< October 04, 2015 >

Comentario del San Marcos 10:2-16

 

En este pasaje bíblico, Jesús se encuentra enseñando a un grupo numeroso de gente, lo cual es una escena común en los evangelios, como también lo eran las constantes intervenciones de los fariseos con la intención de probarlo, de que se equivocara o de que se mostrara incongruente delante de la gente que lo seguía.

Los fariseos, con frecuencia, querían hacer que Jesús perdiera credibilidad. Los hijos e hijas de Dios son constantemente probados por circunstancias adversas, por gente malintencionada, y por problemas y enfermedades. El versículo 2 sugiere que lo que mueve a los fariseos a cuestionar a Jesús no es un deseo de aprender sobre la palabra o la voluntad de Dios. Ellos quieren probar a Jesús y confundir a la audiencia. Esto no era algo extraño ni algo que sorprendiera a Jesús. Tampoco es ni debería ser extraño ni sorprendente para quienes sirven a Dios en la actualidad que les pase lo mismo que a Jesús.

Los fariseos preguntan a Jesús si está permitido el divorcio. Jesús les señala que ellos ya conocen la respuesta a dicha pregunta pues en la ley de Moisés se contempla el divorcio. A partir del versículo 5, Jesús enseña a los fariseos, a los discípulos y a la multitud que lo seguía, el significado e importancia que tienen para Dios la familia y las relaciones de pareja. La carta de divorcio, mencionada en la ley de Moisés, es resultado de la dureza del corazón de los miembros de la pareja. Un corazón endurecido guarda resentimiento, miedo, intolerancia, aspereza, desconfianza, venganza, intransigencia, violencia e inseguridad, lo cual lleva a las personas que integran una pareja o familia a repudiarse, a convertirse en enemigos/rivales, a buscar la manera de lastimar al otro. Esta dureza de corazón lleva a contemplar medidas como la carta de divorcio para que de alguna manera pueda detenerse la destrucción de los miembros de una pareja o familia, siendo una opción para que la pareja deje de lastimarse.

La voluntad de Dios para las relaciones de pareja y la familia es que exista unidad, amor, respeto, equidad, tolerancia y armonía. La voluntad de Dios para las relaciones de pareja es que cada miembro enriquezca y complemente al otro. Que compartan valores, experiencias, objetivos y planes de vida. Que reconozcan y valoren los sentimientos y necesidades propias y las de la otra persona, pues ya no son dos, sino uno. Cuando una pareja o familia está unida por Dios, prevalece y domina el amor. El amor es la fuente de los demás elementos como la tolerancia, la confianza, el respeto, la equidad, etc., que hacen que los miembros de esa pareja o familia se relacionen entre sí de manera saludable. Dios es la fuente del amor. El poder que tiene el amor es indestructible. Lo que Dios une por medio del amor, ningún ser humano lo puede romper o separar.

En estos primeros versículos de Marcos 10, Jesús nos muestra la diferencia entre un corazón lleno de amor y un corazón endurecido, y cómo esto impacta las relaciones de pareja. Cuando Dios está en el centro y es la prioridad en la pareja o familia, el amor dirige, une y sostiene dicha relación. El versículo 12 cierra el tema referente al divorcio.

Los versículos 13 al 16 hablan sobre el amor y valor que tienen los niños y las niñas para Jesús. Jesús convivió con todo tipo de personas sin hacer diferencia. Su amor, misericordia y compasión son un regalo para toda persona que lo reciba, no importando el género, la posición social, la etnicidad o la edad. Estos versículos describen el momento en que le presentaban niños/as a Jesús para que les diera su bendición. Los discípulos reprendían a los adultos que acercaban a sus pequeños a Jesús. La sociedad de aquella época, tal como suele suceder también en la actualidad, minimiza a los niños y las niñas. Inclusive, puede haber personas que crean que los niños y las niñas no necesitan de Jesús. Este pasaje bíblico revela que para Dios los/as niños/as son muy valiosos/as. Jesús se molestó por la actitud de los discípulos cuando consideraron que los/as niños/as no tenían necesidad de Dios de la misma manera que un adulto. Todos los seres humanos tenemos la necesidad de acercarnos a Dios y de recibir su bendición.  Jesús recibe a la persona que se acerca con un corazón limpio y puro, como lo es el corazón de un niño o de una niña. El amor de los/as niños/as es transparente, sin fingimiento y pleno. Así es el amor que Dios espera de sus hijos/as.

Todas aquellas personas que aman a Dios, tal como lo hacen los niños y las niñas, forman parte del reino de Dios. Recibir el reino de Dios como lo hacen los/as niños/as implica abrir nuestro corazón sin reserva y con gozo. El versículo 16 describe una hermosa escena que revela el amor de Dios para sus hijos/as. A todos y a todas nos toma en sus brazos y nos llena de bendiciones sin hacer distinción de personas.