone en labios de Jesús la célebre afirmación: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir.” Pienso que hay aquí un paralelismo. También creo que es importante anotar que Mateo narra que los dos hablaron con Jesús, pero no dice qué hablaron. Estas omisiones (accidentales o intencionales) son siempre espacios de harta curiosidad para mí y constituyen una oportunidad excelente para quien guste predicar en forma narrativa. 

La voz de Dios es importante, por supuesto. Y me parece que su importancia radica en el propósito de Mateo de reiterar el punto de la afirmación divina de Jesús como hijo de Dios. Así como la aparición de Moisés y Elías parece reiterar la anterior afirmación del propósito de Jesús de cumplir con la ley y los profetas, las palabras salidas de la nube (que atribuimos a Dios) reiteran algo que dijo el profeta (Is 42:1; Mt 12:18) y que fue dicho también al comienzo del ministerio del Señor (Mt 3:17). Estas reiteraciones y la oportunidad o necesidad de reafirmar comunidad, doctrina y los fundamentos de la relación de Dios con la humanidad constituyen una parte esencial de esta lección. ¿Qué reiteraciones necesitan escuchar nuestras comunidades sobre su relación con Dios? 

Hay que considerar en especial a Pedro. Otro buen instrumento para quien guste predicar en forma narrativa. De los tres discípulos que acompañaron a Jesús al monte, Pedro es la voz de la reacción a la visión. ¿Qué quiso expresar Pedro con su deseo de construir tres enramadas? Tal vez haya querido preparar un lugar permanente, para no tener que regresar. O tal vez haya querido perpetuar para él y sus compañeros la maravilla que estaban contemplando.  ¿Qué simbolizaban las enramadas para la comunidad palestina del siglo I – religiosa y culturalmente? Para responder a esta pregunta deberíamos revisitar la celebración judía de los Tabernáculos (o las enramadas) descripta en Levítico 23:34-43 y su significado religioso y cultural contemporáneo e histórico. También me pregunto: ¿estaremos nosotros/as y/o nuestras congregaciones queriendo construir enramadas, al igual que Pedro? ¿Qué repercusiones tendría esto para las comunidades de fe a las que predicamos y estamos llamados/as a servir? Pedro, me parece, es el espacio discipular de la lección. 

Esta narrativa llena de reiteraciones y transformaciones, que nos habla de una experiencia intensa y de un momento íntimo entre amigos, cierra el tiempo de Epifanía y da paso a la Cuaresma. La pregunta de por qué se eligió este texto del evangelio para el cierre de Epifanía debe ser respondida por cada predicador/a responder de acuerdo a su contexto y al énfasis misional de su comunidad. Pero definitivamente es una lección que, como ya dije, da mucha “tela para cortar.”


 1. James Strong, Nueva Concordancia Exhaustiva de la Biblia (Miami: Editorial Caribe, 2002). Uso esta concordancia como recurso inicial. Hay otros y mejores recursos de traducción para la exégesis.