< August 11, 2013 >

Comentario del San Lucas 12:32-40

 

Hay consenso entre los estudiosos de Lucas en que este Evangelio muestra un interés especial por los pobres.

El mismo Lucas contiene una serie de enseñanzas e instrucciones que declaran el interés especial de Dios por las personas pobres y más vulnerables. Por ejemplo, desde el anuncio del nacimiento de Jesús a la joven María (1:26-38), el cántico de María o Magnificat (1:46-55) y el anuncio a los pastores (2:8-20), el tema del cuidado de Dios y su providencia por los pobres está presente en todo el Evangelio. Sin embargo, esto es sólo una parte del mensaje del Evangelio con relación a los pobres y la pobreza. También es parte del mensaje de Lucas respecto de este tema el rechazo de las riquezas y de la confianza en las mismas como un valor positivo para la comunidad de fe. La parábola del hombre rico (12:13-21) y los “ayes” del llamado Sermón del Llano (6:24-26) sirven como ejemplos del rechazo de la vanidad de la avaricia y del rechazo de las riquezas como señales de favor divino.

La situación social de la Palestina del primer siglo tiene muchos paralelos con la realidad social y económica contemporánea. Por un lado, la mayoría del pueblo vivía en una condición de subsistencia mientras que un pequeño grupo controlaba el poder político y económico. La distancia social entre los ricos y los pobres se hacía más marcada cada día. La iglesia primitiva se encontraba, pues, en una realidad muy similar a la que enfrenta la cristiandad hoy. Es cierto que en el presente, como en el pasado, algunos miembros de la iglesia se cuentan entre los poderosos y los económicamente más prósperos. Sin embargo, la gran mayoría de los cristianos y las cristianas no son parte de la clase alta ni pertenecen al sector de los que controlan el mercado y los bienes. La mayoría de los cristianos y las cristianas se encuentran en la encrucijada moral del llamado del Señor a compartir con los más pobres y socorrer a las personas necesitadas al mismo tiempo que sus recursos son limitados y son parte de la pobreza en el mundo. El dilema de muchas congregaciones y comunidades, especialmente el de congregaciones y comunidades pequeñas, es cómo responder a las necesidades de los pobres en tiempos en que los y las llamados y llamadas a responder también se encuentran en situaciones de necesidad.

En las dos perícopas del Evangelio correspondiente a este domingo, se nos brindan ejemplos de la respuesta de Jesús a este dilema. En la primera (Lucas 12:32-34), las palabras de Jesús ofrecen afirmación y seguridad a la comunidad cristiana pobre. A esta comunidad Dios (“el Padre”) ha tenido el placer de darle el Reino. El texto comienza con el imperativo negativo del verbo “temer” (fobeo).1 La enseñanza de Jesús está en continuidad con la enseñanza del pasaje anterior que contiene la instrucción de Jesús a la comunidad de no estar ansiosos o ansiosas por el vestido y la comida (12:22-30). La máxima final: “Buscad, más bien, el reino de Dios, y todas estas cosas [ropa y alimento] os serán añadidas” (12:31) sirve no sólo como conclusión del pasaje, sino como promesa de la providencia divina que provee y sostiene a su pueblo.

Evidentemente, la promesa de que Dios añadirá “todas estas cosas” no elimina la realidad del temor y la inseguridad del futuro, y tampoco los imperativos siguientes (“vended lo que poseéis y dad limosna”) ofrecen gran consuelo. Pero las palabras de Jesús responden al temor de la iglesia que se sabe insegura de su futuro. Jesús desafía a la comunidad de fieles a creer en su promesa. Esta prueba de fe es la prueba del verdadero fundamento de su seguridad. El imperativo “no temáis” que Jesús dirige a su “manada pequeña” se basa en la promesa de Dios, de la misma manera en que también se basan en la promesa de Dios los “no temas” que el ángel dirige a Zacarías (1:13) y a María (1:30), el “no temáis” que el ángel dirige a los pastores que cuidaban de las ovejas (2:10), el “no temas” que Jesús dirige a Pedro y los otros pescadores (5:10), el “no temas” que Jesús dirige a Jairo que pedía por su hija (8:50), y el “no temáis” que Jesús dirige a sus discípulos (12:4).

Esta “manada pequeña” puede vivir segura, tomar riesgos, y caminar con paso firme, entregada en confianza, porque Dios y nadie más que Dios, le asegura su protección y cuidado. Es esta misma “manada pequeña” la que también debe estar vigilante de su fidelidad. A pesar de que la perícopa de Lucas 12:35-40 a menudo es utilizada en la predicación para amedrentar y motivar a los fieles a la obediencia en temor, por el contexto literario en que está insertada, debe entenderse como una exhortación a la comunidad a la vigilancia fiel y a la fidelidad. Esta comunidad, a pesar de sus pocos recursos, puede tomar riesgos en el servicio porque está segura de que su Señor viene. Esta venida, aunque imprecisa en el tiempo, es segura en virtud de la promesa divina del cuidado de la manada pequeña por parte del Padre.

Ante la promesa de Jesús y la seguridad de la providencia divina, la iglesia no tiene excusas para no responder al llamado del Señor de seguir el ejemplo de Cristo y extender la mano de ayuda y la solidaridad con los pobres y más necesitados. Al contrario, en su ministerio de servicio, de entrega y sacrificio, la iglesia sirve a su Señor, recibe la confirmación de que su corazón está en el lugar correcto, y su confianza la mantiene alerta, discerniendo la presencia y esperando la venida del Señor. Imágenes como la del banquete de bodas y el ladrón que llega inesperadamente pueden ser interpretadas como exhortaciones a la fidelidad, a la entrega, y a la aceptación del riesgo de fe de quien en última instancia confía en la protección y el cuidado que vienen de Dios.



1 Imperativo singular más la particular negativa mé con el sentido de prohibición: “no temáis”.