< February 19, 2017 >

Comentario del San Mateo 5:38-48

 

En esta última parte del capítulo 5 de Mateo nos encontramos de nuevo con una enseñanza en la que Jesús parece cuestionar la costumbre y las expectativas socioculturales y religiosas de su audiencia.

Habla de la manera en que nos relacionamos con otras personas. De igual modo, hace una crítica a las pautas éticas (y morales) que informan la manera en que nos adentramos a estas relaciones. Más allá de los comportamientos sociales, en este domingo se nos invita a considerar no sólo con quién y cómo nos relacionamos, sino también por qué nos relacionamos de una manera (u otra) con ciertas personas. 

Y, bueno, varias preguntas básicas son importantes: ¿Por qué nos relacionamos con otras personas de la manera en que lo hacemos? ¿Qué es lo que nos lleva a categorizar (poner labels o etiquetas) a las personas? ¿Cómo nos guía nuestra vivencia de la fe y del mensaje del evangelio en la forma en que nos relacionamos con los demás? ¿Qué comunica de nosotros y de nosotras (y del evangelio) la forma en que nos relacionamos con las otras personas? 

Me parece importante también ubicarnos en el tiempo litúrgico. El Sermón del Monte nos ha ido llevando a través de la Epifanía en un caminar por uno de los discursos adscritos a Jesús que más han influenciado la formación del testimonio de la iglesia. En esta colección de mensajes conocida como el Sermón del Monte, Jesús presenta el fundamento de la vivencia y testimonio del reino de los cielos venido a nosotros y a nosotras a través de su persona. El cómo y por qué nos relacionamos – con la familia, con las amistades, con los conocidos, y con las personas que no nos son cercanas – es parte de la construcción y testimonio del reino de los cielos. El cierre del capítulo 5 de Mateo nos pone frente a frente con este asunto testimonial al hablar de tres tipos de relación, y al hacernos pensar en cómo la sociedad y la cultura influyen en la definición de la forma en que nos relacionamos. 

El texto habla de la manera en que la religión y/o la cultura (depende de la interpretación que usted le haga al discurso) definen cómo nos relacionamos con las otras personas. Jesús cuestiona este mandato o expectativa social. El “oísteis que fue dicho” es contrapunteado con un “pero yo os digo” que, además de ser un cuestionamiento a las formas y expectativas sociales, constituye una invitación a la profundización. Y esta profundización requiere que no sólo nos preguntemos el “qué,” sino que también nos cuestionemos el “por qué.” Esta profundización es necesaria en todos los aspectos de la vida, y ciertamente en la vida congregacional. Jesús hace un importante cuestionamiento de la tradición – esas concepciones, costumbres, ideas o convenciones que se tienen… porque sí, porque siempre han sido. “Pues no,” parece decir Jesús. Y nos sugiere otra manera. 

Tres descriptores enmarcan la narrativa del texto: “el malo”, “el prójimo” y “el enemigo.” Definirlos es importante en el proceso exegético y hermenéutico. Y creo que la definición de estos descriptores podría dar contenido también para el sermón propiamente dicho. Comprender de manera cabal qué quisieron decir estos descriptores a alguna audiencia palestina del siglo I va a ser útil tanto para entender el texto como para darnos pautas para encontrar palabras y definiciones para nuestro propio contexto. Propongo que recurramos a la concordancia Strongpara comenzar la búsqueda de definiciones. ¿Qué significa “el malo” (v. 39)? El original griego traducido como “malo” es ponero, y es un adjetivo que describe a una persona malvada, perversa, que busca influenciar a otra persona. ¿Qué significa “enemigo” (v. 43)? Es una traducción del original griego echthron, un adjetivo que describe a una persona odiosa. ¿Qué significa “prójimo” (v. 43)? Es la traducción del adverbio griego plesion, que se refiere al vecino, al que está cerca, al próximo. 

Hay algo que me parece interesante resaltar por el contexto litúrgico en el que nos encontramos. Jesús no parece estar definiendo a ninguna persona en particular. Más bien, Jesús está apelando a la costumbre y a la convención (lo que se nos ha dicho que es una persona mala, el enemigo y el prójimo) para luego mandar acciones que, contrarias a la convención, nos llevan a preguntarnos: ¿a quién llamamos malo, enemigo o prójimo? Y más profundamente, ¿por qué llamamos a una persona mala o enemiga? Y aún más profundamente, y como algo muy significativo para el discipulado cristiano, ¿a quién tenemos que llamar o considerar nuestro prójimo? Me parece que al dejarnos dirigir por esta “conversación” que Jesús tiene en el texto no sólo encontraremos un buen mensaje para un sermón de domingo, sino que tendremos un intenso encuentro con nosotros mismos y con nosotras mismas, con nuestra cultura y con nuestras costumbres religiosas hacia un más excelente y preciso testimonio de que somos colaboradores y colaboradoras de Jesús en la construcción del reino de los cielos. 

Todas las porciones del Sermón del Monte que hemos estado considerando en este tiempo de Epifanía nos han llevado a evaluarnos como actoras y actores del reino de los cielos. Cuando dentro de pocos días empiece la cuaresma, seremos invitados/as a evaluarnos y a ser transformados/as por las lecciones del costo del discipulado según el modelo del propio Jesús.


 1. James Strong, Nueva Concordancia Exhaustiva de la Biblia (Miami: Editorial Caribe, 2002).