< January 22, 2017 >

Comentario del San Mateo 4:12-23

 

El texto que nos ocupa este domingo viene inmediatamente después de la narración sobre la tentación de Jesús.

Aunque es posible analizar este texto como un evento completamente alejado de la tentación, creo que es buena idea prestarle atención a la forma en que los dos textos se relacionan. La narración sobre la tentación en el desierto y este texto sobre el inicio del ministerio de Jesús están relacionados. No solo en el sentido de que sin tentación no habría comienzo de ministerio, sino también porque existe una extensión de la tentación en el texto que nos ocupa hoy. 

La Encarcelación de Juan el Bautista

Primero es importante entender el contexto en el cual Jesús inicia su ministerio. Recordemos que María, la madre de Jesús, y Elisabet, la madre de Juan, eran parientes (Lucas 1:36-27). Si seguimos la narración bíblica, entonces podemos concluir con bastante certeza que Jesús y su primo Juan eran bastante cercanos en edad. Así, podemos suponer también que crecieron en una relación cercana el uno con el otro. La encarcelación de Juan a manos de las autoridades imperialistas romanas solo puede intensificar el dolor de Jesús al saber que puede estar a punto de perder a su pariente.

Sabemos que Jesús no es inmune al dolor de seres queridos. En el Evangelio de Juan 11:1-37 leemos sobre cómo la muerte de un amigo cercano, Lázaro, afectó tan de cerca a Jesús que lo llevó a llorar. Es desafortunado que en muchas ocasiones las iglesias pasen por alto la naturaleza humana de Jesús. La comunidad que sufre podría acercarse más a Jesús si meditara sobre el dolor que éste sufrió por causa de las muchas pérdidas que tuvo en su vida. Entiendo que en estos tiempos violentos que estamos experimentando como comunidades latinas, este mensaje de un Jesús que se solidariza en el dolor de la pérdida es más que adecuado. Sobre este Jesús han escrito muchas teólogas y muchos teólogos hispanos. Son en particular relevantes para este comentario los textos de la teóloga Ada María Isasi-Díaz, quien reflexiona acerca del “Jesús mío” de las mujeres latinas; este Jesús que está siempre cercano a su pueblo porque él mismo ha vivido en su carne el dolor humano.1

Es aquí, en este momento de dolor ante la inminente pérdida de un ser cercano, que yo veo la continuación de la tentación. ¿Quién está dispuesto a seguir un camino arduo que ya ha cobrado la vida de una persona que se atrevió a señalar el pecado de los poderosos? (Recordemos que esta es la razón por la cual Juan el Bautista fue ejecutado según Mateo 14:1-12, Marcos 6:14-29 y Lucas 9:7-9). Podemos concluir que el encarcelamiento de Juan el Bautista es una extensión de la tentación. Es otro momento en el que Jesús podría haber dejado el ministerio. Sin embargo, el texto nos dice que no fue así. Por el contrario, la encarcelación de Juan le ofrece a Jesús más fuerzas para seguir hacia adelante con su ministerio de proclamación de las buenas nuevas.

El Reino que se Acerca

La predicación de Jesús alienta la esperanza. Jesús comienza con una invitación al arrepentimiento (v. 17). Es ya bastante conocido que la palabra utilizada en el texto original griego es metanoia, cuya mejor traducción al español es: “cambio de mente.” O sea, la invitación de Jesús es a tener una nueva forma de ver la vida; una nueva forma de entender el mundo. Esto es consistente con la invitación que Pablo hace a la iglesia en Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” La mayoría de los estudiosos fechan la carta a los Romanos unos 3-7 años antes del evangelio de Mateo. Esto quiere decir que ya las comunidades cristianas emergentes entendían que la invitación de Jesús era a transformar nuestras mentes.

Ahora, ¿de qué transformación puede estar hablando Jesús? Entiendo que es la transformación del miedo al valor. Cuando leemos que Juan el Bautista ha sido arrestado, mientras que Jesús saca valor para comenzar su ministerio, podemos ver cómo se transforma una situación que podría haber causado miedo en una situación de valentía para proclamar las buenas nuevas. 

Proclamando en Comunidad

Por último es importante señalar el llamado que hace Jesús a los primeros discípulos. La proclamación del evangelio nunca ha de llevarse a cabo de manera individual. Jesús pudo haberlo hecho solo. Sin embargo, no lo hizo así. Conociendo las grandes dificultades que tendría frente a sí, Jesús llamó a un grupo de personas para que lo acompañaran.

Ciertamente, la preparación que Jesús tuvo fue individual. (Recordemos que este texto viene justo después de la tentación en el desierto, donde Jesús fue a prepararse para su ministerio.) Pero la proclamación de las buenas nuevas nunca se hace en solitario. El evangelio se proclama en comunidad.

Es importante señalar este aspecto puesto que hoy día es muy común que determinados líderes religiosos se autoproclamen como tales. Muchos de estos auto-proclamados líderes religiosos lo hacen por deseos de sentirse en poder y en control. Pero el ejemplo de Jesús nos indica que la proclamación de las buenas nuevas es un trabajo en equipo, que se lleva a cabo bajo la dirección de Jesús y con la inspiración del Espíritu Santo. 

Conclusión

Es posible para la predicadora y el predicador seguir una línea clara que va de la tentación a la transformación y que termina con la proclamación en comunidad. Aunque sean muchas las tentaciones que se presenten para dejar a un lado la proclamación de las buenas nuevas, Jesús nos empodera para echar a un lado tales tentaciones y experimentar una transformación holística. Es como parte de esta transformación que podemos entonces unirnos a Jesús para proclamar con él y con otras personas las buenas nuevas de renovación y transformación.


 1. La teóloga Ada María Isasi-Díaz menciona al "Jesús mío" en casi todos sus escritos, pero si tuviera que recomendar un libro en particular en el que se expande sobre este concepto de Jesús de la mujer hispana, elegiría La Lucha Continues: Mujerista Theology  (Maryknoll, NY: Orbis Books, 2004).