Comentario del San Lucas 24:44-53
Los últimos versículos del Evangelio de Lucas hacen un excelente resumen del ministerio de Jesús y crean un eslabón significativo con su segundo tratado: el Libro de Hechos. Es como si Lucas estuviera conectando las dos obras para entrelazar la misión de Jesús (el Evangelio de Lucas) con la misión de la iglesia (el Libro de Hechos). Así como la misión de Jesús comenzó “en el poder del Espíritu” (Lucas 4:14), la iglesia inicia su misión al mundo después de que “todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4).
Por eso el relato narrativo entre Lucas y Hechos es importante, ya que el evangelista está entretejiendo la culminación del ministerio terrenal de Jesús con el comienzo de la predicación del evangelio por la iglesia. Esta realización convierte a la ascensión de Jesús en el evento pivote que establece el Señorío de Cristo sobre la iglesia.
El final de la plática que Jesús tiene con los dos discípulos que iban rumbo a Emaús sirve como un resumen del evangelio al establecer cómo las Escrituras del Antiguo Testamento apuntan a él y anuncian con claridad el evangelio que fue su vida. Siendo el personaje central del texto bíblico, todo antes de la vida terrenal de Jesús era en preparación de su venida, pues “era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos” (v. 44).
Qué hermoso habría sido escuchar a Jesús mismo dar un estudio exegético de las Escrituras Hebreas para explicar a sus discípulos/as paso a paso lo que ellas hablaban de su vida y ministerio. Lo que otros no pudieron deducir acerca de las profecías bíblicas ahora Jesús lo esclarece abriéndoles “el entendimiento para que comprendieran las Escrituras” (v. 45). Este debería ser el propósito de todo estudio de la Palabra: establecer el texto bíblico para hacer brillar el testimonio que da acerca de Jesucristo, el Señor.
Para aceptar el Señorío de Jesucristo no era suficiente que Jesús cumpliera las profecías bíblicas acerca de su identidad mesiánica. Sus discípulos/as tendrían que creer el mensaje redentor del evangelio que se resume en estas palabras: “fue necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día” (v. 46). Esta sinopsis hecha por Jesús mismo declara concisamente lo que es necesario afirmar en cuanto al mensaje del evangelio de salvación. Además, se anticipa la gran comisión al mandar “que se predicara en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (v. 47), pues para esto fueron hechos testigos y serían “investidos de poder desde lo alto” (vv. 48–49). Hasta aquí todo es antesala para la culminación del ministerio terrenal de Jesús: la ascensión.
El acto final que los/as discípulos/as tendrían que presenciar para cementar su estatus de testigos de Jesucristo comienza con un último viaje de unos tres kilómetros de distancia a Betania (v. 50). Se puede imaginar un viaje íntimo como los muchos que hizo con ellos/as durante su ministerio, pero este sería muy diferente con un final que quedaría plasmado en sus mentes. Fue un tiempo de últimas instrucciones e incluso, según el relato de Hechos, Jesús tuvo que aclararles bien a sus discípulos/as sobre la cuestión de la restauración del reino a Israel (Hechos 1:6–7). Era como si sus mentes todavía no pudieran comprender completamente el propósito de la vida, muerte y resurrección de Jesús y necesitaran captar de manera convincente que su identidad y ministerio eran confirmados sin lugar a duda.
En medio de un momento íntimo en el que Jesús les bendecía, “se separó de ellos y fue llevado arriba al cielo” (v. 51). Este evento milagroso tendría un gran impacto en sus vidas, pues en frente de ellos/as y delante de sus ojos fue levantado a las nubes. Juntos/as fueron testigos del retorno de Jesús al trono con su Padre celestial. Juntos/as experimentaron el milagro de la ascensión de Jesús que les dejaría una última y categórica prueba de su divinidad y poderío. En sus ojos quedaría atrás todo vestigio del amigo y ser querido a quien llegaron a amar y seguir como su Maestro.
La ascensión de Jesús tendría el efecto de inaugurar la devoción de Jesús en el grupo de seguidores/as y convertirlos/as en una comunidad de adoradores/as. El relato cuenta que “después de haberlo adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo” (v. 52). La banda de discípulos/as reunidos/as para un aprendizaje ético y teológico y capacitados/as para continuar la misión integral de Jesús ahora formaba una congregación reunida para adorar al Cristo crucificado y resucitado sentado en gloria a la diestra del Padre.
El final del evangelio de Lucas establece el nuevo paradigma congregacional que los discípulos/as adoptarían como la iglesia de Jesucristo al declarar que “estaban siempre en el Templo, alabando y bendiciendo a Dios” (v. 53). Mientras que durante el ministerio de Jesús los/as discípulos/as se agrupaban alrededor de Jesús para aprender sus enseñanzas como de un rabino, después de su resurrección y ascensión el propósito primordial de la iglesia sería la adoración de su Señor Jesucristo. Empoderados/as por el Espíritu, su misión sería predicar las buenas nuevas del reino establecido por Jesucristo por su muerte y resurrección y confirmado por el Padre al recibirlo de nuevo a su derecha en el trono celestial.
Con esto se establece que la fe cristiana no es una mera religión más, como si reunirse para aprender la Biblia y practicar la ética de Jesús fuera lo más importante que la iglesia hace cada semana. La ascensión de Jesús afirma la razón de existir de la iglesia: la adoración de Cristo debido a su Señorío y Poder. El Día de la Ascensión nos debe traer a una nueva realización de la divinidad de Jesús y su exaltación como Señor de nuestras vidas.



May 14, 2026