< December 27, 2015 >

Comentario del San Lucas 2:41-52

 

En Lc 2:40 se nos dice de Jesús: “El niño crecía y se fortalecía, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él.”

Y en términos muy parecidos en el v. 52: “Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.” San Lucas es el único evangelista que incluye una historia de Jesús a los doce años. Esta historia contesta la pregunta de cómo era Jesús de niño. Esta pregunta era importante en el mundo antiguo, especialmente para los lectores griegos de San Lucas. La gente antigua creía que el carácter de una persona era fijo, y que no cambiaba a lo largo de la vida. Contar cómo era una persona y qué hacía de niño o de joven era describir cómo era de verdad. Por ejemplo, los biógrafos antiguos no podían narrar las enseñanzas de un filósofo famoso sin incluir también historias de su niñez, justamente porque los actos de la niñez eran los que demostraban el carácter impecable y consistente de un líder. Según este relato de Lucas, a los doce años Jesús ya revela su vocación de maestro y nos anticipa su rol de salvador.

A los doce años, Jesús exhibe tres valores de su carácter que Lucas quiere enfatizar. El primero es que Jesús es inteligente y respetuoso. Se defiende en público discutiendo con los maestros y los doctores de la Ley (v. 46). Su inteligencia y sabiduría impresionan a mucha gente en el templo judío (v. 47). Pero también es educado. Participa en la conversación sin interrumpir o desviarla. Lucas demuestra que ya a los 12 años, Jesús está entre colegas.

Es notable que en este contexto, el hecho de que Jesús sea inteligente y crezca en sabiduría no significa que pretenda controlar el discurso, ni que intente ganar la discusión, ni que quiera enseñarles a sus mayores. Ser inteligente tampoco significa para Jesús rebajar o subestimar a los otros líderes con el propósito de ensalzarse o engrandecerse a sí mismo. La inteligencia y sabiduría del hijo de Dios incluye la humildad respetuosa que lo lleva a sentarse en medio de los maestros para oírlos y preguntarles (v. 46). De este modo Jesús demuestra que es la personificación de lo opuesto al orgullo. La humildad de un líder era un rasgo que se valoraba mucho en el primer siglo.

Con su inteligencia (v. 47) y sabiduría (v. 52) Jesús nos da un ejemplo importante. Jesús muestra su carácter haciéndose presente con los otros, participando, y contribuyendo a una conversación común. El niño Jesús respeta a los mayores mientras toma parte, escucha y hace buenas preguntas (v. 46). Muchos pastores y líderes de hoy nos aprovechamos de los títulos que tenemos para elevarnos, o usamos nuestra inteligencia para manipular o humillar a los miembros de la congregación. Elevarse a sí mismo va en contra del ejemplo del carácter de Jesús. Para seguir a Jesús, debemos participar en conversaciones públicas sin humillar a nadie, con paciencia para las preguntas, y con la intención de escuchar bien todos los puntos de vista y todas las experiencias distintas.

El segundo ejemplo que el carácter del niño Jesús ofrece a nuestras comunidades es que sólo tiene doce años cuando comienza a participar en las discusiones teológicas y en “los negocios” de la congregación de su Padre (v. 49). Seguir a Jesús incluye valorar las voces de los/as jóvenes. Los líderes y las líderes de cada congregación (adultos, pastores, pastoras, directores, diáconos, padres y madres), como los maestros en el templo que contestaban las preguntas de Jesús (v. 46), debemos invitar a los/as jóvenes a participar y a contribuir a la conversación de nuestra comunidad de fe con lo que sólo ellos/as pueden aportar.

Esta invitación a los niños y a los jóvenes requiere una enseñanza abierta y pública. Nos obliga a enseñarles a todas las personas—a adultos y jóvenes por igual—a participar en las conversaciones de manera honesta y respetuosa para promover el bien de toda la comunidad de fe. La mejor forma de invitar a los/as jóvenes a participar es teniendo una conversación abierta con la congregación a la que jóvenes pueden unirse. Los/as jóvenes sólo pueden aprender participando en la conversación de la congregación. Se requiere un espíritu paciente y la disponibilidad de todos y todas para ser mentores de otras personas. De esta forma, los/as jóvenes aprenderán de pequeños/as a oír con atención a las otras personas de la congregación y a hacer preguntas sin dominar la conversación ni herir a quienes tienen otras formas de pensar. Para que haya una familia de fe, es necesario que ante todo demos el ejemplo los líderes y las líderes practicando una conversación abierta y enseñando a los demás a practicarla.

El tercer aspecto del carácter del niño Jesús que Lucas enfatiza es que es capaz de obedecer al mismo tiempo a sus padres y a su “Padre” Dios (v. 51). Una manera de entender a Jesús como hijo de Dios es verlo como una excepción, un ser humano perfecto a quien nosotros y nosotras no podemos ni deberíamos intentar imitar. Pero en este pasaje tenemos a un Jesús niño, a un joven “negociando” y buscando responder al mismo tiempo a la llamada de Dios y a los deberes filiales exigidos por la sociedad humana. Para San Lucas, el hecho de que Jesús quiera seguir su vocación como hijo de Dios no significa que deba maldecir a sus padres ni faltarle el respeto a la familia humana. Jesús “les estaba sujeto a sus padres” (v. 51), a la vez que estaba “en los negocios de” su Padre Dios (v. 49). Muchos de nuestros jóvenes (lo mismo que nuestros adultos, abuelos/as, padres, madres, pastores y pastoras) no saben mantener el equilibrio entre alabar y seguir a Dios y respetar y obedecer a los padres y a la comunidad. Pero San Lucas nos recuerda que los dos valores (respetar a los padres y obedecer a Dios) son importantes. La cuestión es cómo ayudamos a nuestra gente a “negociar” ese equilibrio de deberes.

Finalmente, notemos que hay mucho movimiento en los primeros dos capítulos del evangelio de San Lucas. Aquí, la familia va y viene de Jerusalén para celebrar la Pascua. Antes del alumbramiento, Maria visitó la casa de Elizabet; María y José fueron a Belén y volvieron a Nazaret; pastores van y vienen del campo a la ciudad; María y José viajan con el bebé al templo para presentarlo y vuelven. Notemos que no hay descanso. No hay nadie en los dos primeros capítulos de San Lucas que se mantenga sentado y sin hacer otra cosa más que observar. Parece que todo el mundo está en moción, yendo y viniendo, caminando, cambiando de lugar. La emoción y la energía de la llegada de Cristo “burbujea” aquí en las Escrituras del mismo modo en que lo hace en nuestras casas en Navidad. En medio de las idas y venidas, nos damos cuenta de que la creación está en moción para acercarse al rey del universo.