< September 22, 2019 >

Comentario del San Lucas 16:1-13

 

El Mayordomo Infiel y Nuestras Opciones de Vida

Nuestro texto, que suele titularse la parábola del “mayordomo infiel,” es un tanto opaco: de hecho, se trata de uno de los pasajes más difíciles de interpretar del evangelio de Lucas. Resulta desconcertante el personaje del mayordomo infiel, pues no niega haber engañado a su jefe ni parece arrepentido de haber actuado de manera tramposa. Expresa que desea salir adelante sin tener que dedicarse al trabajo físico duro (cavar) ni pedir en la calle (mendigar). Su agudeza le permite manipular rápidamente las circunstancias en su favor, y el “amo” (personaje que en otras parábolas de Lucas suele representar a Dios) lo elogia. A primera vista la parábola pareciera ilustrar el refrán “el vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo” más que algún aspecto de la buena nueva de Jesús.

Sin embargo, como siempre cuando nos enfrentamos con una parábola, conviene preguntar: ¿Qué nos quiere decir Jesús con este relato? Para entenderlo no podemos obviar la perspectiva del “amo” u “hombre rico,” que aquí no representa en absoluto a Dios sino a quienes se benefician de un sistema económico injusto. Jesús comienza la parábola presentando al “amo” como personaje clave: “había un hombre rico que tenía un mayordomo…” (v. 1). La parábola concluye asimismo con una intervención del mismo personaje: “y alabó el amo al mayordomo malo por haber actuado sagazmente…” (v. 8). El hombre rico del relato tiene cierto sentido del humor; puede alabar a su siervo, aunque éste se haya comportado de un modo que a simple vista pareciera cuestionable, pues finalmente ambos buscan un objetivo común: enriquecerse. El señor o amo (kyrios) de la parábola de hecho aprecia a los “hijos de este siglo” más que a los “hijos de la luz” (v. 8). Como figura de autoridad exitosa y adinerada, representa la lógica propia de un sistema en el que todo se mide por la habilidad de acumulación de unas riquezas que no pueden ser otra cosa que “injustas” (v. 9). 

La maniobra del mayordomo no hubiera sorprendido a los que escuchaban a Jesús, pues no era desconocida en su época. Es probable que la parábola se refiera a un contexto agrícola en el que el mayordomo manejaba el campo de un dueño que vivía principalmente en la ciudad. Era común que los que arrendaban tierras para cultivarlas quedaran adeudándole al dueño si la cosecha era escasa. Los terratenientes tenían varias opciones legales básicas ante tal situación: confiscarles la tierra a los deudores, mandarlos a la cárcel o bien exigirles la servidumbre para saldar las deudas. Jesús hace referencia a esta última situación en la parábola de los dos deudores, en la que un siervo está a punto de ser vendido junto con su mujer e hijos para pagar una deuda (Mt 18:23-25). Otra opción para resolver las deudas era algo que la ley romana denominaba remissio mercedis o el perdón de una porción de la deuda, normalmente una parte del alquiler. En ese caso, el dueño quedaba bien ante la sociedad por su benevolencia y a su vez mantenía la viabilidad de sus intereses económicos. Plinio el Joven, en sus cartas que datan del primer siglo, escribe acerca de varias situaciones parecidas y describe su estrategia de remisión de deudas como un modo de maximizar sus inversiones a largo plazo.1 Esto es precisamente lo que hace el mayordomo de nuestra parábola: se favorece a sí mismo y a la vez logra que su amo “quede bien” en la sociedad.

En los vv. 9-13, Lucas ofrece el comentario didáctico de la parábola. A primera vista es difícil entender en qué sentido la moraleja del v. 9 (“ganad amigos por medio de las riquezas injustas”) se condice con la conclusión acerca de la imposibilidad de servir simultáneamente tanto a Dios como a las riquezas (v. 13), precepto que nos resulta familiar por el sermón del monte (Mt 6:24). Conviene percatarnos de que el tono de Jesús comienza en un registro irónico o hasta chistoso: les dice a quienes lo oyen que si desean acumular riquezas, por lo menos hagan amigos al administrarlas, para que tengan dónde acudir cuando esas riquezas se desvanezcan, como inevitablemente lo harán (a más tardar en el momento de la muerte, v. 9). Luego se pone serio y acude a un principio lógico: si una persona ni siquiera es confiable en su manejo de sumas pequeñas, tampoco lo será con sumas grandes (v. 11). Asimismo, si una persona no es confiable ni siquiera en su manejo de las riquezas injustas, con mucha menos razón se podrá pensar que podrá ser confiable manejando lo verdadero, lo esencial, la perla sin precio. Aquí también se trasluce el sentido del humor de Jesús: por lo menos el “mayordomo infiel” usaba su inteligencia para salir del paso y resolver la situación – cosa que los supuestos “hijos de la luz” a veces no pareciera que estuviéramos dispuestos a hacer (vv. 11-12).

En el v. 13 el tono de Jesús se torna serio y estrictamente teológico. Concluye su enseñanza subrayando que, si nuestras fuerzas están dirigidas a la acumulación de riquezas, no son compatibles con la lealtad a Dios. No se pueden servir simultáneamente a Dios y al dinero (Mamón, v. 13). Esta declaración punzante es la culminación del pasaje y es el punto clave: si como mayordomos del reino de Dios pretendemos seguir en la lógica del servicio al “amo rico” (representante de Mamón), no lo podremos hacer. No nos queda otra que vivir plenamente como “hijos de luz,” pues no es compatible tratar de servir a Dios y a Mamón al mismo tiempo. Dios se alegra de nuestra sagacidad, viveza y perspicacia, pero de aquí en más deberán dirigirse a lograr los propósitos del amor y de la justicia, no de la acumulación de dinero y prestigio.


Nota:

1. Cf. John Goodrich, “Voluntary Debt Remission and the Parable of the Unjust Steward (Luke 16:1-13), en: Journal of Biblical Literature 131 (2012) 547-566.