< July 17, 2016 >

Comentario del San Lucas 10:38-42

 

Este domingo tenemos la visita de Jesús en la casa de Marta y María.

La historia aparece entre la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25:37) y el famoso ejemplo de oración que da Jesús a los discípulos en Lucas 11:1-13. Esta pequeña historia sirve de conexión entre ellos.

Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Lucas no nos da el nombre de la aldea, pero debe ser Betania, donde Juan nos dice1 que vivían Marta, María y su hermano Lázaro, a quien tampoco se nombra aquí.

Marta fue a recibir a la visita (también fue Marta quien recibió primero a Jesús en Juan 11:20), lo que puede indicar que tenía un temperamento activo y extravertido. Jesús amaba a esta familia (Juan 11:5) y parece ser que los visitaba con cierta frecuencia. Aunque por este tiempo era bastante peligroso tener mucha amistad con Jesús, ya que Jesús tenía enemigos muy poderosos, esta mujer y su familia tenían por Jesús un aprecio tal que no les importaba el peligro que podía traer la visita de Jesús a su hogar. La buena disposición de estos amigos era, sin duda, un consuelo para Jesús en un momento en que tantos otros lo rechazaban.

Parece ser que Jesús, al entrar a la casa, se dedicó a su gran obra de enseñar y predicar el Evangelio. No sabemos cuántas personas se sentaron a sus pies para escuchar sus palabras, pero Lucas nos dice que entre ellas estaba María, la hermana de Marta.

La fe viene por el oír2 y María no quería perderse esta oportunidad. No sabemos cuál era la necesidad de María en ese momento, pero la verdad es que todos nosotros y todas nosotras, en todo momento, necesitamos oír la palabra de Dios. Si estamos tristes y atravesando un momento difícil en nuestras vidas, nos da alegría y consuelo. María se sentó para escuchar, lo que denota su interés en prestar atención. Su mente estaba dispuesta y su corazón estaba resuelto a captar todo lo que decía Jesús.

El acto de sentarse a los pies de un rabino también tiene otro significado. Esa era la postura de un discípulo con su rabino. En Hechos 22:3, Pablo dice que fue instruido “a los pies” del rabino Gamaliel. Normalmente una mujer no habría tenido una oportunidad para aprender a los pies de un rabino, pero Jesús no era un rabino normal. María entendía muy bien lo especial que era aprender de un rabino que estaba abierto a su discipulado y que además de eso era el Mesías.

Mientras que María estaba aprendiendo, Marta se preocupaba con todos los quehaceres—no sólo los diarios, sino también todo el trabajo extra que implicaba agasajar a una visita. Marta amaba al maestro y quería brindar el respeto adecuado y el mejor servicio a Jesús. Podemos imaginar todo lo que estaba haciendo ella—limpiando, cocinando, y dando la bienvenida a cada quien que llegaba para escuchar a Jesús.

Después de un rato, se enojó con su hermana y le dijo a Jesús: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.”

Marta estaba segura de que Jesús estaría de acuerdo con ella. Debe haber sido una gran sorpresa cuando él le respondió: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”

Marta pensaba que ella estaba haciendo lo debido, pero Jesús le dijo que sus esfuerzos no valían lo que ella pensaba. Comparados con lo que estaba haciendo María, no eran ni siquiera necesarios. Pero ¿por qué?

Es posible que Marta estuviera demasiado preocupada por las cosas materiales y las apariencias. Este exceso de preocupación por cosas del mundo es con frecuencia la causa de disturbios familiares y de contiendas entre parientes.

Pero también es posible que realmente fuera sólo una cuestión de comparación. No parece que Jesús estuviera regañando a Marta en su respuesta. Dijo su nombre dos veces como si estuviera llamándole la atención con cariño. Jesús quería que Marta se aprovechara de la misma oportunidad que María. El verdadero Hijo de Dios estaba en su casa y ella estaba lavando platos y ollas en vez de escucharlo. ¡Qué lástima!

María había dado preferencia a lo que realmente lo merecía. Había elegido oír la palabra de vida eterna. María tuvo en sus manos el escoger entre ser partícipe de la preocupación de Marta y adquirir reputación como una excelente ama de casa, o sentarse a los pies de Cristo y aprender del maestro. Con la respuesta de Jesús sabemos cuál es la buena parte.

Hay ciertas conexiones entre esta historia y la parábola del buen samaritano que la precede. En esa parábola había dos tipos religiosos—un sacerdote y un levita—que ponían toda la atención en su vida espiritual, pero no querían ensuciarse las manos ayudando al hombre herido. De ellos aprendemos que una vida de ir al templo sin un corazón dispuesto a servir no es del agrado de Dios. Pero de Marta aprendemos que la vida de fe no consiste sólo en servicio. Necesitamos también tiempos refrescantes con Cristo. Nuestro servicio debe venir de un corazón rebosante de la gracia de Cristo.

Si seguimos sirviendo por el sentido de obligación y nada más llegaremos a hartarnos y a cansarnos de las situaciones que nos toque enfrentar, y nos fastidiaremos y enfadaremos con las demás personas. Pero si nos sentamos a los pies de Jesús en cada oportunidad en que podamos hacerlo, vamos a tener lo necesario que no nos será quitado.


Notes:

1. Juan 11:1

2. Romanos 10:17