Comentario del San Mateo 16:21-28
La transición mediada por la expresión “desde entonces” (v. 21) introduce la primera de tres predicciones de la muerte de Jesús (las otras son Mt 17:22–23 y 20:17–19). Esto manifiesta con claridad la razón por la que Jesús no quiere que sus discípulos revelen la identidad que han reconocido en él (Mt 16:20). Él confronta a sus discípulos con la pedagogía de la cruz y del cambio radical de paradigma. Fijarse en las señales milagrosas de su identidad sin pasar por Jerusalén y por el Jesús que da su vida y se sacrifica es quedarse solo con el Cristo victorioso y famoso. Eso conduce a un triunfalismo y exclusivismo que cede a los atajos que Satanás proponía en las tentaciones del desierto.
No encaja con la imagen de Cristo que han tenido hasta ese momento el hecho de que los mismos religiosos y su institucionalidad lo crucificarán y lo someterán al escarnio más vergonzoso. Un rey sufriente no entraba en la lógica de la escala social de la época; era absurdo y fuente de escándalo—tanto así que la historia del cristianismo también puede ser leída como un relato para negar esta dimensión de la fe en Jesucristo. Es un intento sistemático de desconocer el seguimiento que conlleva cargar la cruz de la humillación más degradante que un ser humano podría recibir por castigo. Jesús anuncia esta dimensión impactante y difícil de aceptar… ¿Cómo es que el Mesías debe pasar por los sufrimientos y la muerte ignominiosa? ¿Cómo pasamos del Dios que castiga al Dios castigado?
Comúnmente, partiendo del contexto de la narración, nos contamos la historia desde la resurrección, pero esta no estaba en la mente de los receptores en el relato y nos hace perder el impacto que nosotros debemos asumir, sobre todo en tiempos en que hemos acomodado la fe en Cristo a nuestros lugares seguros.
El evangelista no nos oculta los momentos de vulnerabilidad y fragilidad de la historia de la vida de Jesús y sus señales, en un intento de poner de relieve solamente la resurrección. Al contrario, el evangelio nos invita a leer conjuntamente la vida y la pasión, sin saltarnos el camino al calvario. Más aún, nos invita a seguir los pasos de Jesús sin saltarnos Jerusalén. Desde esta entrega sacrificial se llega a la resurrección, no al revés. Incluso, sólo así se entiende el desenlace que señala el triunfo definitivo sobre el mal y sus modos erróneos de concebir la vida en relación con Dios.
A la vez, Mateo pone un énfasis que no podemos dejar de valorar. Relativiza las disputas entre la religión nacionalista elegida por algunos de sus compatriotas y la ética liviana y sin disciplina de ciertos gentiles. En su lugar pone el auténtico camino de quienes siguen a Jesús, que no se desgasta en el debate de ideas o en acomodos ideológicos, sino que se orienta entregando la vida y cargando la cruz. A las disputas y recriminaciones entre cristianos judaizantes y gentiles liberales respecto de las leyes judías de la iglesia de Antioquia de los años 70, opone el verdadero sentido de ser discípulos. Jesús no está en el campo de las disputas por intereses propios, sino en la negación de sí mismo. Las palabras “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (v. 23) resuenan en quienes reciben el evangelio como una corrección vergonzosa a las comunidades que venían negando este contrasentido y habían perdido el verdadero norte de la fe en Jesús.
Ante las controversiales palabras de Jesús, es comprensible la reacción de Pedro. Quizás nosotros/as habríamos dicho lo mismo: ¿¡Cómo permitir que nuestro redentor padezca tal deshonra!? Los discípulos imaginaban un Mesías tan distinto que ni siquiera pudieron escuchar que las palabras de Jesús también incluían una referencia a la resurrección y al triunfo final.
Esto tiene muchas implicancias para nosotros/as hoy. Llevar la cruz es mucho más que cargarla en el cuello como un amuleto o cartel triunfalista y soberbio de nuestra fe. Es un signo de profunda comprensión de que los caminos de Dios son contraculturales al individualismo, al interés personal y al interés de pisar los espacios del poder imperante. Es un contrasentido llevar una cruz al cuello si privilegiamos una vida desconectada de la entrega por los demás.
Reconocer al Mesías desde la vulnerabilidad de Jesús inaugura un paradigma espiritual al que podemos introducirnos cuando seguimos sus pasos y pisamos las huellas de su vía dolorosa con compasión y amor a todos/as, es decir, cuando tomamos la cruz.
No podemos ser cristianos/as sin seguir a Jesús, esto es, sin seguir un camino que nos libra de la arrogancia, del fundamentalismo ideológico, de las ideas centradas en nuestro propio interés y beneficio, y de la intolerancia y las polarizaciones. Un camino que nos ayuda a dejar atrás al dios servil a nuestra medida y castigador y que nos compromete en cambio con la compasión, misericordia y justicia del reino de Dios. Una forma de entender que sólo salvamos nuestra vida cuando la entregamos.
El llamado al seguimiento es una invitación no solo a comprometernos sino también a participar con Jesús en su camino y su reino.




August 30, 2026