Vigésimo segundo domingo después de Pentecostés

En Puerto Rico se le llama vela-güira a una persona que saca provecho de una oportunidad para beneficiarse a sí misma.

Mark 10:39

Comentario del San Marcos 10:35-45

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En Puerto Rico se le llama vela-güira a una persona que saca provecho de una oportunidad para beneficiarse a sí misma.

La palabra, tomada del baloncesto, se refiere a quienes están pendientes de que el balón lanzado por otro/a jugador/a no entre en el canasto para entonces ellos/as encestarlo de cerca. ¿Cómo se le conoce a esta estrategia en tu contexto? Sea como sea, el evangelio para este domingo ilustra este concepto por medio de la figura de Jacobo y Juan.

Las dinámicas de poder que existen detrás del concepto de liderazgo desenfocan a quienes se dejan cegar por el deseo de éxito y fama. Jacobo y Juan piden un lugar preferencial—sentarse a ambos lados del trono, los dos lugares de más rango después del rey— en el reino de Jesús que ellos pensaban estaba por llegar. Jesús corrige su miopía y les ayuda a reenfocarse haciéndoles una pregunta que les obliga a examinar sus motivaciones y les recuerda lo que conlleva el discipulado: “¿Qué es lo que ustedes buscan? Lo que yo estoy ofreciendo no es poder ni beneficios, sino todo lo contrario.”

Sin embargo, no solamente Juan y Jacobo están desenfocados, sino que los demás discípulos también padecen del mismo mal: el enojo al saber que “los hijos del trueno” (Mc 3:17) se les habían adelantado en la carrera por obtener el lugar de privilegio es la mejor prueba. Anteriormente habían demostrado que, en contraste con el joven rico (Mc 10:17–22), ellos no solo estaban dispuestos a dejarlo todo por seguir a Jesús, sino que habían pasado de la disposición a la acción (Mc 10:28). Posiblemente pensaban que recibir un lugar privilegiado en el reino de Jesús era lo justo luego de haber dejado todo por seguirle a él.

Tres Discursos y Tres Enseñanzas

Es por demás interesante que, luego de tres discursos de Jesús anunciando su inminente sufrimiento y muerte (8:31; 9:31; 10:32–34), los discípulos siguieran sin entender. Cada uno de estos malentendidos se convierte en un momento pedagógico en el que Jesús les enseña lo que conlleva el discipulado. En la primera ocasión, Jesús enfatiza que el discipulado trae sufrimiento (llevar cada uno/a su cruz; 8:34–37). La segunda enseñanza responde a una discusión que parece la antesala de la petición de lugares de privilegio. Los discípulos tratan de determinar quién era el más importante entre ellos, y Jesús les intenta hacer ver que, en lugar de preocuparse por eso, debían concentrarse en servir y recibir a la niñez. Recibir a un/a niño/a es lo mismo que recibir a Jesús y a Dios (Mc 9:33–37).

La tercera enseñanza, que es la que consideramos hoy (10:35–40), plantea que el discipulado no garantiza privilegios ni glamour, sino que invita a compartir el sufrimiento y la entrega de Jesús, simbolizados en la copa y el bautismo (vv. 38–39). La respuesta de Jesús a la petición de los hermanos pone en evidencia el contraste entre el pensamiento de los discípulos y el de Jesús. El verdadero discipulado no es buscar engrandecerse a sí mismo/a ni ser servido/a. Jesús es el modelo del líder que sabe servir y no está pendiente de lugares privilegiados en donde será servido. Tener un lugar de privilegio en el reino venidero no es el propósito de seguir a Jesús.

¿Qué Quieres que Haga?

Resulta revelador que la misma pregunta que Jesús les hace a Jacobo y a Juan (v. 36) aparezca nuevamente como parte de la siguiente narrativa, la historia de sanidad de la ceguera de Bartimeo (10:46–52, específicamente v. 51). Jacobo, Juan, y los demás discípulos quieren privilegios en un reino que imaginan terrenal, mientras Bartimeo pide poder ver. Los discípulos todavía tienen el entendimiento nublado y son incapaces aún de ver a través de las obras de Jesús la naturaleza de su misión. En cambio, Bartimeo, que no tiene la capacidad de ver con sus ojos, puede entender la misión de Jesús.

Desafortunadamente, esta incapacidad de ver más allá de la fama y los beneficios, que se buscan de manera oportunista, y de entender lo que es seguir a Jesús caracteriza a muchas de las figuras públicas del mundo protestante en los Estados Unidos y Latinoamérica. La imagen que muchas personas tienen de la iglesia cristiana y de los/as seguidores/as de Jesús se forma de acuerdo con estas personalidades de la “farándula cristiana.” Nuestras congregaciones no están exentas de este mal, por lo que necesitamos recordar lo que implica ser un verdadero líder, al estilo de Jesús. Toda persona que le sigue necesita estar consciente de que el llamado es a servir, y que el servicio trae consigo sufrimiento. La eucaristía o Santa Cena, momento cuando participamos de la copa en la mesa que el Señor Jesucristo nos sirve, y el bautismo, son ocasiones que nos ayudan a recordar constantemente el llamado de Jesús al servicio y la entrega.