< April 17, 2011 >

Comentario del San Mateo 27:11-54

 

¿Cómo relatamos una historia que la mayoría de nuestro público ya se sabe de memoria?

¿Cómo proclamamos las buenas noticias cuando, para muchos de nuestros oyentes, son simplemente las noticias de ayer? Este es el desafío homilético y exegético que nos plantea cada Domingo de Ramos, cuando año tras año la cruz está delante nuestro, los bancos están llenos, y nuestros oyentes están ansiosos de oír el evangelio de nuevo.

Predicar estas historias antiguas es un desafío, pero también una gran oportunidad. Estas historias se han contado innumerables veces, pero su poder para condenarnos e inspirarnos no se ha desvanecido.
Quiero proponer una idea que parece ir en contra de la intuición. ¿Qué pasaría si predicáramos este texto, este momento decisivo en el evangelio de Mateo, con nuestros ojos puestos en los márgenes de la historia? Es decir, ¿qué pasaría si dirigiéramos nuestra atención a los personajes curiosos que están en los márgenes? ¿Será posible que estos personajes menores nos permitan ver a Jesús de una manera nueva?

Para Mateo, estos personajes no son simplemente adornos literarios o narrativos. No son actores extras en el escenario de una película para decorar el fondo. Estas personas están puestas en la historia a propósito para dirigir nuestra mirada al Cristo crucificado. Abandonados con demasiada frecuencia, estos personajes secundarios nos ayudarán a ver la pasión con ojos nuevos.

Los traidores: Judas y Pedro
Primero destaquemos una pareja aparentemente extraña en esta larga narración. Pedro, sabemos, será un líder influyente en la iglesia primitiva. En contraste, según el Infierno de Dante, Judas enfrenta la condenación eterna en las fauces de Satanás. Pero el evangelio de Mateo indica que sus traiciones son paralelas. Ambos son miembros del grupo de los doce discípulos. Ambos están en la última cena. Ambos traicionan a Jesús. Ahora bien, mientras Judas decide acabar prematuramente con su propia vida, los capítulos concluyentes de Mateo y la gran tradición cristiana insinúan que la caída de Pedro no es irreversible. La verdad es que en el momento en que su fe es probada con la mayor severidad y el costo del discipulado es más alto que nunca, ambos, tanto Judas como Pedro, fracasan. Nos recuerdan que a a los pies de la cruz hay una línea muy sutil que separa la fidelidad de la traición. Permanentemente somos tentados a cruzar esa línea. Tenemos confianza, claro, en que el arrepentimiento siempre es posible, incluso para Judas. Y tanto Judas como Pedro se arrepienten de sus traiciones a Jesús, pero sus vidas toman direcciones completamente distintas. ¿Qué pensamos de estos caminos tan divergentes?

Poder y corrupción: Caifás y Pilato
La ejecución de Jesús es una conspiración en la que se juntan la cobardía del poderoso con el deber abandonado. Caifás y sus co-conspiradores  habían predeterminado los resultados del proceso con fines propagandísticos y solo necesitaban fingir que también tenían "pruebas." Trataron de lograr que algunos prestaran testimonios falsos. Sin embargo, no eran suficientes para condenar al Jesús inocente. Al final fue necesario que el propio Caifás participara de manera directa para inflar los cargos de blasfemia ya fabricados, pero el cargo de sumo sacerdote no le daba autoridad para dictar una sentencia de muerte. Para lograr el fin deseado, Caifás acude a Pilato, cuya principal responsabilidad era la de mantener la paz. Pilato intenta calmar al público cada vez más rabioso, y al final sucumbe a sus pasiones en vez de hacer justicia. Aunque Pilato se lava las manos, esto no minimiza su complicidad. Quizás las maquinaciones de la política son la causa más directa de la muerte de Jesús, pero los lectores y las lectoras de Mateo somos bien conscientes de que Dios continúa trabajando en el fondo. No obstante, la conspiración que llevó a Jesús a la muerte es un recordatorio poderoso de las implicaciones políticas que tiene seguir a Jesús hasta la cruz.

Actores accidentales: Barrabás y Simón de Cirene
Imagino que ni Barrabás ni Simón podrían haber anticipado el papel que tendrían en esta historia. Un insurrecto como Barrabás no podría haber anticipado un perdón después de cometer crímenes contra el orden político. Un inmigrante o viajero del norte de África como Simón no podría haber anticipado que le encargarían la tarea de ayudar en la crucifixión de un presunto criminal. Sabemos poco sobre estos dos personajes. Sabemos menos aún sobre el efecto que tuvo la pasión en sus vidas. Pero el camino del Hijo del Dios puede cruzarse con el nuestro en el momento menos esperado. ¿Qué habría pasado si uno de nosotros o de nosotras era el testigo inocente o el criminal encarcelado? ¿Cómo habríamos reaccionado en el momento de ser liberados de la cárcel? ¿Cómo habríamos reaccionado si éramos reclutados para cargar con semejante símbolo de vergüenza y de muerte?

Los condenados: dos bandidos
Jesús muere entre dos bandidos. Estos criminales condenados seguramente eran culpables de un crimen más grave que un simple robo. Quizás habían tratado de desbaratar el frágil orden social impuesto por Roma causando que las calles fueran inseguras para el comercio o quizás habían participado en una insurrección. Mateo 27:44 nota que estos dos bandidos ridiculizaron a Jesús junto con la multitud que se reunió para ver el trío de ejecuciones. A diferencia de Lucas, Mateo no narra la confesión de culpa y la esperanza de redención de uno de los dos compañeros de Jesús en esas cruces tan crueles. 

En Mateo, el retrato es crudo. Al fin de su vida, Jesús muere al lado de dos bandidos que se burlaron de él con sus últimos alientos. Al fin de su vida, Jesús se enfrenta con una difamación y una humillación pública casi unánime, un verdadero consenso sobre su culpabilidad. Sin embargo, sabemos cómo termina la historia. Sabemos que el Viernes Santo se convertirá el Domingo de Resurrección y que la muerte no tendrá la última palabra, sino que la vida reinará a través de la resurrección. El Domingo de Ramos todo indica que la culpabilidad de Jesús es evidente y que Jesús merece la vergüenza de la cruz. La Pascua es la redención suprema de la inocencia de Jesús y la misión de Dios.

Testigos: Mujeres y un centurión
Una de las cosas en las que están de acuerdo los cuatro evangelios es que hubo un grupo de mujeres que permanecieron con Jesús hasta el final. Aunque había sido abandonado por los discípulos, Jesús no estaba completamente desprovisto de amigos en ese momento de oscuridad. La luz de reconocimiento también aparece de una fuente insólita. Un centurión -- quien representaba el hecho de que Roma estaba dispuesta a utilizar la violencia para mantener y restablecer su hegemonía -- es un testigo de la muerte de Jesús y su verdadera identidad. Al ver que el cuerpo de Jesús se extingue después de una ejecución tortuosa y vergonzosa, el centurión reconoce que Jesús verdaderamente era el hijo de Dios. El centurión no fue un testigo de los milagros curativos de Jesús, ni de su sermón apasionado en la cima de la montaña, ni de la transfiguración deslumbrante. El centurión había sido testigo seguramente de una larga letanía de crucifixiones. Pero al ser testigo de la crucifixión y muerte de Jesús, ve y declara que Jesús no era un simple criminal. 

Heraldos de la Resurrección: José de Arimatea y la guardia romana
Dos personajes finales crean el marco para el triunfo de Jesús sobre la muerte. José ayuda a encontrar un hogar temporal para el cuerpo de Jesús en un momento importante. Cuando llegara el sábado, tendría que evitar el trabajo y la contaminación espiritual proveniente del contacto con un cadáver. De modo que es con prisa que Jesús encuentra un lugar de descanso no tan final. Junto a esta tumba, la guardia romana protege el cuerpo de Jesús para asegurar que no sea robado con el pretexto de poder decir que había resucitado. Las negaciones preventivas de la resurrección de Jesús ya están circulando. Unos creerán, pero muchos no.

Predicar el Domingo de Ramos
Podemos suponer que muchos/as de quienes vengan a la iglesia el Domingo de Ramos conocen esta historia en sus trazos más gruesos. Sin embargo, tal vez no hayan tenido la oportunidad de enfocarse en estos personajes que están en los márgenes de la acción. Con seguridad, Jesús es la figura central en esta historia, pero el reparto secundario que Mateo reúne alrededor de Jesús en estos días difíciles está compuesto por personajes que constituyen señales indispensables en esta la más importante de todas las historias. Mi sugerencia es que al enfocarnos en estos personajes oscuros, nuestra atención será dirigida con más fuerza aún al Cristo crucificado. ¿Cómo relatamos una historia que la mayoría de nuestro público ya se sabe de memoria? Una manera es centrando la atención en las partes de la historia que todavía no se han terminado de contar.