< April 12, 2015 >

Comentario del San Juan 20:19-31

 

La iglesia es empoderada por el Espíritu Santo para vivir y proclamar la resurrección. Este es el mensaje primordial del texto que nos ocupa este domingo.

Es realmente una pena que muchas personas decidan no asistir a los servicios de este domingo. Muchas personas se toman el día “libre” después de haber participado de toda una semana de actividades religiosas durante la Semana Santa. Pero quien no asiste este domingo, se pierde una hermosa oportunidad de ver cómo la tumba vacía es el comienzo de una vida completamente renovada por el Espíritu Santo de Dios.

Contexto

Es importante que pongamos esta lectura en su justo contexto socio-histórico. Como leemos en el texto, las personas que seguían a Jesús estaban escondidas y encerradas “por miedo de los judíos” (v. 19). Este contexto debe ser tomado en consideración por quien predique. De no hacerlo, se corre el riesgo de seguir fomentando las actitudes anti-judías que parecen promulgarse en el texto.

Recordemos que el evangelio según San Juan fue escrito por algún miembro de la comunidad juanina del primer siglo. Esta comunidad ya había comenzado a experimentar la hostilidad de las comunidades religiosas judías que veían al cristianismo, no como una secta del judaísmo, sino como una amenaza. Pero la enemistad que se perfilaba entonces entre las dos comunidades no es justificación para seguir con actitudes similares en el día de hoy. Sin embargo, como punto histórico es importante que reconozcamos lo que ocurría en el primer siglo. Es el contexto que lleva al autor del evangelio a identificar el temor que sentían las seguidoras y los seguidores de Jesús a las autoridades religiosas judías.

Por otro lado, es importante precisar que el evangelio fue escrito aproximadamente hacia el final del primer siglo (entre el 90 al 100 DC.). Para este momento, la comunidad cristiana en formación ya había experimentado la presencia del Espíritu Santo indicada por el autor de Lucas-Hechos (Hch 2:1-13). O sea, las referencias al Espíritu Santo que encontramos en la perícopa para el día de hoy están bien basadas en la experiencia de Pentecostés, que incluso parece haberse repetido como algo normal en las reuniones semanales, a estar por lo que indica Pablo en algunas de sus cartas (1 Co 12; 1 Ts 1:2-5; Gá 3:1-5).

A los efectos de este comentario me gustaría centrarme en el punto pneumatológico. Si bien la favorecida en muchos púlpitos en el día de hoy es la historia de Tomás, yo prefiero hacer hincapié en las palabras de Jesús cuando entra al lugar en que se encontraba reunida la comunidad.

Espíritu y Paz

Como vimos la semana pasada en la historia de la resurrección, y como se nos repite en el texto para este domingo, las seguidoras y los seguidores de Jesús estaban con miedo. Por una parte, las autoridades imperiales Romanas podían arrestarlos por sedición. Por otra parte, las autoridades religiosas tampoco estaban para nada encantadas con el nuevo movimiento. Llevando ahora el texto a su contexto socio-histórico, también vemos que la comunidad juanina ya estaba experimentando hostilidad de parte de las comunidades judías. Estas son las circunstancias que debemos tener en cuenta cuando leemos que el Señor resucitado aparece en medio de ellas y ellos. También es significativo que las palabras que el autor pone en boca de Jesús son un aliciente para la comunidad. “¡Paz a vosotros!” (v. 19) son las primeras palabras que el Jesús resucitado dirige a su comunidad que vive en el miedo.

El mensaje es claro: la resurrección de Cristo ha de traer paz a la comunidad que vive en temor y persecución. El mensaje toma aún más relevancia si nos trasladamos desde esta comunidad del primer siglo a las comunidades que hoy día experimentan miedo, odio, persecución u opresión de cualquier tipo. Es precisamente a estas comunidades a quienes el Resucitado les dice: “¡Paz a vosotros!” Quien predica este domingo puede reflexionar y nombrar a estas comunidades en particular. Es un buen momento para un mensaje profético que ponga en su justo contexto bíblico el mensaje liberador del evangelio.

También leemos que junto a la proclamación de paz, Jesús muestra solidaridad con sus amistades. Prestemos atención al versículo 20: “Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.” Una mirada a este versículo nos deja ver cómo Jesús utiliza su experiencia de dolor (las heridas en las manos y el costado) para hacerle saber a su comunidad que él también entiende lo que significa experimentar dolor, miedo, rechazo y opresión. El Jesús resucitado es también el Jesús solidario.

Y es imprescindible en este momento insistir en que la opresión que Jesús y sus seguidoras y seguidores sufrieron no fue “espiritual.” La tendencia de espiritualizar todo lo que tiene que ver con la experiencia cristiana no es saludable y la predicadora o el predicador que tome este texto debería tener la honestidad de reconocer que tanto Jesús como su comunidad experimentaron opresión económica, religiosa, social, política, familiar y otras. Sólo un Jesús que ha experimentado el dolor en sus propias manos y costados puede ser un Jesús solidario.

Por último, la experiencia pneumatológica que presenta la perícopa es, sin dudas, una de mis historias favoritas de los evangelios. Los vv. 21-22 dicen: “Entonces Jesús les dijo otra vez: --¡Paz a vosotros! Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y al decir esto, sopló y les dijo: --Recibid el Espíritu Santo.” Como ya había adelantado, la experiencia pneumatológica parece haber sido común en las comunidades cristianas primitivas. En este sentido, el autor del evangelio sólo nos recuerda que fue el mismo Jesús resucitado quien empoderó a su comunidad para proclamar la vida nueva.

La venida del Espíritu Santo en el evangelio de Juan no se da en el contexto de la fiesta de Pentecostés, sino en el contexto del encuentro con el Cristo vivo. Esto hace sentido, muy en especial si recordamos que es precisamente el Cristo resucitado quien empodera a la iglesia para llevar a cabo su misión transformadora. Para este domingo en particular, sería importante reflexionar sobre la forma en que el Resucitado empodera a la iglesia a través del Espíritu para proclamar liberación y solidaridad, dos aspectos fundamentales del mensaje evangélico. La persona que predica este domingo se encontrará con un texto poderoso con un contenido teológico excelente, que puede servir como punto de partida más que apropiado para reflexionar sobre el poder del Espíritu de vida que el Resucitado ya ha puesto en su iglesia.