< April 20, 2014 >

Comentario del San Mateo 28:1-10

 

Mateo 28:1-10 contiene dos de los tipos de relatos acerca de la resurrección que se encuentran en los evangelios del Nuevo Testamento: un relato del sepulcro vacío en los vv. 1-7 y un relato de la aparición del Jesús resucitado en los vv. 8-10.

El sepulcro vacío (vv. 1-7)

Las dos mujeres que visitan el sepulcro, María Magdalena y la otra María, que es la madre de Jacobo y de José, son dos de las mismas mujeres que según el evangelio de Mateo fueron testigos de la muerte (27:56) y del entierro de Jesús (27:61). Al amanecer del primer día de la semana, es decir, a la madrugada del domingo posterior a la Pascua judía, estas dos mujeres fueron al sepulcro, que según Mateo había sido asegurado por medio de un sello sobre la piedra que lo tapaba y estaba protegido por una guardia (27:62-66).

Según el relato de Mateo, las mujeres no podrían haber ido para ungir el cuerpo de Jesús (como en Mc 16:1) porque Jesús ya había sido ungido (Mt 26:6-13) y porque el acceso al cuerpo era imposible debido a la piedra sellada y la guardia. Solamente fueron “a ver el sepulcro” (v. 1). El intento apologético de Mateo es claro: su narrativa defiende a los discípulos contra los cargos de que fueron ellos quienes robaron el cuerpo de Jesús e inventaron la historia de la resurrección (véase 28:11-15). Lo único que estas mujeres podían hacer frente a la tumba era verla.

De repente, un ángel desciende del cielo y quita la piedra que bloqueaba la tumba y se sienta sobre ella, provocando un terremoto en el proceso. La combinación de la presencia angélica y un terremoto significa la ocurrencia de un evento escatológico grandioso (p.ej. Is 29:6; Hab 3:6; Hag 2:21; Zac 14:4-5; 1 Ts 4:16; Ap 6:12, 8:5; cf. Mt 13:41, 49; 16:27; 24:7, 31; 25:31; 27:54).

El ángel les anuncia a las mujeres el gran evento que ha ocurrido: Jesús “ha resucitado” (v. 6). La creencia de que Dios resucitaría a los justos de la muerte a la vida eterna existía entre ciertas ramas de la religión judía del primer siglo. Los primeros cristianos sostuvieron esta creencia, pero afirmaron que este gran acontecimiento escatológico proyectado para el final de los tiempos en realidad comenzó con el acto de Dios de resucitar a Jesús.

Además de contarles a las mujeres que Jesús ha resucitado, el ángel les muestra que el sepulcro está vacío y las manda a decirles a los discípulos que Jesús ha resucitado (vv. 6-7). También menciona que Jesús se reuniría con ellos en Galilea (v. 7), tal como Jesús les había prometido a sus discípulos (26:32).

Los integrantes de la guardia también vieron al ángel y sintieron el terremoto. Pero mientras que el mensaje del ángel le da “temor y gran gozo” a las mujeres (v. 8), a los guardas les da tanto miedo que casi se mueren. Mateo narra la reacción de los guardas un poco juguetonamente, diciendo que ellos “temblaron y se quedaron como muertos” (v. 4). El verbo usado para decir que “temblaron” (eseisthêsan) viene de la misma raíz que la palabra “terremoto” (seismos) en v. 2, y al quedarse “como muertos,” la reacción de los guardas contrasta con el contenido de la noticia que trae el ángel. El ángel proclama la transformación de Jesús, que estaba muerto pero ahora está vivo de nuevo, y sin embargo, estos guardas se quedan como muertos.

La aparición (vv. 8-10)         

El relato de la aparición de Jesús resucitado comienza con la salida de las mujeres del sepulcro para darles a los discípulos la noticia de que Jesús ha resucitado (v. 8). Jesús se les aparece a las mujeres (v. 9) y les da instrucciones parecidas a las del ángel. Les dice que no tengan miedo, que les den la noticia de la resurrección a los discípulos y que vayan a Galilea para reunirse con él (v. 10).

Se registra una diferencia importante entre la reacción de las mujeres frente a Jesús y su reacción frente al ángel. En el caso de Jesús, “acercándose, abrazaron sus pies y lo adoraron” (v. 9). La palabra usada en el original griego para su acto de adoración a Jesús es prosekynesan, que es una forma del verbo proskyneô. Connota una reverencia basada en una admiración profunda y Mateo la utiliza en varios puntos importantes para expresar la disposición apropiada de adoración hacia Jesús (p.ej. 2:11, 14:33, 28:17).

La diferencia en la reacción de las mujeres ante la aparición del ángel y la aparición de Jesús nos dice algo acerca de cómo los primeros cristianos llegaron a conocer al Jesús resucitado. La fe de los primeros cristianos en la resurrección de Jesús es una consecuencia de su experiencia directa de la presencia de Jesús como Señor resucitado.1

Dado que el evento escatológico de la resurrección está acompañado en este pasaje por un terremoto, quizás convenga reflexionar un poco acerca de cómo nos posicionamos frente a los grandes fenómenos meteorológicos y geológicos. La ciencia moderna nos ha dado maneras sofisticadas de comprender los grandes eventos meteorológicos y geológicos como terremotos, tornados, huracanes, tormentas de nieve y tsunamis, por nombrar algunos pocos. Podemos medir la velocidad del viento del huracán y anticipar su trayectoria, sabemos que los terremotos son causados por el movimiento de las placas tectónicas, podemos anticipar las condiciones que causan tormentas de nieve y advertir a la gente para que se prepare, y así sucesivamente.

Sin embargo, tener conocimiento sobre estos fenómenos no es lo mismo que experimentar un huracán, o un terremoto, o un tornado, o lo que sea. La experiencia directa de un evento como estos es otro modo de conocer lo que significa un terremoto, un huracán o cualquier otra gran tormenta. Realmente no hay nada que pueda sustituir el conocimiento de estos fenómenos que nos da la experiencia directa.

En Mateo 28:1-10, el relato del sepulcro vacío en los vv. 1-7 representa el “tener conocimiento” sobre la resurrección de Jesús, mientras que el relato de su aparición en los vv. 8-10 representa la experiencia directa de la resurrección por parte de las dos mujeres. Fundamentalmente, es la experiencia directa lo que tiene el efecto transformativo para ellas y lo que las lleva a adorar a Jesús como Señor resucitado.

Nosotros y nosotras hoy podemos actuar como el ángel, anunciando el poder vivificante que tiene Dios de dar vida a los muertos. De hecho, el pasaje nos desafía a difundir la buena nueva de la resurrección (vv. 7, 10). Pero al incluir la aparición de Jesús a las mujeres, el pasaje también nos recuerda que nuestras palabras sólo pueden aproximarse a la magnitud de las acciones de Dios en el mundo, en nuestra vida y en las vidas de los demás. Quizás el detalle de que Jesús se les aparece a las dos primeras testigos de la resurrección mientras están yendo a darles la noticia a los discípulos nos sugiera también que nuestras acciones valen más que nuestras palabras en la difusión de la buena nueva.

 


 

1 Véase Luke Timothy Johnson, The Writings of the New Testament (3rd ed.; Minneapolis: Fortress, 2010), 95-107.