< October 02, 2016 >

Comentario del San Lucas 17:5-10

 

A pesar de que pareciera que este pasaje está compuesto de dos secciones inconexas, en el fondo es posible ver un tema común ligado al tema del perdón, mencionado en los primeros versículos de este mismo capítulo.

La conexión, sin embargo, no es absolutamente clara, lo cual ha dado lugar a muy diversas interpretaciones acerca de estas secciones. A pesar de la falta de acuerdo sobre esto, hay varias pistas que sugieren una cierta coherencia entre los temas típicamente identificados como “siendo piedra de tropiezo” (vv. 1-2), “perdonando una y otra vez” (vv. 3-4), “teniendo la fe de una semilla de mostaza” (vv. 5-6) y “siendo siervos fieles” (vv. 7-10). El hilo conductor, como se ha dicho, es el perdón tal y como debe ser practicado por las discípulas y los discípulos de Jesús.

En los versículos 1 y 2, Jesús habla de los tropiezos que con toda seguridad habrán de presentarse y dice que quienes son responsables de esos tropiezos están bajo duro juicio, pero no especifica a qué tipo de tropiezos se refiere. Las primeras palabras del versículo 3 “Mirad por vosotros mismos” parecieran representar una continuación del tema de los tropiezos. De hecho la Nueva Versión Internacional traduce esta expresión de la siguiente manera: “Así que ¡cuídense!” Esta advertencia, por un lado, apunta al hecho de que el tropiezo puede venir de parte de cualquiera—incluyendo a los discípulos y apóstoles que fueron los primeros oyentes de este mensaje—y por lo tanto debemos tener cuidado. Por otro lado, la advertencia se encuentra inmediatamente antes de introducir el tema del perdón.  Los versículos 3 y 4 parecen indicar que lo que Jesús tiene en mente es la importancia del perdón: “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento;’ perdónalo.” Sabemos que el número siete simboliza perfección y plenitud, lo cual indica que debemos perdonar siempre y sin condiciones. Aquí cabe preguntarnos si los tropiezos a los que se refiere Jesús en el v. 1 tienen que ver con el hecho de que es extremadamente difícil perdonar de manera incondicional. En otras palabras, es necesario considerar que cada vez que no perdonamos, somos piedra de tropiezo para otras personas. ¡La falta de perdón de parte de las discípulas y los discípulos de Jesús es un tropiezo!

Es en respuesta a estas palabras de Jesús que los discípulos piden en el versículo 5: “Auméntanos la fe.” Su reacción es completamente natural dada la enorme dificultad de cumplir esta enseñanza. Definitivamente se requiere mucha fe para poder lograr algo tan difícil. Aquí la respuesta de Jesús ha sido interpretada de dos maneras principales. Una interpretación sugiere que Jesús está diciendo que la fe de los discípulos es minúscula, incluso menor que el tamaño de una semilla de mostaza. Por lo tanto, sus palabras han sido interpretadas casi como un regaño: “¡Ustedes no tienen casi nada de fe! Si su fe fuera al menos del tamaño de una semilla de mostaza, ¡podrían hacer cosas que el sentido común niega!” La otra interpretación, mucho menos común pero digna de considerar, es que Jesús está diciendo: “Ustedes tienen tanta fe como la que tiene una semilla de mostaza, que sabe que a pesar de ser minúscula, va a crecer muchísimo” (Hay que notar que el pasaje no habla del tamaño de una semilla de mostaza, como es el caso en pasajes como Mateo 13:32 o Marcos 4:31, en los cuales se compara la semilla con el reino de los cielos o el reino de Dios; no con el tamaño de la fe). El fundamento para esta interpretación está en una determinada manera de entender el uso del condicional “si” en el versículo 6. En griego hay dos formas de condicional. Uno se usa para situaciones reales y otro para situaciones no reales. En la frase “si tuvierais fe como un grano de mostaza” se usa el condicional para situaciones reales, lo cual parece indicar que los discípulos ya tienen la fe que sabe que es capaz de crecer. La segunda parte de la frase se refiere a algo que no es real: “podríais decir a este sicómoro: ‘Desarráigate, y plántate en el mar;’ y os obedecería.” Esto, sugieren algunos intérpretes, indica que Jesús está diciendo que si la fe llegara a ser muy grande, muchos no sabrían cómo manejarla y empezarían a usarla para cosas extravagantes (no hay lógica en ordenar a un árbol que se plante en el mar, porque ¿qué se gana con eso más allá de mostrar algo espectacular?).

En verdad, el uso del condicional está mezclado, y por lo tanto no hay completa seguridad de lo que Jesús quiso decir realmente. Sin embargo, si seguimos la idea de que Jesús está respondiendo a la inquietud original respecto a la capacidad de perdonar de manera incondicional, la interpretación más común (la primera de las dos expuestas arriba), indicaría que basta con un poco de fe para lograr cosas que el sentido común indica que son imposibles, tales como perdonar siempre y de manera incondicional.

Finalmente, en la última sección, que toma la forma de una parábola breve, Jesús enfatiza la importancia de hacer lo que debemos hacer sin esperar recibir recompensa ni agradecimiento. Para ello, Jesús hace alusión a la naturaleza de la relación entre un siervo y su amo, en la que rige un arreglo social basado en el sometimiento de unos y el dominio de otros. Hay ciertas cosas que el siervo debe hacer. No hay espacio para negociar y, por lo tanto, no se espera que el amo quede agradecido. Una vez más, volviendo al hilo conductor de estas secciones, podríamos inferir que Jesús quiere enfatizar el hecho de que el perdón que sus discípulas y discípulos deben practicar no es negociable. Simple y sencillamente es un requisito tan básico que no amerita felicitaciones ni agradecimientos: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: ‘Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos’” (v. 10).