< January 21, 2018 >

Comentario del San Marcos 1:14-20

 

Es importante recordar, por obvio que parezca, que los evangelios fueron escritos para ser leídos en público, de principio a fin.

El que hoy podamos darnos el lujo de leerlos de poco en poco y en privado—porque sabemos leer y porque tenemos el texto a nuestra disposición—no debe distraernos del hecho de que cada segmento o cada pasaje debe ser leído y entendido a la luz de la totalidad del correspondiente evangelio.

Hagamos un pequeño ejercicio. Pretendamos que no sabemos nada sobre Marcos. Lo primero que nos preguntaríamos al leer el texto de hoy sería:

  1. ¿Quién es Juan y por qué fue encarcelado?;
  2. ¿Quién es Jesús, qué relación tiene con Juan, y por qué se va a Galilea a predicar?;
  3. ¿Qué hace Jesús en la playa reclutando pescadores, quiénes son que le responden tan pronto, y son estos todos o hay más discípulos y discípulas?

1. Por los primeros 13 versículos de Marcos sabemos que Dios ha enviado a Juan a preparar el camino del Señor, predicando el bautismo de arrepentimiento y anunciando que tras él viene uno más poderoso que bautizará no con agua sino con el Espíritu Santo. Juan realiza una excelente labor; toda la gente de Jerusalén y Judea y de otras regiones—como Jesús que viaja de Galilea a Judea—viene a él para bautizarse. Y de pronto, Marcos nos sorprende anunciando que Juan ha sido encarcelado (v. 14). ¿Por qué? Solo podemos suponer que el revuelo que ha causado en las multitudes ha puesto nerviosas a las autoridades.

2. Jesús se vuelve a Galilea. Al parecer se había quedado en la región después de ser elegido Mesías y pasar la prueba en el desierto, pero ahora que Juan ha sido detenido debe salir de Judea para seguir predicando la inminente llegada de un sistema alternativo de vida que desafía al sistema opresor del imperio, el reino de Dios. Seguimos leyendo el evangelio y nos enteramos de que la fama de Jesús se extiende y Herodes cree que Jesús es Juan que ha resucitado (6:14). Y a continuación nos enteramos de que Herodes había encarcelado a Juan y luego lo había decapitado a causa de Herodías. Así como Natán había reprendido al rey David por tomar a una esposa que no le correspondía, Juan había reprendido a Herodes porque Herodías era esposa de su hermano Felipe y además su sobrina. Pero esta es solo la razón incidental por la que muere Juan. Marcos no ofrece más detalles, pero según Flavio Josefo, Herodes temía que hubiese un levantamiento, pues sabía que las multitudes harían cualquier cosa que Juan les pidiese. Por eso mejor saca de circulación a Juan para evitar un posible levantamiento. Con razón, pues, Jesús se va a Galilea para seguir predicando el reino de Dios hasta que también a él le llegara su hora. Juan no solo prepara el camino del Señor con su predicación. Juan da su vida y le compra así tiempo a Jesús para que cumpliera también con su misión. Juan no solo es mensajero de Dios; es un verdadero discípulo de Jesús.

3. Jesús está en la playa reclutando seguidores. No sabemos cuánto tiempo lleva ya predicando en Galilea, pero su autoridad es evidente. Los pescadores lo siguen al instante. Esta determinación y rapidez de los pescadores en responder a Jesús quizá nos intimide, pero el evangelista pronto nos hará sentir que también nosotros/as podemos seguir a Jesús. Si seguimos leyendo, no tardaremos mucho en descubrir que los discípulos a menudo tienen dificultad en entender el mensaje de Jesús, y que tiene que explicarles las parábolas en privado (4:13,34; 7:18; 8:21; 10:10). Por otra parte, Marcos nos muestra también a una mujer sirofenicia que entiende el mensaje de Jesús y no necesita explicaciones. Viene a él buscando sanidad para su hija y no se retira hasta convencerlo. Jesús la alaba por su persistencia y le concede el milagro (7:26-29). Dos veces Jesús muestra su poder para controlar el mar y el viento y en ambas ocasiones los discípulos se atemorizan y asombran, pues siguen sin entender quién es Jesús (4:41; 6:49-52). Mientras tanto, vemos a una mujer enferma que sabe cuán poderoso es Jesús y viene en busca de un poco de ese poder sanador, pero no queriendo llamar la atención decide tomar ese poder calladamente y toca el manto de Jesús. Al instante sana de su enfermedad y Jesús siente que ha salido poder de él. Lejos de molestarse con ella, la envía en paz y reconoce que su fe la ha sanado (5:28-34). Luego, cuando Jesús anuncia que su muerte es inminente, pero que resucitará al tercer día, los discípulos lo reprenden y tienen miedo de ir a Jerusalén, pues no entienden sus palabras (8:33; 9:31-32; 10:32). Pero he aquí, una mujer de Betania, de quien ni siquiera conocemos su nombre, entiende bien quién es Jesús y su misión, y silenciosamente viene a él y lo unge en preparación para su muerte (14:3-9). Hacia el final de su ministerio, cuando llega el momento de ir a Jerusalén a entregar su vida, Jesús busca el apoyo de sus discípulos en el huerto, pero no lo encuentra. Sus discípulos se duermen; no logran vencer el sueño como para acompañar y velar en oración con Jesús (14:37). Aun después de haber prometido lealtad a Jesús (14:31), cuando el peligro llega, el miedo les hacer negar a Jesús (14:66-72). Por su parte, algunas de las discípulas de Jesús—María Magdalena, María madre de Jacobo, Salomé—siguen de cerca los acontecimientos, observando dónde es enterrado el cuerpo para luego visitar la tumba y ungirlo propiamente (15:47; 16:1).

Al parecer no hace falta estar en la lista de los 12 para seguir a Jesús, o para entenderlo y servirlo; no siempre quien tiene el título es la persona que mejor desempeña el puesto. Si bien Marcos se siente en la necesidad de reportar esa lista limitada de 12 discípulos, según la tradición, también es cierto que no tiene empacho en demostrar las limitaciones e incongruencia de tal lista, cuando nos revela varias de las reacciones negativas de Jesús hacia sus discípulos así como varias de las respuestas afirmativas hacia las acciones de sus discípulas. Con todas estas respuestas diversas al llamado ilimitado de Jesús, el evangelista nos muestra una realidad compleja que cuestiona y desafía aquellas tradiciones que se afanan en mantener listas limitadas que niegan y excluyen la respuesta multitudinaria al mensaje que Jesús predicaba en Galilea, el cual sigue vigente hoy.