< June 07, 2015 >

Comentario del San Marcos 3:20-35

 

En este texto encontramos al menos dos partes bien diferenciadas.

En la primera parte (3:20-30), después de que su familia intenta prenderlo y llevárselo por considerar que ha perdido el juicio, Jesús se enfrenta a los escribas por medio de unas parábolas con las que legitima su autoridad como exorcista; en la segunda parte (3:31-35) Jesús define un criterio radical de discipulado basado en una relativización de los vínculos familiares. Estas dos secciones se hallan enmarcadas en el capítulo tercero justo después de que Jesús ha escogido al grupo de los doce y los ha autorizado a predicar y a practicar exorcismos (3:13-19).

Uno de los contrastes que llama la atención es que Jesús relativiza los vínculos familiares en el mismo momento en que se forma el grupo de los doce. Más adelante, cuando Jesús viaja con sus discípulos a su ciudad natal para enseñar en la sinagoga en un día sábado, los asistentes consideran que como parte de una familia de Nazaret Jesús no puede tener autoridad para enseñarles (6:1-6). Jesús responde que es común que un profeta sea despreciado en su tierra y entre sus parientes y en su propia casa (6:4). El conflicto entre discipulado y familia aparece con mayor dramatismo en 13:13. Aquí Jesús advierte que en la persecución que ha de venir, los hermanos entregarán a la muerte a los hermanos, los padres a los hijos, y los hijos se levantarán contra los padres para matarlos (13:12). En otro momento, Pedro afirma que los discípulos han dejado todo para seguir a Jesús (10:28), y Jesús responde que aquellos que han abandonado la familia por causa de él y del evangelio serán premiados (10:29-30).

Todas estas referencias a la relación entre familia y discipulado ponen de manifiesto que en el evangelio de Marcos el discipulado de Jesús está en tensión con los vínculos familiares. Esto no significa que necesariamente discipulado y familia sean incompatibles. Más bien el evangelio parece sugerir que la familia carnal se subordina a la nueva familia que se crea al entrar a formar parte de la familia de Jesús. El criterio para pertenecer a tal familia es claro: hacer la voluntad de Dios (3:35). En definitiva, no se trata de opciones mutuamente exclusivas: la persona creyente no tiene que elegir entre “esto” o “aquello;” se trata más bien de un criterio teológico general que entra en vigor cuando hay conflicto entre la fidelidad a Jesús y la fidelidad a la familia carnal.

Este argumento teológico está reforzado en el texto por el uso de metáforas espaciales. Hay un contraste entre los que están “afuera” y “adentro” del grupo. En los versículos 31 y 32 se nos dice que la familia de Jesús está “afuera,” mientras que la multitud está “alrededor de él” (vv. 32 y 34). Esta dinámica entre los que están adentro y los que están afuera adquiere una relevancia especial en 4:10-11, donde Jesús explica que el misterio del reino se revela a los de adentro, mientras que al resto se les explica en parábolas. Desde este punto de vista no sorprende que Jesús conteste a los escribas (que están fuera de su círculo) con una serie de parábolas acerca de su legitimidad y autoridad para expulsar demonios (v. 23).

Consideraciones pastorales desde una perspectiva queer

La relativización y redefinición de la familia que lleva a cabo Jesús en este pasaje en concreto y en el evangelio de Marcos en general tiene importantes consecuencias para la comunidad queer. Me gustaría mencionar dos aspectos que considero especialmente importantes. Desde un punto de vista crítico, la relativización de la familia carnal supone un antídoto para todas aquellas teologías y prácticas pastorales que idolatran un determinado tipo de familia. Desde un tipo de vista constructivo, la redefinición de los vínculos familiares guarda importantes paralelismos con los modelos de familia queer y ofrece a esta comunidad un aliciente para seguir profundizando en modelos alternativos de parentesco y de relaciones entre personas.

Numerosas iglesias y denominaciones continúan usando el modelo de “familia tradicional” o “familia nuclear” para oponerse a la igualdad de derechos para las minorías sexuales. Argumentos como “la familia cristiana está compuesta por padre, madre e hijos” o “el matrimonio es la base de la familia cristiana” se siguen ofreciendo como verdades inmutables acerca de la creencia cristiana. Marcos 3:20-35 es un claro ejemplo de que este tipo de posiciones constituyen una interpretación equivocada. El único criterio que determina la pertenencia a la familia cristiana es la voluntad de contribuir a la construcción del reino de Dios.

Esta redefinición del vínculo familiar que hace Jesús guarda importantes paralelismos con la redefinición que las comunidades queer han hecho del modelo “tradicional” de familia. Muchos miembros de la comunidad queer han sido abandonados por sus familias carnales, lo cual ha generado una serie de solidaridades entre sus miembros que ha dado nuevos significados a los términos “padre,” “madre,” o “hermano/a.” En estas comunidades, el sentido primordial de la familia no viene dado por líneas de consanguinidad sino por la capacidad de generar solidaridad en medio de la persecución y el abandono. La relativización del vínculo familiar que Jesús expresa de forma categórica en este texto de Marcos ha de ser interpretado, pues, como una invitación a la comunidad cristiana a explorar nuevas formas de solidaridad entre sus miembros que trasciendan los estrechos límites impuestos por los vínculos de sangre. En este sentido, la comunidad queer puede servir de inspiración a la comunidad cristiana.