< June 08, 2014 >

Comentario del San Juan 20:19-23

 

Lo que se narra en este pasaje bíblico sucede el mismo día en que María Magdalena tiene su experiencia con el Cristo resucitado.

Mientras que María no tiene temor a buscar el cuerpo físico de Jesús, los discípulos están encerrados, petrificados de miedo. Están huyendo y no buscando.

Las puertas estaban cerradas para que los de afuera “no entraran.” El verbo griego kekleismenon que la versión Reina Valera 1995 traduce como “estando cerradas” está conjugado en el perfecto pasivo justamente para indicar un acto completo con implicaciones para el presente. Los discípulos temían lo de afuera y además no pensaban salir. Y la pregunta es si no están así muchas de nuestras iglesias, denominaciones, familias e individuos hoy en día.

De pronto, se aparece Jesús, a pesar de las puertas trancadas. ¡También la iglesia de Cristo a veces tiene las puertas trancadas y se sorprende cuando Jesús se aparece! La preposición en el griego eis que aparece en el v. 19 da a entender un movimiento para adentro. Jesús se movió, pues, para adentro y se paró en medio de ellos. ¡Qué espanto, cuando uno no espera a Dios en la vida, y de pronto Dios de todas maneras se mete en el asunto aun con puertas, corazones y mentes cerradas!

Estos discípulos habían vivido con un Jesús de carne y hueso. Habían comido juntos, se habían reído juntos, habían asistido a fiestas y a ritos juntos, pero cuando la cosa se puso mala, todos habían desaparecido (menos uno, que no es identificado por el nombre; véase Jn 18:15) y lo habían abandonado. ¡Cuántos de nosotros y nosotras no hemos experimentado el abandono y la traición por alguien cercano, alguien que había compartido con nosotros, alguien que amábamos de corazón, alguien que nos abandonó justo cuando la cosa se puso mala!

De manera que Jesús tenía el derecho de desquitarse con los discípulos por la cobardía y la violación de la solidaridad, pero no fue así. Jesús les declara la paz, dos veces. Y si bien en el original se utiliza para “paz” la palabra griega eirene, el sentido que tiene en boca de Jesús es el del término hebreo shalom, que es una paz que significa algo más que sentirse sin tensión o estar tranquilo y quieto. Shalom significa todo lo bueno que uno se pueda imaginar: estar sin enemigos atacando, tener su pedacito de terreno y la casita, tener relaciones saludables, experimentar prosperidad en todas las áreas de la vida, no solamente financiera.

Jesús les ofrece shalom a estos discípulos que no sólo se merecían un regaño, sino también un tremendo insulto. Esto es la “gracia,” que uno recibe lo que no merece, y que lo que uno merece, por la maldad cometida, es olvidado. Los discípulos reciben “gracia” y una comisión. Se les da la comisión del apostolado y el original griego utiliza el verbo conjugado en tiempo presente pempo, traducido por la versión Reina Valera 1995 como “envío,” precisamente porque es una comisión que debe ser continuada sin interrupciones. No es una comisión de tiempo parcial. Hay iglesias y obreros que dan lo mínimo y se van a sus casas. Sólo los vemos los domingos o los miércoles por la noche. ¿Pero dónde está el ministerio permanente que no cesa? Todos y todas hemos sido llamados y llamadas para ser ministros y ministras de Dios de modo permanente. ¿No fue esto un tema claro de la reforma protestante?

Sin el poder de Dios en nuestras vidas, las iglesias y los seminarios no podemos hacer mucho. Y aquí Jesús le da a sus discípulos y discípulas el soplo de vida como lo hizo Dios hizo en la creación (Gn 2:7). Sin el espíritu de Dios, no hay vida. Sin el espíritu de Dios, no hay impacto serio. Jesús sopla espíritu sobre ellos y ellas, y de este modo reciben nueva vida para romper las cadenas del temor, del narcisismo y del egoísmo.

¿Quién nos enseñó que la misión de Cristo es principalmente para los domingos o para estar encerrada dentro de un edificio, una oficina o un salón de clase? Cristo llamó a los discípulos y nos llama hoy a salir de nuestro conformismo y a “salir afuera” con el poder del espíritu santo. Sin Cristo y el poder del espíritu no podemos hacer nada que valga la pena ni que transforme vidas individuales, instituciones racistas y sistemas injustos (Jn 15). Cristo llama a la iglesia, a los individuos y a las instituciones a “salir afuera” con nueva vida que procede de Dios mismo y su soplo de vida.

Nuestro texto termina con una última declaración. Junto con la gracia de Dios, el shalom de Dios y el espíritu de Dios, Jesús no ofrece el perdón de los pecados. Esto ya se ha hecho en la cruz. Pero Jesús les pidió a sus discípulos entonces y nos pide a nosotros y a nosotras hoy que ayudemos a invocar para sí los beneficios de la cruz a quienes no lo han hecho todavía. Para ello nos da una autoridad que debemos tomar muy en serio: “A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (v. 23).

El verbo griego para perdonar es aphiemi y significa soltar, dejar ir en libertad, y echar fuera. El verbo griego para retener krateo significa exactamente lo contrario. Imagínese que alguien le hace daño y Ud. lo manda a arrestar e ir a la cárcel. Ud. tiene la opción de perdonar a esta persona y “soltar” los cargos. Pero también tiene la opción de pedir la máxima sentencia.

Vivimos en un mundo de violencia desenfrenada y criminalidad legal. Los que robaron millones de dólares en el 2008 en el mercado nacional y global no fueron sentenciados a la cárcel. Al contrario, muchos recibieron promociones de parte del presidente de los EEUU. Se salvaron sus negocios en bancarrota y se les concedieron “rescates financieros” (bailouts) que fueron utilizados hasta para comprar aviones. Imagínese lo que sucedería si dijéramos un NO rotundo a la criminalidad de los gobiernos, de los bancos y de las enormes corporaciones que violan la tierra y su ecología para producir ganancias escandalosas. Imagínese lo que sucedería si dijéramos NO a las deportaciones de personas sin documentos, porque nadie es un “extraterrestre ilegal” (la traducción literal de la horrible expresión en inglés illegal alien que se utiliza para designar a los inmigrantes indocumentados). Imagínese si dijéramos NO al desempleo y NO al abuso de los obreros y las obreras.

La iglesia ahora tiene la autoridad de Dios en Cristo para impactar el mundo con nueva vida y con nuevas oportunidades para nuevos comienzos. También la iglesia tiene la autoridad enfrentar la injusticia, el racismo, el sexismo, la explotación y el abuso del poder. Podemos retener los pecados de la corrupción gigantesca y salir de la bancarrota espiritual que amenaza la nueva vida para los nuevos cielos y la nueva tierra que Dios ha prometido traernos pronto en Cristo. Y podemos ofrecer perdón a un mundo perdido que gime por nueva vida y por una esperanza viva. Cristo nos da la autoridad para “salir afuera” y cumplir con esta comisión.